Una manifestante se encarama a la Estatua de la Libertad para confrontar las política de Trump

Varios agentes se acercan a la mujer. /AFP
Varios agentes se acercan a la mujer. / AFP

«Hablaba de los niños en Texas», resumieron los policías que hablaron con ella

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (Estados Unidos)

¿Quién es Therese Patricia Okoumou?, se preguntaban este jueves los medios de comunicación. Para empezar, la mujer que robó la luz de los focos a Donald Trump en una fiesta tan señalada como la del 4 de Julio, mientras el presidente reclamaba «más patriotismo» y hacía una barbacoa en la Casa Blanca.

La Estatua de la Libertad iba a brillar al caer el sol con una lluvia de fuegos artificiales sobre su antorcha, faro mundial de las libertades que empiezan a palidecer bajo el gobierno de Trump. Y eso es precisamente lo que quería destacar la entrenadora física de origen congolés que, mientras el presidente saludaba a los militares, se encaramó a la Estatua agitando una camiseta de 'Rise and Resist' (Levántate y Resiste), un grupo de resistencia a sus políticas nacido tras su elección. 'Trump Care is Making US Sick', decía la camiseta que llevaba puesta, en referencia a la política sanitaria del mandatario: «Nos está poniendo enfermos».

Durante horas la figura negra acurrucada en el pedestal de la Estatua de la Libertad fue una incógnita para el país, que la contemplaba en directo por televisión mientras la policía intentaba convencerla para que se bajase. La mujer de 44 años había llegado con el grupo al que se unió hace cinco meses. Ellos se conformaban con descolgar una pancarta en la que pedían la «abolición de ICE», el cuerpo migratorio que aterroriza a los inmigrantes. Pero a Okoumou, una férrea activista, le pareció poco ambicioso. Tan ajeno eran el grupo a sus planes que durante las primeras horas de confusión ni siquiera sabían si era de los suyos. «Nadie en el grupo sabía lo que iba a hacer, así que no podemos decir si lo había planeado o fue algo impulsivo», explicó Jay Walker.

Dos policías que ya tuvieron que descolgar a otro manifestante de la Torre Trump en 2016 treparon por una escalera que Okoumou amenazaba con empujar mientras subían. Tan pronto lograron atarse con arneses a los pivotes, los agentes Brian Glacken y Chris Williams se dedicaron a intentar convencerla para que se bajara sola. «Hablaba de los niños en Texas», resumieron después. «Al principio no era nada amistosa con nosotros, pero nos tomamos el tiempo de dialogar con ella hasta que nos ganamos su confianza y al final hasta nos pidió perdón por habernos hecho subir hasta allí».

La congolesa sabe mejor que nadie lo que es huir de la violencia y está indignada con la política de Trump de utilizar a los niños como rehenes para forzar a sus padres a renunciar al asilo político. Mientras unos alababan la «brillante» protesta que «ha puesto de manifiesto la hipocresía de EE UU celebrando a los padres fundadores, mientras niega la libertad y la humanidad a los inmigrantes», observaba Bree Newsome en Twitter, los turistas de la fiesta patria que se quedaron sin visitar la Estatua clamaban contra «esa loca que nos ha arruinado las vacaciones», le contestaba Tony, un hombre de 69 años que ocultó su apellido. A Okoumou le han caído tantos cargos que esta puede ser la última protesta de su vida.

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