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La eterna gasolina de un granota

Aitor Tornavaca golpea el balón durante un partido de la temporada pasada. / OMAR ANTUÑA/el comercio
Aitor Tornavaca golpea el balón durante un partido de la temporada pasada. / OMAR ANTUÑA/el comercio

El exazulgrana Aitor Tornavaca, de 43 años, renueva con el Condal de Tercera«La del Levante fue una de las temporadas más bonitas de mi vida. Me quería quedar, pero tuve que volver a Gijón», recuerda el vasco

ALBERTO MARTÍNEZVALENCIA.

La temporada que pasó en Orriols le dejó una huella imborrable. Eterna. Como su carrera deportiva. Aitor Tornavaca habla con entusiasmo cuando recuerda su breve pero intenso paso por el Levante. Y ya ha llovido. Vistió de azulgrana durante la campaña 1998-99, en la que consiguió el ascenso a Segunda División a las órdenes de Pep Balaguer. El vasco, en aquella época, tenía 22 años y actuaba como carrilero izquierdo. Ahora, con 43, se ha transformado en centrocampista. Incombustible. Lejos de colgar las botas, recientemente ha renovado su contrato con el Condal, que milita en Tercera. Algo inaudito.

«No es muy normal que la gente llegue a esta edad jugando, aunque sea en Tercera o en categorías más bajas. No conozco a nadie. Lo normal es colgar las botas mucho antes y hacer otras cosas», admite Aitor Tornavaca. Continúa dando guerra: «Noto que los rivales me tienen cierto respeto. Me preguntan: '¿Cómo es posible?, ¿cómo sigues con esa ilusión si no tienes necesidad?'. Mucha gente me mira con esa admiración. Y eso también ayuda a seguir. Me siento orgulloso por alargar mi carrera, porque sigues jugando y ves que estás a la altura de ellos, que nadie te pasa por encima».

¿El secreto? «Es un poco todo. Cuidarse sobre todo. Y tener mucha suerte con las lesiones. Yo nunca he tenido ninguna lesión importante. En toda mi vida he tenido dos roturas fibrilares y algún esguince. No es muy normal lo mío. Me tomo los entrenamientos y los partidos como cuando era profesional, haciendo la misma dieta, el mismo descanso... Y es básico tener ilusión. No la he perdido», comenta el vasco, quien compitió con el Recreativo de Huelva en Primera División y también pasó por el Sporting, el Leganés, el Jaén y el Eibar.

«Después de Huelva ya vine a Asturias, que es donde tengo mi residencia. Firmé con el Avilés dos años, que estaba en Segunda B. Después de acabar el primero, no se contaba conmigo. No hubo mucho acuerdo y, por el año que me quedaba, negociamos para dejar el equipo y entrenar a un juvenil del Avilés. Entonces estuve un año sin jugar, pero después me llamaron del Llanes en Tercera. Lo pensé y volví», relata Tornavaca, quien el pasado verano se marchó a un Condal con el que acaba de renovar.

Desde que regresó a Asturias, decidió adaptarse. Pasó de interior y lateral a pivote: «Al ir cumpliendo años, la banda ya se te complica más». Durante su etapa como granota, actuó como carrilero izquierdo. «La temporada en el Levante fue una de las más bonitas de mi vida. Fue impresionante. El comienzo fue un poquito difícil porque las expectativas eran muy altas y no empezamos bien del todo, pero fue un año increíble de vestuario y deportivamente. Es la felicidad que te da que las cosas salgan bien. Nos tocó en la Copa el Valencia y fue una experiencia muy gratificante», rememora Tornavaca, quien vio frustrado su deseo de continuar en Orriols: «Yo estaba cedido por el Sporting y me quería quedar en el Levante al año siguiente, pero no hubo manera. Tuve que volver a Gijón y me quedé con las ganas de seguir allí. Fue una experiencia maravillosa y uno de los mejores años a nivel individual y colectivo de toda mi carrera».

Aitor Tornavaca pretende ejercer de entrenador cuando cuelgue las botas. Pero se resiste a poner fecha: «No miro nada. Simplemente sigo jugando año tras año. Cuando llega el final de temporada me pongo a mirar y a decidir». La gasolina eterna.

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