Las Abuelas de la Plaza de Mayo argentinas presentan a su 'nieto' 130

El 'nieto' 130 se abraza a su tío rodeado de las Abuelas./EFE
El 'nieto' 130 se abraza a su tío rodeado de las Abuelas. / EFE

Celebran el hallazgo de un niño del que se perdió la pista en 1977 con cuatro meses, pero recuerdan que aún quedan 309 desaparecidos durante la dictadura militar

MARCELA VALENTECorresponsal. Argentina

Con una mezcla de emociones, las Abuelas de Plaza de Mayo argentina presentaron ayer en Buenos Aires al 'nieto' 130, un hombre de 42 años, hijo de desaparecidos durante la dictadura militar (1976-83), que acompañó el anuncio de su restitución sin poder soltar la mano de su tío biológico, que lo buscó incansablemente por más de cuarenta años.

Se trata de un nuevo hallazgo de las Abuelas, el organismo creado en 1977 para dar con niños desaparecidos o nacidos durante el cautiverio de sus madres. Faltan otros 309. «A seguir buscando», exclamó la presidenta de la entidad, Estela de Carlotto, al final de la rueda de prensa.

Con apenas cuatro meses de vida, Javier Matías Darroux Mijalchuk fue encontrado en 1977 en la calle por una mujer, cerca de la exESMA, el mayor centro clandestino de detención ilegal que funcionó en esa sede de la Armada. Su padre, Juan Manuel Darroux, había desaparecido, y su madre, Elena Mijalchuk, fue vista por última vez con el pequeño allí, cerca de la ESMA.

El bebé fue dado en adopción y se crió con «una familia maravillosa», reconoce ahora su tío, Roberto Mijalchuk. Amigos y familiares instaban a Javier a denunciar su caso a las Abuelas para conocer la verdad de su origen, pero él se tomó su tiempo. En 2016 se hizo los análisis y confirmó que era hijo de desaparecidos. «Tenía la certeza, pero creía que estaba bien así. Hasta que entendí el egoísmo de mi postura», explicó ayer. «Tenía que ser consciente de que alguien podía estar buscándome. Y entonces tomé la decisión de dejar una muestra», relató.

Se refiere a una muestra de sangre ante el Banco Nacional de Datos Genéticos para cotejarla con la de familiares de desaparecidos. El laboratorio confirmó que era hijo de Darroux y de Mijalchuk con el 99,9 % de certeza. Lo supo en 2016, pero no se atrevía a llamar al tío. «Nunca bajó los brazos», lo homenajeó Javier ayer. También dio las gracias a su esposa, amigos, a las Abuelas y a funcionarios que trabajaron en la restitución de su identidad.

«Soy el tío de Javier»

Las Abuelas sugieren que en estos casos se espere a que el nieto se comunique con la familia biológica. Pero el tío no aguantó más la espera y un día lo llamó. «Soy el tío de Javier», se presentó por teléfono cuando la esposa del sobrino le atendió. Ella ni siquiera sabía quién era Javier. Ése era el nombre que sus padres le habían dado al nacer.

Javier explicó que sobre sus padres no hay certezas. Se sabe, sí, que Elena estaba embarazada de dos meses y el tío cree que pudo haber sido arrojada al río en los llamados 'vuelos de la muerte' en los que se buscaba ocultar definitivamente el cuerpo del delito.

Desde 2016 Javier realiza trámites para cambiar sus documentos y títulos educativos. Pero le faltan «piezas del rompecabezas», dice. Quiere saber más de sus padres y confirmar si su madre llegó a dar a luz. En tal caso busca saber qué pasó con ese niño o niña. Por eso él mismo pidió ayer a los que tienen dudas sobre su origen que no lo posterguen más: «tomen coraje y acérquense». «Las Abuelas son abrazos», finalizó para alejar todo tipo de temores.