Una pugna nuclear amenaza al mundo

Vehículos con misiles S-400 de medio y largo alcance en un Desfile de la Victoria sobre los nazis en la Plaza Roja./REUTERS
Vehículos con misiles S-400 de medio y largo alcance en un Desfile de la Victoria sobre los nazis en la Plaza Roja. / REUTERS

EE UU suspende hoy el tratado sobre misiles de alcance intermedio después de reiterar que Rusia lo está violando

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva YorkRAFAEL M. MAÑUECO Corresponsal. MoscúJUAN CAROS BARRENA Corresponsal. Berlín

Desde este sábado el mundo vuelve a estar expuesto a una carrera nuclear. Con efecto casi inmediato, el secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció este viernes que EE UU suspende su participación en el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés) con Rusia, uno de los grandes logros de Reagan y Gorbachov para frenar la producción de misiles con rango de entre 500 y 1.500 kilómetros.

«Un regalo para Putin», observó el senador Chris Murphy, ya que el mandatario ruso ha intentado desmantelar el legado de Gorbachov con la misma obsesión que Donald Trump el de Obama. Hace diez años que el Kremlin quiere librarse de las constricciones que le impone para desarrollar armas con una tecnología que no existía en 1987, y al menos cinco años que viola sistemáticamente el acuerdo. Por ese motivo nadie cuestiona la acusación de EE UU, que le culpa de incumplir los términos del INF, aunque sí la reacción que «arriesga una carrera armamentística y socava la seguridad y la estabilidad internacional», dijo la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi.

«No tiene ni idea», zanjó Donald Trump, sin entrar en detalles. Estos días todo se le vuelve muro, así que si alguien socava la seguridad es ella, por no aprobar los fondos para construirlo. La Casa Blanca exhibe la decisión como prueba de que «este presidente está dispuesto a plantarle cara a Rusia», dijo su asesora de comunicación Kellyanne Conway. Los más benevolentes entre sus críticos creen que se ha impuesto la realidad de lo difícil que resulta entenderse con Rusia. Sin embargo, la mayoría teme, como el senador del Comité de Relaciones Exteriores, que Trump siga siendo un topo de Moscú, consciente o inconscientemente

¿Quién dice la verdad?

EE UU
dice disponer de poderosas evidencias de que, en los últimos años, Rusia desarrolló y desplegó un misil que entra en el rango de los prohibidos por el INF. Según informes de fuentes no identificadas, Washington sostiene que Moscú dispondría de un centenar de estos nuevos proyectiles.
Rusia
asegura que los interceptores de misiles balísticos de Washington ya radicados en Rumanía y pronto en Polonia estarían también proscritos por el tratado si llevaran cabezas nucleares. Según los expertos, este riesgo potencial es menor que el atribuido al nuevo misil ruso por EE UU.

Rusia se mostró indignada con la decisión, que no es permanente. La suspensión sigue al plazo de 60 días que el Gobierno estadounidense y la OTAN le habían dado para destruir los misiles que incumplen los términos pactados y todavía da seis meses para una ruptura definitiva «si Rusia no regresa a un completo y verificable cumplimiento». En ese tiempo el Ejecutivo de Trump promete mantener abiertas todas las vías de diálogo.

Al estilo Trump, las negociaciones siempre deben darse desde una posición de fuerza. Como hizo con los acuerdos comerciales, se trata primero de dar un golpe sobre la mesa para mostrar su disposición a volarlo todo y luego, cuando el contrario esté lo suficientemente amedrentado, renegociar los términos. La cuestión es si de verdad desean las partes eliminar ese tipo de armas de sus arsenales.

La amenaza de China

De fondo está la carrera armamentística de China, un país que no suponía amenaza alguna cuando Reagan y Gorbachov se sentaron a negociar el final de la Guerra Fría. Rusia se encuentra desprotegida para hacer frente a ese riesgo en Asia, mientras que EE UU se cree el gran perjudicado porque Moscú y Pekín fabrican impunemente los cohetes prohibidos.

La gota que ha colmado el vaso es la presentación del 9M729 (Novator), que según Rusia vuela a una distancia máxima de 480 kilómetros pero al que la OTAN atribuye mucho mayor alcance. Lejos de minimizar su existencia, el Ministerio de Defensa ruso organizó hace unos días una presentación con corresponsales extranjeros a los que llevó hasta el parque militar de Kúbinka para conocer el polémico proyectil.

Con ese descaro no es de extrañar que desde el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, hasta la canciller alemana, Angela Merkel, responsabilicen a Rusia de la situación y respalden la decisión de EE UU, con la esperanza de que estos seis meses de plazo permitan reconducir la situación. A cambio, Washington asegura que si despliega nuevos misiles en Europa para contener una potencial amenaza rusa no serán nucleares, al menos por el momento.

