PAN, CIRCO Y REUNIONES

ISABEL FERRANDO

Vaya por delante que siento un gran aprecio personal por la concejal de mi barrio, a la que conozco desde la más tierna infancia y de quien nadie me habrá oído hablar mal nunca. (Quizá te esté haciendo flaco favor con esta declaración, si es así, perdóname).

Pone un enorme interés en los problemas del barrio y me consta que muchos los ha llegado a vivir en carne propia, pero me temo que es lo único que puede hacer y, conociéndola como la conozco, no creo que sea culpa suya.

Me explico. En mi barrio, port-centro, están pasando muchas cosas de forma vertiginosa, y lo que sucede en una calle afecta directamente a las demás. Pero parece ser que estos cambios no se tratan en conjunto, sino casi acera por acera.

Les pongo un ejemplo. Esta semana, en la reunión mensual, vinieron unos vecinos de la calle Colón a protestar por la zona azul que les van a poner y que según la prensa «se ha consensuado con los vecinos». Más bien vinieron a decir que de eso nada, que no habían hablado con nadie que conocieran y que por eso venían a la reunión de barrio.

Muy solícita, nuestra concejal nos propuso concertar una reunión con el edil pertinente, lo que a todos nos pareció muy bien. Que el barrio trate lo que es del barrio. Pero es que quienes vamos con frecuencia a estas reuniones, yo creo que ya casi vamos por vernos y hablar. Y aunque algunas cosas sí que hemos podido hacer, vemos que lo «gordo» es imposible.

Por otro lado, cada vez más en las redes sociales, a cualquier crítica a las cosas de la ciudad o al equipo de gobierno, muchos lo primero que dicen es «pues ve a las reuniones de barrio».

Visto lo visto, comienzo a sospechar que quien realmente tiene la sartén por el mango nos está dando reuniones como antes se daba pan y circo, para ver si así nos quedamos quietos y tranquilos en otros ámbitos. Personalmente seguiré yendo, porque no pierdo la esperanza, y porque, ¡qué narices!, que se lo «curra» mucho la concejal.

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