El órdago pueril del 'brexit' abrupto

Boris Johnson. /EP
Boris Johnson. / EP

Boris Johnson quiere 'turbocargar' los preparativos en nombre de un pueblo que no quiere rellenar más formularios

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres (Reino Unido)

El 'brexit' es presentado como una rebelión popular contra la gobernación pero, cuando el Gobierno de Boris Johnson proclama que se irá de la Unión Europea (UE) el 31 de octubre aunque no haya acuerdo con Bruselas sobre los siguientes pasos, el pueblo parece tan imperfecto como los gobiernos y parlamentarios que critica.

Los funcionarios están orgullosos de su tarea en los dos últimos años. Centenares de documentos para sostener la negociación de un Acuerdo de Retirada, rechazado por el Parlamento por cuestiones políticas pero admirable por la claridad con la que europeos y británicos articulan las consecuencias técnicas del 'brexit' y sus soluciones.

Para el caso de que no haya acuerdo, los funcionarios británicos han publicado también los preparativos necesarios: desde cómo las escuelas deben informar a sus alumnos con padres de la UE que deben registrarse para seguir en el sistema educativo hasta la obligación de que los británicos obtengan una licencia internacional y seguro de tarjeta verde para conducir en países de la unión.

Un balance del nivel de preparación para el 'brexit' sin acuerdo publicado en febrero, un mes antes de la prevista marcha de la UE, el 29 de marzo, decía: «En las semanas recientes, el Gobierno ha aumentado la comunicación con empresas e individuos para proveerles de la información que necesitan para prepararse». En el siguiente párrafo reconocía que ni empresas ni individuos estaban haciendo caso.

Solo 40.000 de los estimados 250.000 importadores que deben registrarse so pena de no poder rellenar la documentación aduanera estaban en regla. Según un sondeo del Ministerio para la Marcha de la UE, el 55% de los británicos creía que las consecuencias de la salida abrupta no les afectaría.

Pero los 'brexiters' han convertido en dogma una absurda analogía. En el mundo empresarial se negocia siempre dispuesto a abandonar la mesa, dicen. Pero la negociación del 'brexit' es diferente, pierden las dos partes cualquiera que sea su resultado, al menos en el corto plazo. La prioridad de los negociadores es evitar ser señalado como culpable, según el análisis de Petros Sekeris publicado en 'New Scientist'.

El nuevo primer ministro británico, Boris Johnson, ya achaca la 'remota' posibilidad del 'brexit' abrupto a la UE por su 'antidemocrática' salvaguardia norirlandesa. Y para cumplir con esa amenaza de abandonar la mesa si Bruselas no le concede lo que pide ha encargado la ministro Michael Gove la «turbocarga» de los preparativos para hacerla viable.

Gove era ministro de Medioambiente, Alimentación y Asuntos Rurales cuando se dirigió en febrero a la asamblea del sindicato de granjeros, TFU. «Todos los beneficios potenciales (del 'brexit') serán puestos en grave riesgo si no tenemos un acuerdo con la UE», les dijo. La salida abrupta sería «un coste significativo a nuestra economía y en particular a la agricultura, ganadería y producción de alimentos».

Tres meses

¿Qué ha cambiado desde que el ahora ministro de Johnson emitiera ese mensaje un mes antes del ultimátum de marzo? La presidenta de la TFU, Minette Batters, ha dicho hace unos días que la salida abrupta sería «absolutamente desastrosa», porque «muchos granjeros cerrarán sus negocios y veremos el sacrificio de un gran porcentaje de la cabaña ovina nacional».

La Asociación de Industriales del Motor, SMMT, ha escrito a Johnson diciéndole que el 'brexit' sin acuerdo «es una amenaza existencial a nuestro sector». La exjefa del servicio secreto de seguridad nacional, Eliza Manningham Buller, también le ha escrito como presidenta ahora del Wellcome Trust, el mayor proveedor de becas a la investigación en biociencia, para confirmar que buena parte de sus programas en colaboración con los de la UE corren peligro.

La Asociación de Transportistas de Carretera, RHA, dijo al final de junio que la mayoría de las empresas «no sabe qué se espera de ellos». Tendrán que tramitar formularios aduaneros para los que su personal no está ahora capacitado. Los grandes almacenes se desesperan porque el ultimátum sea precisamente el 31 de octubre, el momento de más necesidad de stock navideño, cuando se ha saturado la capacidad de almacenaje en el país como consecuencia del 'brexit'.

Hay problemas de plazo para el abastecimiento de medicinas y han abandonado sus puestos en las últimas semanas el máximo especialista en preparativos para el 'brexit' abrupto en el Ministerio, también su más alto funcionario y la responsable de coordinación de todas las agencias con interés en las fronteras. La desmovilización de funcionarios antes dedicados al 'brexit' es numerosa. Y hay que reactivar a los nuevos en los próximos días. En verano y con ultimátum inminente.

Los análisis estadísticos de la opinión sobre el 'brexit' muestran que quienes votaron por la marcha de la UE culpan a Bruselas o a sus políticos de que no se esté cumpliendo su voluntad de una marcha simple, patriótica y provechosa. El pueblo invocado por Johnson no se suma a los preparativos, pero querrá identificar a los culpables si la marcha sin acuerdo le causa trastornos.