Son muy ricos y no lo saben

Avinyonet del Penedès. Vista de este municipio barcelonés de 1.600 habitantes, dedicado a la elaboración de cava. / R. C.Mauricio Botton y Carlota, su mujer. :: R. C.
Avinyonet del Penedès. Vista de este municipio barcelonés de 1.600 habitantes, dedicado a la elaboración de cava. / R. C.Mauricio Botton y Carlota, su mujer. :: R. C.

El nieto del fundador de Danone aúpa a Avinyonet al segundo puesto de los municipios con mayor renta per cápita

FERNANDO MIÑANA

El caso de Avinyonet del Penedès, un pueblecito de 1.600 habitantes a 50 kilómetros al sur de Barcelona, debería darse en las facultades de Economía. Su ejemplo sirve para ilustrar la importancia de sacar la mediana -el cálculo que elimina los extremos- en vez de la media, que es lo que ha hecho la Agencia Tributaria para establecer su lista anual de municipios españoles de más de mil habitantes con mayor renta per cápita. Su estimación ha elevado este año a Avinyonet, donde básicamente viven del cava, hasta la segunda plaza, incrustado entre municipios de los alrededores de Madrid y Barcelona rebosantes de cuellos blancos.

La noticia cogió por sorpresa a los vecinos de este rincón del Alt Penedès, que no tenían ni idea de que 'eran' tan ricos, con una renta bruta media de 57.843 euros, cerca del doble de lo que les salió el ejercicio anterior. El alcalde, César Herráiz, no quiere soltar prenda, aunque se permite bromear sobre el asunto con 'La Vanguardia': «Lo que está claro es que no es por culpa de mi patrimonio».

Los vecinos no son tan reservados y la mayoría sospecha que este subidón se debe a alguna operación financiera de su vecino Mauricio Botton Carasso, nieto del fundador de Danone y propietario de la cuadragésimo quinta fortuna en España, con más de 500 millones de euros.

Mauricio, que ya es octogenario, fue durante cuarenta años jefe de I+D y calidad de Danone. En 2015 vendió su participación en la empresa famosa por los yogures. Entonces ya hacía treinta años que había comprado un terreno entre las colinas de Avinyonet y Mont-Roig, al sur de Barcelona, para plantar olivos, el árbol que siempre les había fascinado a él y a esa parisina llamada Carlota, su mujer.

En esa tierra, donde crearon el mayor oliveral de la comarca, con 300 hectáreas de cultivo, decidieron que estaba su lugar. Así que le encargaron al arquitecto francés de origen armenio Alain Daronian que diseñara su casa, donde viven -aunque viajan con frecuencia a Barcelona y París- rodeados de diseño y valiosos cuadros firmados por Picasso, Juan Gris o Andy Warhol. Y al español Jaime Pons le pidieron una fastuosa almazara valorada en cinco millones de euros.

Familia de judíos sefardíes

Todo aquello es conocido como la Finca La Gramanosa, que se dedica a la elaboración de aceite de oliva virgen extra de alta calidad, con cuatro marcas diferentes premiadas en España, Italia, Japón, China o Estados Unidos. Tiene ocho variedades diferentes de aceituna, aunque la mayor parte es alberquina.

Mauricio Botton es nieto de Isaac Carasso, nacido en Tesalónica, en la actual Grecia, y descendiente de los judíos sefardíes que habían sido expulsados de España cuatrocientos años antes. Vivió entre 1874 y 1939, cuando murió y fue enterrado en el cementerio judío de Bayona, en el País Vasco francés. Antes se mudó con su familia -su mujer, Esther, y sus hijos Daniel, Flor y Juana-a Barcelona, donde fundó, el día de Reyes de 1919, Danone, inspirándose en el nombre de su hijo en judeoespañol, Danon, para bautizar su pequeña empresa de yogures.

Isaac había aprendido la receta del 'jaurt' de un pastor búlgaro y, nada más llegar a Barcelona, se puso a elaborar este alimento en un piso del Raval mientras se dedicaba a correr la voz de que tenía propiedades medicinales y que su consumo era recomendado por todo un Premio Nobel como Ilya Metchnikoff. Su producto, envasado en tarros de porcelana, se vendía en las farmacias.

Su hija Juana fue la madre de Mauricio Botton. La otra, Flor, murió en una cámara de gas de Auschwitz. Y el chico, Daniel, se convirtió en el responsable de la expansión de Danone. Primero abrió la primera tienda en París y después, aprovechando que tuvo que huir de Francia durante la II Guerra Mundial, por ser judío, creó una filial en Estados Unidos.

Daniel Carasso, que vivió 103 años (1905-2009) y estudió bacterología en el Instituto Pasteur, regresó a Francia tras la contienda, en 1951, para retomar el negocio en Europa. Dos décadas después le cedió las riendas a Antoine Raboud, dueño del fabricante de vidrio BSN, que ya había comprado Evian y Kronenburg, aunque siguió ligado a Danone prácticamente hasta su muerte.

Su ejemplo inspiró a su sobrino Mauricio, quien, camino de los 90, no quiere dedicarse a la vida contemplativa. «La palabra jubilado es deprimente», ha asegurado este vecino de Avinyonet, el pueblo de los ricos que, en realidad, no lo son.