CARNAVAL, CARNAVAL

ISABEL FERRANDO

El mundo se divide entre quienes le encontramos gusto a celebrar hasta Santa Gana, y los que despotrican contra cualquier fiesta por ser cristiana, o pagana, o nacional, o lo que sea. El caso es quejarse. Y a mí, que me encanta quejarme, las fiestas me gustan tanto que no me quejo jamás de que se repartan por otros barrios distintos del mío. «Hay que ser generosos, hay que repartir», me digo.

Así que llega este fin de semana el carnaval y son muchas las poblaciones de la Marina Alta que están preparándose para pasar un buen rato de risas y jolgorios, y yo me alegro y hasta es posible que mire a ver si reciclo algún disfraz de la caja de los disfraces (sí, tengo una) o me preparo otro nuevo para este año. Que será lo primero.

Al final, la vida, como decía Celia Cruz, es un carnaval, y las penas se van cantando. Lo que pasa es que este año vamos a tener carnaval para rato, y esta misma semana he sido testigo de ello. Aunque nombro el pecado, ya les avanzo que no voy a nombrar al pecador, si bien espero que algún alma caritativa de su partido le haya dicho algo al respecto.

Ándense con ojo. Cuando menos se lo esperen, les van a encasquetar un mitin político. Y créanme, no les va a parecer bien ni aunque las loas sean para el partido de sus amores.

Porque una cosa es que vayan a un acto político, que ahí normal, ¿de qué van a hablar? Pues de lo altos y guapos que son no. De lo bien que lo han hecho, o de lo bien que podrían hacerlo, o de lo mal que lo hacen todos. Cosas así.

Lo que no es de recibo, por mucha tentación que haya de ello, es que en la carrera organizada por (un decir) la Asociación de Amantes de los Paparajotes de la Marina Alta venga un candidato o candidata a hablarles de su libro, como el Umbral.

En fin, si son de los míos -en lo de las fiestas, digo- espero que disfruten del Carnaval el fin de semana. Si no lo son, como estoy de buenas hoy, les deseo que vivan muy lejos de las zonas en donde se haya programado.