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El descalabro copero eleva la tensión en el Levante

Coke trata de interceptar el balón en un rondo durante el entrenamiento de ayer en Buñol. / levante ud
Coke trata de interceptar el balón en un rondo durante el entrenamiento de ayer en Buñol. / levante ud

Muñiz se reúne durante más de una hora con la plantilla

M. R. VALENCIA.

El Levante vuelve mañana a Orriols. Al feudo que en otras ocasiones ha convertido en su particular fortín. Al estadio con cuya afición otros equipos granotas han sido uña y carne, incluso cuando las cosas iban mal. «Si sales al campo a pasearte y pierde, tu gente te silba y es lo que mereces», lamentó Morales en un arranque de sinceridad tras la eliminación copera. Las declaraciones del madrileño han levantado ampollas. Han aplicado la chispa adecuada en un vestuario que ya era un polvorín. También ha escocido que dijera en público que nadie había querido salir a dar la cara después del 0-2. Aunque no enunció mentira alguna, las impresiones del futbolista ante los micrófonos son, de momento, la guinda a una crisis que puede agravar el Celta.

Y eso es lo que precisamente quiere evitar Juan Ramón López Muñiz. El entrenador recuperó el crédito antes del parón con el gran partido que el equipo hizo en el Sánchez Pizjuán y, pese al tropezón frente al Leganés, se afianzó con la victoria copera en Cornellà. Pero lo que el torneo del K.O. le dio hace una semana se lo quitó el jueves. El asturiano lanzó el órdago al escenificar su malestar por lo que está tardando el club en cerrar el delantero. Horas después llegó una derrota de las que escuecen. Él sabe que ante una situación que desemboca en caos, la primera víctima siempre se produce en el banquillo.

Lo dice la ley no escrita del fútbol y Muñiz quiere evitar a toda costa el caos. Por ello, el entrenamiento de ayer en Buñol no fue una sesión de recuperación más. Por la proximidad del primer partido de Liga de 2018 en Orriols y, sobre todo, por los imputs, todos ellos negativos, que dejó el encuentro del jueves. Si lo habitual es que en las jornadas posteriores a un partido los titulares ni salten al césped, lo llamativo de ayer fue que los futbolista saltaran al campo, pero más de una hora después de lo programado.

Sucedió en un entrenamiento en el que se notaba la tensión. Los jugadores se ejercitaban con rostros serios de cara a un encuentro en el que saben que hay más que tres puntos en juego. Tras el choque contra el Celta, el Levante ya no volverá a juzgar en Orriols hasta el 3 de febrero, y lo hará contra el Real Madrid. A decir verdad, el conjunto gallego también es un Tourmalet para los granotas, o eso es al menos lo que proclaman las estadísticas. Nunca se le ha ganado al cuadro celeste en casa en Primera: el bagaje es de cuatro derrotas y un solo empate, el de la temporada 06/07 (1-1).

El Levante, precisamente, recibió ayer el único capotazo de la jornada desde el que será el rival del mediodía de este domingo. «Es un equipo muy organizado sin balón pero también hay una evolución muy grande en su juego con el esféricas. Tiene diferentes alternativas y juega mejor de lo que dice su clasificación», comentó ayer Juan Carlos Unzué, entrenador celeste.

Pero no marca, especialmente en Liga. Ni cuando ofrece una buena imagen, ni en partidos malos. El Levante está negado de cara al gol. Para combatir esa ansiedad, Tito se ha lanzado en busca de un delantero que garantice goles. Es el principal cometido de la dirección deportiva. Mientras eso sucede, el club ha puesto a la plantilla en manos de un psicólogo. Juan Antonio Bernat, que venía trabajando en la cantera, se puso manos a la obra desde la concentración de los últimos días de 2017 en Oliva. Viajó por partida doble la semana pasada a Barcelona y ha participado en sesiones con el equipo y a nivel individual con algunos futbolistas.

Cualquier detalle cuenta. Muñiz lo sabe. Tras la arenga de ayer, hoy dirigirá la última sesión antes de dar la lista de cara al encuentro contra el Celta. Recupera a Morales, Campaña y Bardhi, sancionados el domingo contra el Barça. A la espera del '9', el asturiano tiene el resto de las piezas disponibles para una batalla que se antoja trascendental.

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