Bruselas se niega a entrar en el «juego de culpas» del primer ministro británico

Boris Johnson, con la canciller Angela Merkel, en su primera visita como jefe del Gobierno británico a Berlín, en agosto pasado./stefan rousseau/ dpa
Boris Johnson, con la canciller Angela Merkel, en su primera visita como jefe del Gobierno británico a Berlín, en agosto pasado. / stefan rousseau/ dpa

La Comisión subraya que la negociación del 'brexit' continúa, al tiempo que un molesto Tusk reprocha al jefe del Gobierno de Londres que no aclare lo que quiere conseguir

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

Ni hay ruptura de las negociaciones ni la UE ha modificado su posición sobre los requisitos mínimos (garantía de la salvaguarda de la paz y la estabilidad en Irlanda del Norte, protección de los ciudadanos y del orden legal de la UE) que exige para que el 'brexit' se resuelva con acuerdo. Así reaccionó Bruselas a la andanada de mensajes acusadores que se lanzaron desde el 10 de Downing Street y que volvieron disparar la tensión a ambos lados del Canal de la Mancha.

El estallido se produjo al mediodía con un comentario filtrado desde Londres que apuntaba a un acuerdo «esencialmente imposible» tras la conversación telefónica que minutos antes habían mantenido Boris Johnson y Angela Merkel. Berlín rehusó aportar cualquier detalle sobre esa llamada. Aunque en Bruselas no se tardó mucho en poner en duda la veracidad del mensaje. La expresión referida no cuadraba con el perfil cauto de Merkel y mucho menos el contundente portazo que podría desprenderse de ella.

Y volvió a escena Donald Tusk. El presidente del Consejo Europeo dio con la clave del camino que el 'premier' pretendía abrir. Nada nuevo, en realidad, puesto que la larga negociación del 'brexit' ya ha revelado episodios similares de tensión. Arrancaba una nueva guerra de reproches. En lenguaje llano, el mismo Tusk que auguró un lugar en el infierno para los ''brexit'ers', lanzaba a Johnson una especie de '¿Tú de qué vas?».

Utilizando su red social e interpelándole directamente, le espetaba: «No se trata de ganar un juego estúpido de la culpa. Está en juego el futuro de Europa y Reino Unido, así como la seguridad e intereses de nuestra gente». «No quiere un trato, no quiere una extensión (prórroga), no quiere revocar (el Artículo 50, que regula el proceso de divorcio) ¿'Quo vadis'?». Un ¿a dónde va? como punto y final, tan molesto como cargado de frustración.

Desde la Comisión Europea, su portavoz jefe, Mina Andreeva, no tardó en respaldar el sentido de las palabras de Tusk durante una comparecencia. Rechazó sin ambages la acusación velada de Londres que apuntaba a que la UE estaba intentando «torpedear» los Acuerdos de Paz de Viernes Santo (que en 1998 pusieron fin al largo y sangriento conflicto en Irlanda del Norte). «Bajo ninguna circunstancia vamos a aceptar (esa acusación). Nuestro trabajo siempre ha sido y será proteger (ese pacto) en todas sus dimensiones». Puso como ejemplo de que la negociación seguía abierta que este martes mismo se desarrollaron contactos a nivel técnico.

Y también político. Johnson recibió a última hora de la tarde al presidente de la Eurocámara, David Sassoli, al que invitó hace casi dos semanas. «Hay dos alternativas a un acuerdo en este momento: extensión o no acuerdo», declaró Sassoli tras la cita. Mientras, en Berlín los otros dos protagonistas de la jornada, Merkel y Tusk, ser reunían para preparar la cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se celebrará en Bruselas los días 18 y 19. Tusk difundía la imagen de ambos conversando de camino al encuentro. Juntos. Con el mismo lenguaje.