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El pueblo granota tomará la decisión

El consejo gana tiempo y somete la destitución del entrenador al veredicto del Ciutat de València

HÉCTOR ESTEBAN VALENCIA.

El remedio fue peor que la enfermedad. Las palabras de Quico Catalán tras más de cinco horas de reunión no resultaron creíbles. Los consejos se reúnen para tomar decisiones. Firmes. No para posponer lo que se puede ejecutar en una o dos semanas. El lunes Muñiz se someterá a un juicio sumarísimo en plaza pública. Que la grada decida, como hizo Poncio Pilato.

Muñiz es culpable de la situación del Levante UD. Un partido ganado de 19 no deja lugar a las excusas. Sólo Tito ha alargado la agonía. El director deportivo ha ganado una vida más. No para el técnico, que está sentenciado por grada y consejo por mucho que Catalán diga lo contrario, sino para él mismo como máximo responsable de la elección del entrenador y arquitecto del proyecto.

Da la sensación de que Muñiz lleva semanas mordiéndose una lengua que ya empieza a sangrar. Las perlas empiezan a brotar. Los fichajes de invierno, la llegada de Fahad... Con la reunión de ayer el club lo único que ha conseguido es aparcar por unos días el debate deportivo para centrar el foco en el gaznate del entrenador. Una semana con tres partidos es un paseo por el corredor de la muerte. Y más contra dos rivales directos como Alavés y Espanyol.

La lealtad en Muñiz pesa más que su disgusto por los fichajes realizados

El proyecto del Levante cojea desde el primer paso. Tito, que es quien decide a quién se ficha (Catalán dixit), ha sido incapaz de armar un equipo solvente para garantizar la permanencia. Erró en la oportunidad veraniega. Delantera sin gol, defensa vulnerable y centro del campo sin experiencia. Ni uno sólo de los jugadores que llegaron en verano aterrizaron con el empaque necesario para liderar un proyecto. Ni Luna ni Samu valían para ese intento. Tito hizo en Segunda un equipo para subir a Primera. Ahora ha confeccionado una plantilla en Primera que flirtea con el descenso a Segunda.

La lealtad de Muñiz ha evitado el incendio. Porteros para completar el álbum de cromos. Defensas inexpertos. Centrocampistas desconocidos. Atacantes sin gol. Este es el dibujo con el que el Levante de Tito se presentó en la parrilla de Primera División. Y llegó al mercado de invierno sin hacer los deberes cuando desde el inicio del otoño se sabía que faltaba un delantero.

El tiempo se perdió en Arabia Saudí para hacer caja. Y mientras se adoraba a Tebas en Buñol el técnico componía como podía entre empates y derrotas. El único acierto fue Coke y las urgencias llegaron el último día para fichar a tres atacantes de una tacada para obrar un milagro. El Levante debe dar gracias a que los tres equipos que ocupan plaza de descenso no levantan cabeza. En otras circunstancias, los granotas estarían en esa cola. El club siempre dijo que había dinero para fichar en invierno pero la dirección deportiva no hizo los deberes. Echó por la borda un mes entero.

Tito siempre ha ligado su futuro al de Muñiz, o al menos así lo ha dejado entrever. La semana que viene será definitiva.

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