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Obligados a regresar al inicio del efecto Paco López

Obligados a regresar al inicio del efecto Paco López

El Espanyol vertió la gota que colmó el vaso de otra situación desesperada en la historia reciente | «Esto lo arregla una victoria», fue la frase casi profética que pronunció Muñiz horas antes de ser destituido y que sirve para hoy

MOISÉS RODRÍGUEZ

valencia. Cuando el 4 de marzo de 2018 Baptistao apuntilló a Muñiz pocos sospechaban que se iniciaba una etapa ilusionante entre el levantinismo. Con el equipo al borde de los puestos de descenso -aún no ha caído en ellos desde su regreso a Primera-, Paco López tomó las riendas. El entrenador de Silla hizo oídos sordos a quienes recelaban de él por su nula experiencia en la élite, consiguió la salvación de forma holgada y durante muchos meses ha enamorado a la grada con su fútbol atrevido. Hasta que se han torcido las cosas y el Levante ha vuelto prácticamente al lugar donde lo dejó Muñiz en vísperas de Fallas del año pasado tras un partido ante el Espanyol.

Aquel día, cuando ya se sabía destituido, Muñiz pronunció una frase profética. «Esto lo arregla una victoria», deslizó el asturiano con una sonrisa mientras se subía a su coche para abandonar el estadio tras más de una hora reunido con la directiva. Una racha de 15 jornadas sin ganar habían sido una losa demasiado pesada para el entrenador que devolvió al Levante a Primera.

Paco López tomó las riendas en un momento complicado y comió la cabeza a los futbolistas. Con casi toda la segunda vuelta por delante, el equipo se salvó y le faltaron partidos para meterse en la lucha por Europa. Aún iniciada esta Liga, el de Silla era el entrenador con mejor promedio de victorias del Levante en Primera. Hasta que, coincidencias del fútbol, todo empezó a torcerse tras el dislate del caso Chumi. Después de aquello, al equipo le entraron las dudas, al VAR también y para postre se dio otro escándalo como fue la entrada en prisión de Toño.

El resultado, una plantilla que se ha convertido en un flan, que encaja goles con que el rival sople y a la que le cuesta un universo ganar un partido. Sólo acumula dos victorias en Liga en lo que va de año: 2-0 en casa contra el Valladolid y 1-4 en Vigo. Ya ha llovido de eso: ocurrió el 14 de febrero, hace más de dos meses y desde entonces los granotas han disputado ocho partidos con desenlaces de todos los colores. Cierto que la tecnología ha perjudicado, pero también se han perdido puntos por recibir tantos demasiado pronto, por no saber mantener el resultado y por demostrar demasiada ansiedad.

Todos esos males debe corregirlos el Levante en este sprint final de seis partidos, cuatro de ellos en casa. «Tenemos claro que debemos poner el esfuerzo en nuestro juego y no mirar a los rivales porque dependemos de nuestro trabajo. Nos quedan cuatro partidos en casa, ahora dos seguidos, y trataremos de ganarlos», subrayó ayer Paco López, que convocó ayer a toda la plantilla, incluidos los tres porteros, y hoy hará cuatro descartes.

Da la sensación de que el principal problema es ese: el de guarnecer el marco que, previsiblemente, hoy volverá a defender Aitor Fernández. En el derbi, el vasco no consiguió mantener ni dos minutos su portería a cero. En Bilbao llegó a cinco. El Levante lleva diez jornadas sin poner el cerrojo. Encontrar la llave sería también clave para obtener credenciales en la lucha por la permanencia en la que se ha montado un verdadero atasco.

Con el Girona -al que hay que visitar- metido en el ajo, ganar hoy al Espanyol se antoja imprescindible. Esta vez, no sólo para salvar el cuello de un técnico sino de todo un proyecto. Hay que dejar de lado la ansiedad, resetear, lograr la victoria como sea y reiniciar la era Paco López.