Valls y Gallardo cortan su ensaimada de boda

Sobre estas líneas, la pareja baila 'Volare'. Arriba, una imagen del día después. / efe / instagram
Sobre estas líneas, la pareja baila 'Volare'. Arriba, una imagen del día después. / efe / instagram

De blanco, él en guayabera y sombrero panamá, bailaron 'Volare' de los Gipsy Kings ante sus invitados. Al día siguiente, paella para todos

I. IBÁÑEZ

Mira que era difícil superar la boda de Pilar Rubio y Sergio Ramos, especialmente ese momento con sabor a mermelada de kitsch, perdón, kirsch, en el que ambos sobrevolaron la fiesta montados en un dragón... Pues, sin buscarlo, Manuel Valls, el concejal barcelonés antes conocido por ser primer ministro francés, hizo sombra a la pareja del futbolista y la modelo, tocando también el cielo el día de su enlace y de una forma mucho más sencilla; ni más ni menos que bailando desenfrenadamente el 'Volare' de los Gipsy Kings junto a su ya esposa Susana Gallardo, empresaria catalana con la que firmó los papeles oficiales de casamiento el pasado lunes en el Registro Civil de Barcelona. Encima ha durado tres días, como una boda gitana. ¡Y en vez de pastel, ensaimada gigante!

La fiesta se celebró este sábado en Menorca -donde se conocieron el verano del pasado año-, en la propiedad que la heredera de los laboratorios Almirall tiene en Binidalí, Mahón (tres plantas de unos 570 metros cuadrados). Aunque en realidad las celebraciones empezaron el viernes en las bodegas de Binifadet, en Sant Lluís, y continuaron ayer en el Club Náutico de Binisafua con una paella para 80 invitados. El sábado, sin embargo fueron 150, y entre los más famosos estuvieron Isabel Preysler y su marido, Mario Vargas Llosa, y Pedro J. Ramírez junto a su mujer, Cruz Sánchez de Lara. También asistieron los tres hijos de Gallardo y los cuatro de Valls. No estuvieron Albert Rivera ni su pareja, Malú, tras el 'divorcio' político de Valls con el presidente de Ciudadanos, formación que le encandiló y de la que luego huyó, cual novio a la fuga.

El caso es que los novios optaron ambos por el blanco para desposarse, aunque no a la manera tradicional: el político llevaba una guayabera blanca que parecía hecha de transparencias, un sombrero panamá y unas zapatillas, mientras que ella se decantó por un diseño de Ze García, un vestido ajustado inspirado en los años dorados de Hollywood. Muy balear.

Servilletas en alto

La aparición de los novios fue apoteósica; surgieron con los primeros acordes de 'Volare' y tomaron el centro de la pista. Los invitados agitaban las servilletas para animar a la pareja. El novio había protagonizado un momento memorable al aparecer en albornoz antes de la celebración para comprobar que todo estaba listo, cuenta el diario 'Mira Menorca'. Y según 'Vanitatis', los asistentes disfrutaron de crema fría de tomate, rape con butifarra, sorbete de mojito... y una gran ensaimada de dos metros de diámetro aderezada con nata y chocolate caliente en vez de la típica tarta de bodas. Para pasar el trago, blanco de Alella, tinto de La Rioja Alta y champán rosé.

Al día siguiente, los novios posaron junto al mar y no dudaron en dedicarse arrumacos y besos ante las cámaras, él con otra guayabera, esta vez azul, y ella con un vestido blanco largo rematado en su parte inferior con palmeras. Fin de la fiesta (tras la paella, claro).