Puntapié a los prejuicios

Las jóvenes jugadoras camerunesas, en la Rail
Foot Academy. En primer plano, Gael Dule
Asheri, de 17 años. :: Zohra BensemraReuters/ /
Las jóvenes jugadoras camerunesas, en la Rail Foot Academy. En primer plano, Gael Dule Asheri, de 17 años. :: Zohra BensemraReuters / /

Algunas jóvenes africanas se rebelan contra el machismo a través del fútbol. El Mundial es una utopía para ellas

FERNANDO MIÑANA

Gaelle Enganamouit ya se ha ido de Málaga. La camerunesa estuvo dos meses en el equipo andaluz y llegó a un acuerdo con el club para jugar al fútbol en otra parte. Como en los días felices en el Rosengard de Suecia, donde se dio el gustazo de correr al lado de su inspiración, la brasileña Marta. Quizá por eso, Gaelle se ha empeñado en ser ella ahora la que inspira a otras mujeres y en enero inauguró Rail Foot Academy, una academia para formar a decenas de chicas en Yaundé (Camerún).

Esta futbolista profesional quiere que tengan de todo, que si no llegan a triunfar sea por falta de talento, no de oportunidades. Y así permite que cada día esas niñas vayan al campo de entrenamiento y se esfuercen pensando en que algún año, quizá, jueguen con las Leonas una Copa del Mundo como la que empezó ayer en Francia incluso, como hizo Gaelle ante Ecuador en la pasada edición, puedan marcar tres tantos en la goleada de su selección (6-0).

La primera hornada incluye a setenta jóvenes, como Gaelle, otra Gaelle, Dule Asheri, que tiene 17 años y, como la mayoría, tuvo que plantar cara a los prejuicios sociales. Su familia no veía con buenos ojos que la niña jugara al fútbol, «una cosa de hombres». Pero a ella no le importó cuando era una niña y jugaba al fútbol en las calles de tierra de su barrio. Así que, si no se asustó entonces, no lo va a hacer ahora en una academia que le ofrece entrenadores profesionales, equipación, fisioterapeuta y orientación. Además de una escuela, allí mismo, por si el fútbol no cumple sus aspiraciones.

Camerún no es muy diferente a otros países de África donde las sociedades machistas y musulmanas no asumen que las mujeres tengan derecho a jugar al fútbol y a lo que les dé la gana. Aunque sean tan respetuosas como las chicas de Somalia, un equipo de mujeres que llegan al campo al alba, cuando el calor aún permite el ejercicio, se despojan de sus hiyab y se quedan en ropa de deporte con el cabello cubierto por gorros o capuchas y sus piernas ocultas por mallas.

Son las Golden Girls Centre, un equipo de Mogadiscio que se ha convertido en el primer club del país gracias a la generosidad y amplitud de miras de Mohamed Abukar Ali, de 28 años, un aperturista que se animó a dar una oportunidad a 60 jugadoras al ver que no había ni un solo conjunto femenino en todo el país.

Mejor como juguete sexual

Saltando por el mapa no es difícil encontrar otros casos de mujeres marginadas en el deporte. Como en Burundi, donde la actividad femenina es prácticamente inexistente. Allí, por ejemplo, no hay equipo nacional de baloncesto ni de voleibol. Contravenir los convencionalismos puede equivaler a jugarse el tipo. Porque hay muchísimos hombres que no aceptan ni permiten que las mujeres se vistan con ropa deportiva. Ellos, que tienen el poder, opinan que es inadmisible. «Es como si fueran desnudas», argumentan.

La página web africafundacion.com ha abordado este asunto en varios artículos y detallan que en algunos países el fútbol femenino está «totalmente abandonado» . O, peor aún, algunos hombres prefieren verlas como juguetes sexuales en quienes invertir, en lugar de en deporte, en comprarles alcohol para abusar de ellas. En Camerún, al menos, hay esperanza, la de Gaelle. «Es importante que las mujeres tengan su propio espacio y estén mejor representadas».