LA GRANDEZA DE LA DUDA

ISABEL FERRANDO

Hay personas que a cuantas más opciones le pongas delante, más les cuesta decidirse. De hecho, existen varias patologías clínicas relacionadas con el bloqueo psicológico en la toma de decisiones. Sin llegar a ello, el común de los mortales casi prefiere dejar en manos de otros la elección de cosas a menudo triviales, a saber: ¿qué película vamos a ver?; ¿qué ropa le pongo al niño?; elige tú los azulejos, etc.

No todo es malo. Las personas indecisas -sí, me incluyo- tenemos algo que es molesto y al tiempo imprescindible: tenemos dudas. Bien encauzada, la duda es tan absolutamente importante para el pensamiento que hasta Descartes la convirtió en un método y un inicio para llegar al conocimiento.

Así que cuando en las encuestas políticas aparece un 41% de indecisos para las próximas elecciones, pese a la desesperación de los partidos, esta cifra me da muchísima esperanza.

A nivel local, en la Marina Alta, hemos tenido siempre un buen número de partidos entre los que escoger. No es que no los tengamos en la generales, de hecho me encanta ver las papeletas y los espacios publicitarios de partidos de los que jamás había oído hablar (sé que Vd. también le gusta), pero es que en nuestros pueblos solemos conocer a la gente que integra dichas listas extraordinarias: son vecinos, amigos de amigos, conocidos, el cuñado del primo de la tía Mari que tenía una taller de motos y ahora está jubilado, etc.

A lo que vamos: si ese 41% de indecisos son indecisos de verdad y no el voto oculto de toda la vida, esto significa que hay un porcentaje alto de personas que van a leer, escuchar y posiblemente votar según les dicte su conciencia y/o raciocinio. Llámenlo ingenuidad, para mí, insisto, es esperanza.

¿Los resultados que se obtengan en las elecciones generales influirán en las locales? Ni lo dude. Al menos servirán para que nuestros candidatos y candidatas nos adviertan del peligro de que salga tal o cual formación si no vamos a votar, en vez de explicarnos por qué deberíamos votar a sus respectivos partidos (algunos sí).

Duden, pero voten. Porque si no somos capaces de decidir, corremos el riesgo de que alguien decida por nosotros y es posible que la decisión final no nos guste.