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La estrategia pone la puntilla en el Levante

Muñiz revisa sus anotaciones durante un entrenamiento de esta semana. / irene marsilla
Muñiz revisa sus anotaciones durante un entrenamiento de esta semana. / irene marsilla

El equipo ha empezado perdiendo los últimos cinco partidos por el balón parado

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

El Espanyol debe ser el momento del despegue o el punto final. Parece que, ahora sí, ya no hay margen. Muñiz se la juega en poco más de 24 horas. «Tenemos que mejorar muchas facetas y eso creo que va a suceder en cuando ganemos un partido. Creo que va a ser el domingo, que ya nos toca», comentó Pedro López después del partido en Mendizorroza. Estadísticamente es posible que el de Torrent tenga razón, pero para que el conjunto granota aspire a vencer a alguien necesita suturar una sangría que le ha lastrado aún más en el último mes.

Se trata del balón parado. El Levante lleva enfermo desde finales de verano, pero sobrevivía porque era complicado hacerle gol. Esta solidez se fue diluyendo hasta el último mes, en que el equipo ha encajado demasiado fácil y en acciones que deben estar ensayadas en los entrenamientos. La estrategia, sobre todo los saques de esquina, han sido un pesado lastre en las últimas cinco jornadas, en las que se ha sumado un punto de quince posibles. Desde el meritorio empate contra el Real Madrid -y ahí también se encajó a balón parado-, se han encadenado cuatro derrotas, algo que no había sucedido esta temporada.

«Si yo fuera el míster me volvería loco. Lo trabajamos en todos los entrenamientos, durante la semana sacamos córners adrede y en las marcas solemos estar bien, pero estamos encajando y es una mancha negra que debemos solucionar», reconoció Pedro López después del doloroso gol en el último minuto anotado por Laguardia en Vitoria.

Muñiz trabaja a puerta cerrada por segunda vez en la penúltima sesión antes del Espanyol El hecho de que el técnico no hiciera el último cambio antes del 1-0 en Vitoria sorprendió en el club

El central del Alavés abrió la lata después de una heroica resistencia cuando ya no había tiempo para la reacción. Sin embargo, estas desconexiones a balón parado han llegado habitualmente pronto: antes del primer cuarto de hora marcaron Ramos gracias al error de Oier, Santi Mina anticipándose a Campaña y Xabi Prieto al transformar el infantil penalti de Lukic. También al inicio, pero de la segunda parte, llegó el tanto en propia meta de Chema frente al Betis.

Esta vez no fue de saque de esquina, sino en una falta casi en perpendicular a la portería. Laguardia ganó en la marca a Lerma y desató el horror granota. El viaje de regreso de Vitoria fue duro. El propio colombiano (por el gol y por la quinta amarilla) estaba apesadumbrado, como Chema. El central sabe de sobra que un error suyo lastró al equipo con una hora de partido por delante.

Muñiz también estaba serio. Dialogó brevemente con Oier antes de despegar rumbo a Valencia. El técnico sabe que ha de corregir cosas. La tensión es máxima. Se palpa. El técnico decidió ayer volver a cerrar el entrenamiento, algo que ya hizo antes de viajar a Vitoria. El equipo volverá a prepararse esta mañana en la intimidad.

«Debemos tener un poco más el balón. Cuando nos quedamos diez contra diez, el equipo estaba cansado», admitió Pedro López. Quizás por ese motivo, sorprendió que el técnico se guardase el último cambio hasta el minuto 89. Iba a meter a Coke para consumir segundos cuando se encajó. En el club también se observó como extraña esta situación, teniendo futbolistas calentando, como Rochina o Bardhi, que podían dar frescura a la medular. O, incluso, y ya con 1-0, pudo sacar a Pazzini para el último córner.

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