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La década prodigiosa del Levante UD

La década prodigiosa del Levante UD

El Levante cumple diez años desde su entrada en concurso de acreedores | «Fue algo que permitió al club reciclarse y tomar una nueva forma de entender el fútbol», celebra Quico Catalán, presidente azulgrana

ALBERTO MARTÍNEZ

valencia. Hace diez años, el Levante vivía una pesadilla. Deportiva, económica y social. El equipo estaba en un agujero: había descendido a Segunda División, acumulaba una deuda de 88,7 millones de euros y la decepción desencadenaba una caída estrepitosa en la cifra de abonados. El fantasma de la desaparición planeaba sobre el Ciutat de València. La fecha del 10 de julio de 2008 iba a marcar un antes y un después. Mañana se cumple exactamente una década desde que la entidad granota entró en concurso de acreedores. Aquella medida podía parecer el principio del fin, pero acabó siendo todo lo contrario. El club quedó en manos de unos interventores judiciales que se abrieron paso entre el caos y el club, guiado por Quico Catalán, consiguió reinventarse. La realidad actual nada tiene que ver con aquel oscuro túnel. Ahora, con el conjunto granota asentado en Primera, el futuro está más despejado que nunca. La estabilidad económica y la regeneración de los aficionados iluminan varios proyectos ambiciosos. La prosperidad se ha instalado en Orriols.

El curso 2007-08 finalizó con la plantilla del Levante manifestándose por los impagos. De ahí que un juez declarara el inicio de un concurso necesario de acreedores. Pedro Villarroel se apartó del panorama accionarial y tres interventores judiciales entraron en escena: Vicente Andreu, Mariano Durán y Celestino Aparicio.

Diferentes empresarios trataron de hacerse con el control del club. Tomás Carmona amagó con adquirir el 74,71 por ciento de las acciones del Levante. Algo que sí hicieron Jesús Serna y López Lara, quienes desaparecieron a las primeras de cambio. Más tarde, la propiedad pasó fugazmente por las manos de José Rabade. Todo un sainete.

Quico Catalán Presidente del Levante «Al principio consistía más en apagar fuegos que otra cosa. Luego empiezas a dotar de estabilidad» «Me siento orgulloso de que el Levante sea de los valencianos y de una Fundación» De los 88,7 millones de deuda, en octubre sólo quedarán 16 aplazados a 2021 y 2034

Entonces, se produjo un movimiento clave. «Recibo la llamada de Vicente Andreu en abril de 2009. Tuve una reunión interesante con los administradores concursales. El juez había decidido retirar las facultades al consejo de administración. Me trasladan que necesitan a alguien que les ayude desde dentro en el día a día llevando la dirección general del club», rememora Quico Catalán, quien analizó la situación: «Fue una sorpresa y les pedí unos días para reflexionarlo y hablarlo con mi mujer y mi padre. No era una época fácil a nivel familiar porque mi padre estaba sufriendo una enfermedad y eso había provocado que yo, meses antes, dejase mi trabajo y me centrase en la empresa de la que mi padre es socio».

Pero Catalán aceptó. «No me podía imaginar que iba a estar en el club el tiempo que llevo ahora. En aquel momento pensaba que iba a ser un año o un año y medio hasta dotar de cierta estabilidad», admite. Tras su llegada a la dirección general, el Levante se hizo con la mayoría accionarial en autocartera. Una medida de control para evitar más bailes.

A finales de 2009, nació la Fundación Cent Anys, que solicitó un préstamo y se convirtió en el nuevo dueño del club. En diciembre de aquel año, el patronato votó a favor de un consejo de administración que permanece actualmente y que pasó a estar presidido por Quico Catalán.

«Al principio consistía más en apagar fuegos que otra cosa. Luego empiezas a tener a nivel institucional la posibilidad de dotar de cierta estabilidad. Yo siempre he pensado que ese concurso de acreedores surgió por algo en el Levante. Seguramente hace diez años fue un drama. Ahora vemos que fue algo que permitió al Levante cambiar, reorientarse, reciclarse y tomar una nueva forma de trabajar y entender el fútbol. Pero ni por asomo en aquel momento me podía imaginar que esto tuviera el resultado que ha tenido», explica Catalán.

El Levante comenzó a trabajar en un convenio de acreedores que fue aceptado por la junta el 28 de julio de 2010. Merced a aquel acuerdo, la deuda se redujo a 61 millones. El memorable ascenso a Primera División, los aciertos en la política de fichajes y las balsámicas ventas de futbolistas han permitido cumplir con creces los compromisos económicos.

«En septiembre u octubre, quedarán 14 millones refinanciados a 2034, que son deuda con los bancos. Y quedarán dos millones con el Ayuntamiento cuyo vencimiento es en 2021. Si nos dicen hace diez años que el Levante va a llegar a 2018 con el estadio y la ciudad deportiva en propiedad, sin vender nada de patrimonio y habiendo amortizado todo lo que hemos amortizado de la deuda, podíamos pensar que estábamos majaras», destaca el presidente granota, satisfecho de que en 2015 no se vendiera el club a Robert Sarver.

«Me siento orgulloso de que el Levante sea de los valencianos, de una Fundación y de los levantinistas. El Levante tenía la obligación de estudiar la operación. No era una mala operación, pero se ha demostrado que el club sigue evolucionando y que estamos vivos. Estamos en ese momento ideal para seguir creciendo y, desde la humildad y la coherencia, seguir aportando cosas. Aunque la deuda que podamos tener dentro de tres o cuatro a meses sea una deuda más que refinanciada y ordenada, el Levante no debe cambiar la forma de concebir el fútbol y ese negocio», avisa Quico Catalán.

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