El Gran Debate de Macron concluye que los franceses quieren pagar menos impuestos

Emmanuel Macron. /Reuters
Emmanuel Macron. / Reuters

Las cifras son su mayor éxito, a pesar de que muchos chalecos amarillos han boicoteado la iniciativa

PAULA ROSASCorresponsal en París (Francia)

Los franceses quieren pagar menos impuestos. Esta ha sido, en resumidas cuentas, la conclusión de los tres meses de deliberaciones del Gran Debate Nacional, la fórmula inventada por Emmanuel Macron para canalizar la frustración destapada por los 'chalecos amarillos' y poner fin a la peor crisis social que ha vivido Francia en las últimas décadas. Un viaje para el que, según sus críticos, no hacían falta esas alforjas, pero que el primer ministro, Édouard Philippe, describió este lunes como «un éxito, no del gobierno, sino de todos los franceses». Más de un millón y medio de ciudadanos han participado en la consulta.

Las medidas concretas en las que se traducirán todas esas quejas serán anunciadas a mediados de mes por el propio Macron, que suele reservarse para las grandes ocasiones. Pero ayer, Philippe adelantó que esa «exasperación fiscal» tendrá respuesta pronto: «Tenemos que bajar los impuestos y bajarlos más rápido». Fue precisamente un aumento de la presión fiscal al gasoil la chispa que desató la crisis de los chalecos amarillos el pasado mes de noviembre. El impuesto se canceló, pero la mecha del descontento ya había prendido en otros ámbitos y desveló la profunda grieta que separa París y las grandes urbes francesas de los territorios rurales que se sienten abandonados por el Estado.

«Hay que restablecer el equilibrio» entre las metrópolis y las otras comunas, dijo Philippe sobre la segunda de las grandes líneas que se desentrañan de las aportaciones que han hecho los ciudadanos en las más de 10.000 reuniones organizadas en ayuntamientos. Las cifras del debate son, sin duda, su mayor éxito, a pesar de que muchos chalecos amarillos han boicoteado la iniciativa. Desde mediados de enero se han recibido cerca de dos millones de contribuciones a través de internet, los consistorios han recogido más de 16.000 cuadernos de quejas y las cartas con iniciativas o reflexiones superan las 27.000.

Todas estas peticiones, sugerencias e ideas han sido procesadas por seis institutos de opinión y consultoras, que han digerido las miles y miles de páginas para poder traducir el descontento en algo a lo que se le pueda dar solución. Esa es la idea, aunque los franceses no confían demasiado. Según el último sondeo de Elabe, 8 de cada 10 considera que no resolverá la crisis política. La oposición habla de un «gran blablabla» y de una operación de comunicación del gobierno.

Significativos o no, los resultados del Gran Debate están ahí, y hablan de una Francia que se siente exprimida por la presión fiscal, que resiente la lejanía de su administración, que se dice aislada y abandonada, que necesita el coche para todo porque las grandes inversiones se centran en las líneas de alta velocidad y no en los transportes de proximidad, abrumada por la complejidad de la burocracia que acaba por «excluir» a muchos, como reconoció ayer el primer ministro.

Macron deberá anunciar en las próximas dos semanas las soluciones para este cóctel de problemas. No lo tiene fácil. Dudar, dijo este lunes Philippe, sería un gran error. «La necesidad de cambio es tal que todo conservadurismo sería, en mi opinión, imperdonable».