Una firma química y otra cárnica, entre las afectadas

«Aún no sabemos los daños concretos porque no nos han dejado acercarnos», explica una pyme de productos de limpieza

I. HERRERO VALENCIA.

Los damnificados del incendio de Paterna. «Es un desastre, aún no sabemos los daños concretos porque no nos han dejado acercarnos pero la sensación es que lo hemos perdido todo». Así resumían a LAS PROVINCIAS, desde otro de los negocios afectados por el incendio originado en Indukern, la incertidumbre y la creciente preocupación con la que aguardaban el momento de comprobar el estado de sus naves.

Los trabajadores de Caselli, una pyme fabricante de productos de limpieza fundada en 1965, escucharon «una explosión, como una bomba, seguida de un terremoto en el que tembló toda la nave como si se fuera a venir abajo». Según explica su portavoz, Tatiana Roig, el personal de oficina bajó a la zona de fabricación y almacén para ver qué sucedía, pensando que era dentro de la propia empresa, e inmediatamente pusieron en marcha el protocolo de seguridad para desalojar la empresa.

Cuando la veintena de trabajadores de Caselli salieron a la calle, vieron «varias explosiones en la zona de detrás y bidones volando» y, ante el temor de que el fuego se extendiese a sus instalaciones, se apresuraron a abandonar la zona. Poco después, los policías les confirmaban que su empresa estaba ya en llamas.

Esta pyme valenciana, con 52 años de historia, está entre las más afectadas por el incendio de Indukern, junto con otros negocios colindantes como la firma de accesorios para mascotas Arppe o la fabricante de productos cárnicos Gourmet, empresa familiar fundada en 1978 y referente en su sector con las marcas Picken y La Cuina. Según su director general, Jaime Álvarez, a falta de comprobar los daños exactos, al menos ha ardido media fábrica. «Es una verdadera catástrofe», subrayó.

En Caselli, la fachada principal seguía en pie, aunque los cristales habían estallado, y en la parte trasera se había hundido el techo. «Mañana evaluaremos los daños pero es un desastre, estamos muy preocupados por el futuro y por las veinte familias que dependen de nosotros», admitía ayer Roig, nieta del fundador.