«Encontrarlo nos ha devuelto la vida»

Los nietos, Juan Luis y Francisco, con Victoria Domínguez, directora de la exhumación, muestran las postales. / lp
Los nietos, Juan Luis y Francisco, con Victoria Domínguez, directora de la exhumación, muestran las postales. / lp

La búsqueda de descendientes de la víctima, Francisco Sanz Herraez, ha sido posible a través de las redes sociales Los familiares del represaliado de Paterna reciben las cartas localizadas en la fosa con «mucha emoción»

ADA DASÍPATERNA.

Visiblemente emocionados, Francisco y Juan Luis Sanz Martínez visitaron ayer el cementerio de Paterna donde fue hallado el cuerpo de su abuelo, Francisco Sanz Herráez, casi 70 años después, en la fosa 127 de los represaliados por el franquismo y cuya identificación fue posible a través de las cartas encontradas en un bolsillo. «Nos ha devuelto la vida, porque podemos enterrar su cuerpo dignamente», señalaban. «La emoción que siento ahora supera el crimen franquista», comentó Francisco.

La búsqueda de los descendientes fue rápida. Tras descubrir las cartas, escritas por la mujer del fallecido, Nieves Monzó, y uno de sus amigos, Antonio Pons, la dirección de la excavación que promueve la Diputación, se puso en contacto con la Asociación Víctimas del Franquismo de la Fosa 127 que recurrió a las redes sociales y a la colaboración ciudadana para dar con ellos, ya que la familia no lo había reclamado. «Lo dábamos por desaparecido, asesinado y enterrado», comentaron los nietos.

La arqueóloga Victoria Domínguez, de la empresa Cavea Patrimonio Cultural, que dirige las excavaciones, apuntó que con esto «el círculo se ha cerrado». «Es muy gratificante poder entregar el cuerpo a los familiares y ha sido fácil gracias a las cartas», añadió.

El cuerpo se encontró en posición fetal, vestido con una americana donde estaban las postales

Domínguez explicó que el cuerpo se encontraba en la última saca, la más profunda, en posición fetal y con la ropa casi intacta porque las condiciones de humedad y temperatura lo han permitido. «Las cartas las llevaba en el bolsillo interior de una americana bastante gruesa», son cinco postales de la mujer, que todavía son legibles y en ellas se muestran los esfuerzos desesperados por sacarlo de la cárcel.

La mujer le cuenta como se ha encontrado con un vecino que le ha preguntado por él y le dice que ha hablado con el juez y el ejército. También le envía besos de sus hijos. En una de ellas escribe que «el lunes te llevaré un plato, una cuchara y una manta», este dato, otras postales en blanco y un sobre con sellos, da a entender que los dos mantenían contacto por correo.

Las cartas están fechadas desde el 25 de mayo de 1940 hasta junio, ya que el día 13 de julio fue fusilado y enterrado en la fosa común 127 del cementerio de Paterna. La misiva del amigo, escrita en pluma, tiene que inspeccionarse de forma más detenida porque está prácticamente borrada.

Los dos nietos comentaron que su abuelo era zapatero en Benimàmet, «una profesión con la que se ganaba dinero» aunque «no tenía nada que ver con la política». Los dos relatan la misma historia de cuando su abuelo fue detenido. «Era la tercera vez que se lo llevaban. Mi tía, que tenía 9 años, salió corriendo y golpeó la puerta del camión donde estaba metido y mi padre, con seis años, iba cogido a su falda» y añaden que «eso la trastornó de por vida, por el terrorismo de Franco».

Ambos están muy agradecidos por el hallazgo del cuerpo de su abuelo y explicaron que su padre «todavía no es consciente de que lo han encontrado. Lo hemos llevado al hospital a ver si se recupera porque está semiconsciente». Ahora aún les queda hacer una última cosa para completar la historia que es averiguar el motivo de su muerte o quién fue el que lo acusó, unos datos que están registrados en el Archivo General Militar de Madrid. «La idea es ir allí para, a partir de este momento, que es el punto cero, reconstruirlo todo», aseguró Juan Luis.

Los descendientes de Francisco Sanz Herráez, que son 12 nietos y bisnietos, residen en poblaciones cercanas a Valencia como Bétera, Riba-roja o Burjassot y en otros lugares como Barcelona o México.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Víctimas, Juan José González, expresó la «alegría» de ver que la exhumación iniciada el 6 de junio da sus frutos y que se ha podido encontrar a los familiares «sin necesidad de ADN ni ninguna prueba». Mientras, continúa la exhumación de los 40 cuerpos restantes que faltan de los 148 que había en la fosa común, a la espera de poder recuperar restos biológicos y compararlos con los de los familiares que han reclamado.