Dénia y Els Poblets construirán la barrera de la desembocadura del Girona en septiembre

Imagen de una de las últimas ocasiones en las que centenares de algas dejaron colapsada la desembocadura del Girona. / T. Calvo
Imagen de una de las últimas ocasiones en las que centenares de algas dejaron colapsada la desembocadura del Girona. / T. Calvo

Las obras consistirán en extraer la grava del interior del río y formar un muro natural que impida el colapso causado por las algas

K. CARRIÓDÉNIA.

El proyecto para acabar con el problema de estancamiento de agua y algas putrefactas en la desembocadura del río Girona ya tiene fecha para ejecutarse. El consistorio de Dénia confirmó ayer que la construcción de la barrera para solucionar la problemática se iniciará el próximo 2 de septiembre.

El concejal de Playas del municipio dianense, Pepe Doménech explicó que el proyecto, que sufragarán los consistorios dianense y el de Els Poblets, consistirá en la extracción de la grava del interior del río, y con esta «se formará un muro natural que impida el colapso formado por las algas que tantas molestias han provocado a los vecinos de la zona durante años. La mejora también comprende el «desbroce de las cañas que inundan el cauce del río en este tramo final», comentó el edil.

Domenech reconoció que el problema de acumulación de algas que quedan estancadas y se pudren al final del Girona se debe al espigón que hay justo en la desembocadura, «las algas se adentran río adentro pero esta infraestructura impide que puedan volver al mar y terminan obstruyendo la salida del agua».

El proyecto costará unos 26.000 euros que cubrirán a medias ambos ayuntamientos

El coste de la iniciativa financiada íntegramente por ambos consistorios será, finalmente, de 26.000 euros aproximadamente, «a pagar al 50%», cifras algo más elevadas de lo que se había calculado en cuando ambos ayuntamientos decidieron emprender la actuación el pasado mes de mayo.

De hecho, la obra, matizó el concejal de Playas de Dénia, lleva desde el 24 de mayo aprobado por ambos ayuntamientos, ante la negativa de Costas y la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) de hacerse cargo del problema. Este último estamento fue quién propuso la medida en junio de 2018, aunque «ni la CHJ ni Costas han dado muestras de querer financiar el proyecto», indicaron tanto desde Dénia como de Els Poblets.

Desde el ejecutivo dianense recordaron que se trata de una solución «de prueba». Si finalmente resultase fallida, «se buscarán alternativas. Estas pasarían por alterar el espigón, la estructura que ha causado todos los problemas desde que se construyó», señalaron.

Los vecinos de la zona esperan que la barrera sea la solución definitiva a una situación «crítica». Denuncian que durante semanas la algas podridas quedan esparcidas sobre las piedras de las orillas, «se acumulan formando montañas blancas y el olor se hace insoportable».

Pese a estar fijada la fecha para el inicio del proyecto, algunos residentes de la zona se mostraron escépticos. Lamentaron la «pasividad con la que han actuado todos los estamentos implicados, especialmente los dos ayuntamientos».

Una situación, indicó ayer la presidenta de la comunidad de vecinos de Torre Almadrava, Mari Carmen Fernández, que les a llevado a plantearse convocar una manifestación, «no puede ser que llevemos tanto tiempo quejándonos de los graves problemas que tenemos y nadie ponga remedio, da la sensación de que no les importamos, cuando estamos pagando nuestros impuestos religiosamente».

A su parecer, tanto los dos consistorios, como Costas y la CHJ «se han estado pasando la pelota de uno a otro sin achacar responsabilidades». De hecho la presidenta de esta comunidad vecinal recordó las «promesas no cumplidas como la malla que Costas iba a colocar en mayo «y que nunca llegó a aparecer».

Según Fernández, «hemos llegado al límite, muchos vecinos ya se han planteado marcharse de aquí si no se pone solución pronto».

Temporal

Los vecinos realizan sus reivindicaciones con un ojo puesto en el cielo. Y es que están temerosos que una tormenta de verano vuelva a arrojar sobre el cauce centenares de kilos de algas y otros restos vegetales, «a saber cuanto tardaría en enviar la maquinaria para que lo limpiase».