Las Provincias
Levante UD

Paco Salillas, rey de Orriols

  • «El Levante es el club que más me ha llenado, ese campo tenía algo especial para mí», comenta el exfutbolista, orgulloso de que le recuerde la afición

  • El exjugador aragonés, el máximo goleador del estadio Ciutat de València

Con el nueve a la espalda de la camiseta azulgrana y levantando la mano para celebrar un gol. Esa es la imagen que tienen los aficionados del Levante de Paco Salillas, el icónico y humilde delantero que dejó una huella imborrable entre los seguidores. Pero no sólo queda el recuerdo, sino que su nombre continúa brillando. El exjugador sigue siendo el máximo goleador de la historia del Ciutat de València, nadie ha anotado más tantos que el aragonés en las porterías del estadio. Larga vida al rey de Orriols.

Hasta 38 veces envió el balón a la red del campo de San Vicente de Paúl en las dos temporadas y media que militó en el club, lo que supone un 73% de los goles que marcó en su etapa como azulgrana, un total de 52. Teniendo en cuenta que tenía firmada una prima de 200.000 pesetas por cada gol, su estancia en Valencia fue redonda. Su facilidad anotadora y su carisma le convirtieron en un ídolo para la grada, y algunos levantinistas incluso lo sitúan por delante de Caicedo o Martins a la hora de hacer una alineación histórica, siempre subjetiva.

Su apodo futbolístico viene del pueblo natal de sus abuelos, el municipio zaragozano Salillas de Jalón, ya que él en realidad se llama Francisco Javier García Ruiz. Lleva 14 años retirado del fútbol pero guarda para siempre en su corazón el cariño de Orriols. «Es un orgullo muy grande que me sigan recordando así, estuve en varios equipos, como Zaragoza, Celta, Lleida, Villarreal, pero el Levante es el que más me ha llenado, el que más sigo y siento hoy en día, allí pasé los mejores años de mi carrera», asegura el exfutbolista a LAS PROVINCIAS.

Historia viva del Ciutat, cada partido del aragonés sobre el césped de Orriols significaba un sinónimo de gol. «Marqué muchos en el estadio, era un campo en el que jugaba muy a gusto, se me daba muy bien. Tenía algo especial para mí», comenta. Hace una vida tranquila en su pueblo, Alagón (Zaragoza), pero no pierde la oportunidad de pisar Orriols. «De todos los estadios donde jugué, al único que he vuelto ya retirado ha sido al Ciutat. Allí veo a amigos como 'Pájaro' (el encargado del material, Fernando Reyes), Paco Fenollosa o Quico. Sigo hablando con ellos, los conozco hace muchos años», destaca. Esta temporada no ha visto ningún encuentro en las gradas, pero sí la pasada campaña. A veces incluso se pone un chubasquero con el escudo del Levante que luce orgulloso por su localidad.

Entre el 6 de diciembre de 1998, cuando batió al Espanyol B, y el 5 de mayo de 2001, cuando se despidió por la puerta grande con dos tantos ante el Elche, Salillas tuvo una relación inolvidable con el público granota. Habituales fueron las tardes en las que marcó por partida doble, hasta en 13 ocasiones, y en una incluso el Ciutat celebró un triplete suyo, contra el Leganés, el primero de su carrera deportiva.

Incluso a sus 38 tantos habría que sumarles los dos que logró con el Villarreal en su visita al Levante la temporada anterior. Y es que con el conjunto amarillo logró el ascenso a Primera, pero no tenía minutos en la élite y decidió fichar por el Levante en ese mercado de invierno de la campaña 1998-99. Y fue clave para lograr otro ascenso, en este caso a Segunda como granota, marcando goles clave en la promoción ante el Poli Almería y el Bermeo. «Aunque dejé la Primera división, la verdad es que fue muy bonito, fue llegar y besar el santo, nunca me arrepentí de hacerlo, me quería mucho la afición», apunta el exjugador.

Salillas recuerda una anécdota que pocas veces pasa en tan poco tiempo. En abril de 2000 marcó dos goles al filial del Atlético, y ese mismo año, en septiembre y en la misma categoría, volvió a marcar a los colchoneros, pero en este caso al primer equipo, tras el descenso a Segunda de los madrileños. El aragonés abrió la lata, marcó el primer tanto que recibió el equipo rojiblanco en Segunda división. «Marqué al Atlético, fue un partidazo, no se me olvidará en la vida. Era televisado, el campo estaba casi lleno, fue muy bonito, el que mejor recuerdo, ha habido goles también bonitos, como el que le hice al Sevilla, pero ese fue especial, les goleamos, aún guardo los periódicos», dice orgulloso el exfutbolista.

Lo que ocurre es que ese idilio con el Ciutat de València se rompió bruscamente. Por culpa de un protagonista claro: Pedro Villarroel. El expresidente se negó a ampliar el contrato del delantero, que tenía 35 años y le empujó a ser traspasado al Castellón en el verano de 2001. Le quedaba un año de contrato y quería continuar por objetivos. «Él dijo que me quería marchar, pero era mentira. Lo apreciaba, pero cuando le dije que me renovara un año si jugaba 20 partidos, se le metió en la cabeza que no y al final me traspasó, pero la afición no quería. El Castellón pagó 20 millones de pesetas y me ficharon», lamenta.

Aunque se tomó su particular revancha muy poco después, porque los albinegros jugaron el partido de presentación del Levante en aquella pretemporada y el propio Salillas, para continuar su relación con el estadio, volvió a marcar el gol de la victoria de su nuevo equipo, aunque fuera un partido amistoso, lo que sirvió para que la afición le diera la última despedida.

El aragonés, que se define como «un delantero peleón, de estar ahí, listo y trabajador», recuerda las buenas asistencias que le daban Vicente Rodríguez, Chicha y Fernando Sales para que él marcara goles. «Teníamos muy buen equipo», dice. Pepe Balaguer y José Carlos Granero fueron sus entrenadores.

Ahora disfruta de la vida en su Alagón natal. «Tengo una finca con caballos, una empresa de hielos y unas pistas de pádel cubiertas que he abierto hace poco, se me da muy bien jugar. Disfruto con mi mujer y mis dos hijos, así que más no se puede pedir», expresa.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate