Chequeo a los niños de Tailandia: Muy débiles tras 16 días bajo tierra

Los menores serán tratados de desnutrición, deshidratación, sensibilidad a la luz y otros males

PABLO M. DÍEZMAE SAI (TAILANDIA) ENVIADO ESPECIAL

Antes de ser rescatados este domingo, un médico australiano entró en la cueva e hizo un completo chequeo a los niños evacuados para comprobar que podían emprender tan duro viaje a la superficie. Después de 16 días a 600 metros de profundidad, y sin apenas comida durante una semana, su salud se ha resentido y estaban tan débiles que, cuando fueron encontrados, algunos de ellos no podían ni moverse.

Medicados y recuperados con alimentos calóricos, los muchachos no solo han tenido que ponerse en pie en un tiempo récord, sino también aprender a nadar y bucear para salir de la caverna. Un esfuerzo titánico a pesar de que sus pulmones se deben de haber resentido porque los niveles de oxígeno de la cueva han caído al 15 por ciento, muy por debajo de los parámetros «óptimos» de entre el 19,5 y el 23,5 por ciento que necesita el ser humano para respirar adecuadamente.

«Los niños están preparados física y mentalmente», aseguró el gobernador, Narongsak Osottanakorn quien insistió en que los técnicos de salvamento han esperado hasta garantizar el éxito de la misión «al cien por ciento». Mientras uno de los cuatro rescatados está bajo observación en el hospital, los otros tres serán tratados de desnutrición, deshidratación, sensibilidad a la luz y otros males por pasarse tanto tiempo bajo tierra.

Delicado rescate

Con más éxito del que se esperaban, como reconoció el propio gobernador provincial, las autoridades de Tailandia lograron ayer rescatar a cuatro de los doce niños que llevaban más de dos semanas atrapados en una cueva junto a su entrenador de fútbol. «Después de 16 días, finalmente hemos podido ver las caras de los Jabalíes», anunció el gobernador, Narongsak Osottanakorn, refiriéndose al nombre del equipo en el que juegan los muchachos en Mae Sai, al norte del país en la frontera con Birmania. De inmediato, un emocionado aplauso rompió entre los cientos de periodistas que han venido de todo el mundo para seguir este drama que tiene en vilo al planeta.

Con un despliegue total de 90 buzos, 50 extranjeros y 40 tailandeses, los niños fueron sacados de los 600 metros de profundidad en que se encontraban. En medio de una oscuridad casi total, tuvieron que atravesar cinco kilómetros de oscuras y peligrosas grutas, algunas inundadas y con cavidades de apenas de un metro de ancho. A pesar de la dificultad del recorrido, los 13 buzos extranjeros y cinco tailandeses que llevaban a los muchachos ascendieron a la boca de la caverna varias horas antes de lo previsto.

Tras haber partido en su búsqueda a las diez de la mañana (cinco de la madrugada, hora peninsular española), se esperaba que estuvieran de regreso a las nueve de la noche (cuatro de la tarde en España). Gracias a que en la cueva había bajado el nivel del agua hasta el mínimo de la última semana, el grupo pudo hacer la mayor parte del recorrido andando.

Bendecidos por la fortuna, los chicos también salieron airosos de las arriesgadas inmersiones que les esperaban en esta odisea subterránea con la diestra ayuda de los buzos. Para ello, iban pertrechados con máscaras completas que les cubrían toda la cara y les permitían respirar con normalidad. Con dos buzos llevando a cada niño, y siguiendo la ruta agarrándose a una cuerda que les servía de guía, tuvieron que quitarse la bomba de oxígeno para pasar al otro lado en las cavidades más estrechas, como un hueco de solo 72 centímetros de ancho por 38 de alto. Una compleja operación, y más en grutas donde no se puede ver nada por el fango y hay fuertes corrientes, que despertaba todos los temores por la corta edad de los muchachos, que solo tienen entre 11 y 16 años y han aprendido a nadar y bucear en los últimos días. Dando buena cuenta de la peligrosidad de este trayecto, un buzo pereció el viernes en una inmersión durante los preparativos del rescate.

Desmontando tales miedos, el primer niño se adelantó al horario previsto y salió de la cueva a las 17:40 (12:40 en España), mientras que el segundo lo hizo diez minutos después. Dos horas más tarde, emergían otros dos, todos por su propio y aparentemente en buen estado. En dos minutos, eran trasladados en ambulancias a los helicópteros que permanecían en las inmediaciones de la caverna para evacuarlos al hospital de Chiang Rai, la capital provincial, a 60 kilómetros. Aunque se hallan todos a salvo, uno de ellos está siendo observado por los médicos. En medio de la confusión provocada por un sinfín de rumores, se habló incluso de que otros dos niños más habían atravesado ya la zona peligrosa de rutas, pero las autoridades no lo confirmaron.

«Nuestra operación ha tenido más éxito del que esperábamos», se congratuló el gobernador, quien avanzó que el rescate continuará hoy lunes. Antes, los buzos del dispositivo deben colocar nuevas bombonas de aire de reserva en las grutas del recorrido, donde los niveles de oxígeno han bajado por la presencia masiva de submarinistas. Una vez repuesto el suministro, lo que requiere unas diez horas de trabajo, el segundo equipo de rescate partirá en busca de los ocho niños que quedan y el adulto, de 25 años.

Al igual que en la primera expedición, el tiempo corre en su contra porque ayer volvieron las fuertes lluvias del monzón, que continuarán durante toda esta semana y podrían complicar la evacuación al elevar de nuevo los niveles de agua dentro de la cueva.

Al anunciar durante la mañana el inicio de la misión, el gobernador había dicho que «hoy es el Día D», que se cerró con éxito anoche. Después de dos semanas de incertidumbre y angustia por el destino de los muchachos, sus padres pudieron por fin abrazar ayer a cuatro de ellos. Tailandia y el mundo respiran un poco más aliviados. Pero hoy volverán a contener el aliento ante el rescate del segundo grupo, más peligroso aún si cabe por el diluvio que cae desde ayer sobre Mae Sai.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos