Putin asegura con una valla la separación de Crimea del resto de Ucrania

Vladímir Putin. /Efe
Vladímir Putin. / Efe

La infraestructura de altatecnología se suma al despliegue de misiles antiaéreos y cazas para proteger una anexión que sólo acarrea sanciones para Moscú

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú (Rusia)

El Departamento Guardafronteras del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB o antiguo KGB) anunció ayer la finalización de la construcción de un gran muro para separar la anexionada Crimea del resto de Ucrania. La barrera, que había comenzado a levantarse en 2015, se extiende a través de más de 60 kilómetros en la zona del istmo de Perekop y, según la nota oficial distribuida por el FSB, está dotada de las más altas tecnologías en materia de seguridad. Cuenta con sensores de movimiento y ondas de radio, cámaras a lo largo de todo su perímetro y está rematada por alambre de espino.

La finalidad de esta valla, explican fuentes de los servicios secretos rusos en declaraciones a la agencia RIA-Nóvosti, es «prevenir intentos de penetración -en Crimea- de saboteadores» ucranianos. En el comunicado se señala que la nueva infraestructura pretende impedir todo tipo de contrabando, especialmente el de armas, narcóticos y alcohol. El istmo de Perekop une la península que ahora Rusia considera suya con la región ucraniana de Jerson.

Moscú se anexionó Crimea en marzo de 2014 como reacción a los sucesos acaecidos en Kiev. La llamada revuelta del Maidán puso en fuga al entonces presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich, un mes antes y el Kremlin introdujo tropas en la península, además de las ya desplegadas en la base de la Flota del mar Negro, bajo la apariencia de rebeldes locales, los conocidos como «hombres verdes».

Al amparo de aquel dispositivo armado «híbrido» se celebró un referéndum a favor de la incorporación de este territorio ucraniano a Rusia que nadie ha reconocido, ni siquiera países aliados de Moscú como Bielorrusia o Kazajstán. El resultado de la consulta, en la que los ciudadanos, supuestamente, apoyaron de forma mayoritaria abandonar Ucrania e integrarse en Rusia, es el argumento que el Kremlin exhibe ante la comunidad internacional para justificar la anexión. Pero hasta ahora sólo ha cosechado sanciones.

Desde el pasado mes de mayo, Crimea está unida a Rusia a través de un enorme puente que tiene casi 20 kilómetros de longitud, inaugurado por el presidente Vladímir Putin. La presencia de esta infraestructura es lo que ha complicado el paso de navíos hacia el mar de Azov a través del estrecho de Kerch. Las autoridades rusas exigen a los barcos ucranianos toda una serie de requisitos que han llevado a que el tráfico quede significativamente limitado.

En este contexto de tensión se produjo justo hace un mes un ataque de patrulleras guardacostas rusas a cuatro buques de la Marina ucraniana. Hubo seis heridos entre los 24 tripulantes ucranianos de la dotación. Todos ellos se encuentran actualmente en prisión preventiva en Moscú a la espera de juicio, bajo la acusación de «violar las aguas territoriales rusas». Pero los marinos de Kiev se consideran «prisioneros de guerra» y se niegan a declarar ante el juez.

«Profunda inquietud»

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, exigieron ayer a Moscú que pongan en libertad a los 24 tripulantes encarcelados. Así reza en un comunicado conjunto difundido por el Elíseo. «La situación de los derechos humanos en Crimea, ilegalmente anexionada por Rusia, el uso de la fuerza militar rusa en el estrecho de Kerch y las inspecciones excesivas en el mar de Azov son fuentes de profunda inquietud», se señala en la nota.

Desde 2014, Rusia no cesa de enviar tropas a la península, ha desplegado misiles antiaéreos S-400 y se dispone, según el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, a reforzar la seguridad en el aire con 10 nuevos cazabombarderos Sujói, Su-27 y Su-30. Por su parte, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, dio por terminada el miércoles la ley marcial decretada hace un mes a raíz de la crisis en el mar de Azov.