JUEGO LIMPIO

ISABEL FERRANDO

La limpieza urbana, como servicio público municipal, es posiblemente lo que mayores duelos y quebrantos causa a los responsables de cualquier ayuntamiento. Entre que parece que los ciudadanos estemos por civilizar y que sobre las empresas de limpieza recaen sospechas varias de presuntos incumplimientos de contrato, poca gracia debe hacer estar al frente -y dando la cara- de este departamento.

Nos viene esta semana la noticia de que el Equipo de Gobierno de Dénia va a encargar una auditoría para saber si el contrato actual se cumple o no. Me imagino yo que esto viene porque el próximo año, si todo va según lo previsto, saldrá a licitación el nuevo contrato del servicio, un contrato jugoso donde los haya y con el que hay que llevar un cuidado absoluto.

¿El resultado de la auditoría le puede suponer más o menos puntos a la empresa que ahora mismo ejerce estos trabajos? Lo desconozco, pero no me parece mal que el Ayuntamiento de Dénia, visto lo visto, indague sobre si se cumplen o no los términos de la actual relación con la mercantil. ¿Qué lo haga una consultora externa en vez de encargar la labor a los técnicos municipales? Eso ya supongo que tendrán sus motivos. En la parte que toca a la ciudadanía, pues quizá deberíamos ser todos un poco más conscientes de que estos servicios los pagamos de nuestros propios bolsillos, y cuanto más hagamos el bruto, pues peor.

¿A qué viene tirar botes de pintura a un coche municipal que se había aparcado como disuasorio para que la gente no tirara basura de forma incontrolada en Dénia? Podemos poner en duda que fuera aquello a disuadir a nadie, pero la burrera no tiene excusa. Otros pueblos, como Calpe, ya están poniendo medidas porque también allí hay quien echa restos donde no toca, y en muchos municipios hay vertederos ilegales que llevan a sus respectivos servicios de limpieza al borde de la locura.

Con independencia de quién tiene la responsabilidad municipal, nuestros pueblos y ciudadanos son nuestra casa. Aunque haga falta limpiar todos los días, si conseguimos ensuciar un poco menos, a la larga nos ahorraremos tiempo y esfuerzo, y si hablamos de servicios públicos, también dinero. Aunque sea por puro egoísmo, juguemos a ser más limpios.