Merkel respaldaa Washington y Polonia exige un rearme atómico

En una armonía inusual entre Washington y Berlín, la canciller alemana, Angela Merkel, secundó este viernes de inmediato el anuncio de EE UU de que abandona el Tratado de Desarme Nuclear (INF) firmado en 1987 con la URSS. «Para nosotros está claro que Rusia ha violado ese acuerdo», dijo la mandataria en rueda de prensa con su homólogo armenio, Nikol Pashinián. Pese a todo, subrayó que «por la parte germana, el ministro de Exteriores y yo haremos todo lo posible para que en los próximos seis meses sean posibles nuevas conversaciones». Hay que «mantener abierta la ventana del diálogo» con el Kremlin, dijo al añadir que si esas negociaciones no progresan «la OTAN analizará minuciosamente lo que significa y actuará en consecuencia».

El jefe de la diplomacia alemana, Heiko Maas, subrayó desde Bucarest que «un tratado suscrito por dos partes y que es violado por una de ellas ha dejado de estar fácticamente vigente» y afirmó que es necesario situar los temas de desarme y control de armas en la agenda diaria internacional. Maas advirtió, sin embargo, de que la presunta violación rusa no debe conducir a un rearme nuclear del Viejo Continente. «Europa ya no está dividida como en los tiempos del Telón de Acero y por eso todas las respuestas de esa época son inapropiadas para afrontar los retos de ahora», dijo.

Más beligerante se mostró el ministro polaco de Exteriores, Jacek Czaputowicz, quien exigió el despliegue de armas atómicas en Europa. «En nuestro propio interés deben estacionarse en el continente tropas y armas nucleares estadounidenses», dijo a Spiegel Online. Aunque aseguró que la opción de que ese equipamiento sea desplegado en su territorio «no es en absoluto algo que estamos deseando», dijo que Rusia sólo entiende el lenguaje de la fuerza y que de la decisión que tome la OTAN dependerá si Moscú en el futuro «mantiene su agresiva política armamentística».

Moscú reclama «pruebas» de que viola el acuerdo y advierte de que habrá respuesta

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, condenó este viernes la decisión de EE UU de abandonar el tratado de limitación de armas nucleares de alcance medio (Intermediate Nuclear Forces Treaty) de 1987 y aseguró que Washington «no ha presentado ninguna prueba» de que Rusia lo viole. Según Zajárova, «la estrategia de EE UU consiste en eludir los compromisos adquiridos en distintas esferas del Derecho Internacional». La portavoz diplomática asegura que Rusia «está de acuerdo en seguir dialogando», pero advierte de que si los americanos terminan saliéndose del tratado, Moscú «se reserva el derecho a tomar medidas de respuesta».

Horas antes, el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, admitió que, a juzgar por las declaraciones del presidente Donald Trump, «la salida de EE UU del INF es irreversible» y alertó de los peligros para Rusia, ya que «quedaría en una situación de máximo riesgo».

«Esta partida ya está jugada. Los estadounidenses, por supuesto, rechazarán finalmente al tratado. De esa forma, asestarán un golpe brutal al todavía vigente sistema de control de armamentos y a la no proliferación de armas de destrucción masiva», añadió Riabkov. Explicó que «en uno de los peores escenarios podrían aparecer ahora mismo en Europa 24 misiles de crucero estadounidenses Tomahawk con cargas nucleares», que se unirían a otros 24 a desplegar en Polonia. «No podremos ignorar tal amenaza», advirtió el viceministro ruso.

El recuerdo de la URSS

EE UU y la OTAN consideran que el nuevo misil ruso 9M729 (Novator) tiene un alcance superior a los 500 kilómetros que declara Moscú y su aparición es precisamente lo que viola el INF. Pero las autoridades rusas lo niegan. De ahí que rechazaran el ultimátum de 60 días, que vence este sábado, lanzado desde Washington para que Rusia se deshiciera «verificablemente» de todos los Novator fabricados.

Los expertos señalan que, con ligeras modificaciones, el 9M729 puede convertirse en un cohete de alcance medio, pero, en el actual contexto militarista en Rusia, renunciar a este arma por imperativo de Washington supondría un duro golpe para la autoridad del presidente Vladímir Putin en el plano interno. Sin embargo, en el Kremlin preocupa y mucho que se desate una nueva carrera de armamentos que el país no pueda asumir económicamente, como le sucedió a la Unión Soviética. Aquel esfuerzo por contrarrestar la amenaza estadounidense terminó reventando la URSS.