Radiación soviética en el fondo del mar

Radiación soviética en el fondo del mar

El submarino de la URSS K-278 'Komsomólets', hundido en 1989 emite 100.000 veces más radioactividad que la norma

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal. Moscú

Especialistas noruegos han vuelto a hacer mediciones en el lugar en donde yace hundido el submarino nuclear soviético K-278 'Komsomólets' y han detectado que el navío emite niveles de radiactividad 100.000 veces superiores a los niveles admisibles.

El sumergible, que se encuentra actualmente a una profundidad de 1.665 metros, se fue a pique el 7 de abril de 1.989 a 500 kilómetros al norte de las costas noruegas, muy cerca de las islas Svalbard, como consecuencia del incendio causado en la sala de máquinas por un cortocircuito. En el siniestro perecieron 42 de los 69 miembros de la tripulación.

El plutonio de la cabezas de dos de sus misiles y el uranio de los reactores atómicos son la fuente de la emisiones pese a que en su día se llevaron a cabo trabajos en la profundidades para aislar los compartimentos afectados. El entorno es una importante zona de pesca.

La expedición para verificar los niveles de radiación en el mar de Bárents arrancó a comienzos de julio a bordo del buque «G.O. Sars» y empleó un batiscafo no tripulado. Se pudo filmar el pecio del submarino, comprobar su estado y medir la radiación. Fue entonces cuando se comprobó que alcanza las cotas más altas detectadas hasta ahora.

«Los niveles que encontramos marcan 100 becquerels (Bq) por litro», declaró a medios rusos Hilde Elise Heldal, responsable de la expedición y colaboradora del Instituto Noruego de Investigación Marina. Según sus palabras, ya en 2007, durante otras comprobaciones, se detectaron emisiones radiactivas, pero no tan intensas como ahora.

El «Komsomólets» fue construido en los astilleros militares de Severodvinsk (región de Arjánguelsk) en el marco de un proyecto muy innovador para la época. La embarcación fue dotada del sistema de propulsión atómica más potente de entonces, de un costoso casco de titanio y de un motor que le permitía desarrollar altas velocidades. Llegó a batir el récord de inmersión en 1985 (1.027 metros).

Pero el «Komsomólets» no es ni de lejos el único peligro radiactivo que yace en el fondo de los mares. Hasta 1.992, fecha en la que la Convención de Londres prohibió los vertidos de sustancias radiactivas al mar, la antigua URSS sepultó en los mares de Bárents y Kara todo tipo de artefactos nucleares como submarinos enteros y numerosos reactores, uno de ellos perteneciente al rompehielos Lenin, el primero que fue construido en la Unión Soviética.

Según la organización ecologista Bellona, la Armada rusa producía al año en los años 90 más de 20.000 metros cúbicos de residuos radiactivos líquidos y 6.000 toneladas de sólidos, que fueron inicialmente almacenados en los depósitos de la isla de Nóvaya Zemliá y cerca de Vladivostok, en el Extremo Oriente ruso. Ambos sumideros alcanzaron su límite de capacidad y los desechos fueron trasladados a distintos cementerios desperdigados por toda la geografía de Rusia o arrojados directamente al mar.

Según expertos rusos, el mayor peligro de contaminación radiactiva actualmente parte de los submarinos atómicos que naufragaron en la zona del Ártico, como el «Komsomólets», o fueron hundidos sin previo desguace en lugares no muy profundos. Se calculan en unos 17.000 el número de focos radiactivos en los mares de Bárents y Kara. Noruega, país al que este problema afecta de lleno, se mantiene alerta ante cualquier variación de los índices de radiación.

Así lo hicieron sus especialistas durante el reciente incendio sufrido por el submarino nuclear de la Armada rusa AS-31 «Losharik» en el mar de Bárents y, al parecer, no registraron ninguna emisión preocupante. El Ministerio de Defensa ruso aseguró que el incendio, durante el que murieron 14 oficiales, no afectó al reactor.