https://static.lasprovincias.es/www/menu/img/levanteud-desktop.jpg

Pablo, 8 años: lastimado pero feliz por el disparo del Comandante

Pablo, 8 años: lastimado pero feliz por el disparo del Comandante

«No se lo tengo en cuenta porque sé que no lo hizo adrede. Siempre será mi ídolo, me gusta cómo trabaja para el equipo», afirma Pablo | Un balonazo de Morales rompió el brazo de un niño el domingo en Vila-real

M. RODRÍGUEZ

Pablo deberá llevar su brazo derecho en cabestrillo y él, tan contento. Tiene el radio roto y lo único que le pesa es haberse perdido ayer un partido de fútbol con sus amigos. La herida se la hizo Morales, el Comandante, su ídolo, el jugador a quien le encantaría parecerse de mayor. Sucedió el domingo, en el estadio de La Cerámica, al final del calentamiento del Levante. «No se lo tengo en cuenta, porque sé que no lo hizo adrede», zanja con firmeza el niño de 8 años.

Jesús González y su hijo, ambos levantinistas, tienen una costumbre: no ocupan su localidad hasta que comienza el partido. Les gusta bajar a pie de campo para ver de cerca cómo el equipo lleva a cabo el calentamiento. Lo hacen cada jornada en Orriols y este domingo aprovecharon la proximidad de Vila-real para ver también a su equipo.

Pablo, herido, pero feliz.
Pablo, herido, pero feliz.

«Ocurrió al final del calentamiento, cuando ensayan disparos a puesta», explica Jesús. Uno de los proyectiles de Morales no encontró portería e inevitablemente iba a alcanzar a Pablo. «Puse la mano para protegerme y me la dobló», señala el niño. De inmediato, el chaval empezó a temblar y a llorar por el intenso dolor. Los médicos, tanto del Levante como del Villarreal se acercaron a atenderle.

«Estamos muy agradecidos a los servicios sanitarios del Villarreal por cómo se comportaron con nosotros», incide Jesús. Llevaron a Pablo a un cuarto, donde le inmobilizaron el brazo y recomendaron llevarlo a un hospital: percibieron que había fractura y en el estadio hay máquina de rayos X para confirmar el diagnóstico. Pero entonces el dolor ya era menor y el niño escuchó el silbato del árbitro y el resto de ruidos propios de un partido de fútbol. «Papá, hemos venido a ver al Levante y yo quiero quedarme», exclamó.

Jesús accedió y, ya en sus respectivas localidades, disfrutaron del encuentro hasta que llegó el gol de Pedraza que casi dolió más que el balonazo de Morales. «Siempre será mi ídolo porque me gusta mucho cómo regatea y su forma de jugar para el equipo», asevera Pablo, que insiste: «Sé que no lo hizo adrede».

De vuelta a Valencia, los médicos de la clínica Quirón confirmaron que Pablo tiene fracturado el radio del brazo derecho. «De momento lo tengo escayolado, tengo que ir dentro de un mes al traumatólogo», repetía el niño, ayer ya casi feliz por lo que le había ocurrido después de la repercusión de su historia.

Conoció a Morales hace unas de semanas, antes del partido entre el Levante y el Alavés. «Iba corriendo con mi padre y vimos que llegaba el equipo al estadio. Le regalé una pulsera y él me dio las gracias», relata Pablo, que también se llevó un regalo: «Una foto con él. La tengo de fondo de pantalla en el móvil».

Ahora posiblemente tenga la posibilidad de tomarse otra. El Levante preparaba al cierre de esta edición un acto privado en el que Pablo pueda estar unos minutos con el futbolista al que admira pese a que el domingo le rompiese el brazo. Mientras, hará vida normal, pues es zurdo y la anécdota no le va a librar de los deberes del colegio. Lo único que lamenta es que de momento no puede jugar a fútbol.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos