Macron fracasa en su intento de acallar las críticas por la agresión de su guardaespaldas

Macron flanqueado por su responsable de seguridad, Alexandre Benalla (izq.). /Philippe Wojazer (REUTERS)
Macron flanqueado por su responsable de seguridad, Alexandre Benalla (izq.). / Philippe Wojazer (REUTERS)

La oposición critica que el jefe de estado se excusase ante sus diputados en lugar de ante Francia al completo | «Para mi fue una traición», se defiende el primer ministro galo

AFPParís

El presidente francés, Emmanuel Macron, asumió la responsabilidad por el caso de uno de sus responsables de seguridad que fue filmado golpeando a manifestantes, pero no logró acallar las voces críticas que este miércoles seguían denunciando su gestión del denominado «Benallagate».

«El único responsable de este caso soy yo, solo yo», declaró Macron la noche del martes, rompiendo el criticado silencio que mantuvo desde que el miércoles pasado se destapó el escándalo que salpica a Alexandre Benalla, uno de sus más cercanos hombres de confianza.

Benalla, quien fue su guardaespaldas durante la campaña presidencial de 2017, fue despedido el viernes luego de que se filtraran imágenes de él, portando un caso y un brazalete policial, golpeando a dos manifestantes durante una protesta en la capital francesa.

«Lo que pasó el 1 de mayo [...] es grave, serio y para mí fue una decepción, una traición», declaró Macron durante una visita sorpresa a un acto organizado por diputados de su partido La República en Marcha (LREM), sin presencia de la prensa, el martes en París.

No fue llevado ante la justicia

Benalla recibió inicialmente una suspensión de dos semanas sin salario y fue despojado de sus funciones en materia de organización de la seguridad de los desplazamientos del presidente, pero el Elíseo no llevó el caso ante la justicia, como lo estipula la ley.

Fue solo después de que el diario Le Monde destapara el caso que la presidencia despidió a este colaborador, quien fue imputado el domingo pasado por violencia en reunión y usurpación de funciones.

«Soy yo quien confió en Alexandre Benalla [...]. Soy yo quien validó su sanción, yo y nadie más», agregó el jefe de Estado, quien de paso desmintió también algunos de los rumores surgidos en los últimos días sobre su exasesor de seguridad, que tachó de «sandeces». «Alexandre Benalla nunca ganó 10.000 euros, Alexandre Benalla tampoco fue mi amante», aseguró.

El centrista de 40 años, cuya popularidad se ha desplomado tras el escándalo hasta llegar al 32%, quiso no obstante dejar claro que no quiso esquivar el caso, como han afirmado sus críticos. «Si quieren un responsable, este está delante de ustedes. Que vengan a buscarlo. Yo respondo al pueblo francés», dijo desafiante.

Pero su contraaofensiva para intentar desactivar este escándalo que desluce su presidencia no convenció a la oposición, que criticaba este miércoles que el jefe de Estado tomara la palabra ante su mayoría y no ante todos los franceses.

«Hubiera preferido que se dirija a Francia y a los franceses. El presidente de la República no debe hablar ante los diputados de LREM, solo entre ellos, sino ante los franceses, que son quienes le dieron su legitimidad», estimó el presidente del Senado, Gérard Larcher.

Críticas de la oposición

El presidente del partido conservador Los Republicanos en el Senado, Bruno Retailleau, denunció por su parte lo que considera como un «corte de mangas a la oposición, a la prensa y a los franceses». «Que reserve la primicia (de sus declaraciones) solo a los suyos es algo muy desconcertante», opinó.

El portavoz del gobierno Benjamin Griveaux aseguró este miércoles que el gobierno «sacará todas las lecciones» de este caso, pero negó que se tratara de un «escándalo de Estado», como asegura la oposición.

«Construir una República ejemplar», como prometió Macron al asumir el poder, «no significa haber prometido una República infalible», agregó.

Esta crisis política es la más grave a la que se enfrenta Emmanuel Macron desde su elección en mayo de 2017. «Un colaborador del jefe de Estado golpeando a manifestantes es la verticalidad del poder en su manifestación más cruda, sobre todo cuando inicialmente el macronismo defendía una horizontalidad de la sociedad civil», apuntó el historiador Christophe de Voogd en una entrevista con el diario Le Figaro.

«Pensábamos que el Elíseo con Macron era un modelo de organización eficaz y descubrimos de golpe enormes problemas de funcionamiento», abundó el politólogo Bruno Cautrès.

Este caso «marcará un antes y un después para Emmanuel Macron», sentenció este politólogo del Centro de Investigación Política del centro universitario Science Po.

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