Pierre Casiraghi, pijo con causa

El curtido navegante Pierre Casiraghi, a la derecha, pone rumbo a Nueva York con la adolescente Greta a bordo del 'Malizia II'. / efe
El curtido navegante Pierre Casiraghi, a la derecha, pone rumbo a Nueva York con la adolescente Greta a bordo del 'Malizia II'. / efe

El príncipe monegasco cruza el Atlántico con la ecologista Greta Thunberg en un velero sin baño, camarotes ni cocina

ARANTZA FURUNDARENA

Greta Thunberg quería participar en la cumbre climática de la ONU prevista para el próximo 23 de septiembre. Pero tenía un problema. Ella vive en Suecia, la cumbre se va a celebrar en Nueva York y Greta, la Juana de Arco del ecologismo milenial, se niega en redondo a montarse en un avión, porque los aviones contaminan. Los cruceros, también. Así que el problema era doble. Sin embargo, a Thumberg, creadora de los 'Fridays for Future', otra cosa no, pero iniciativa le sobra, de manera que lanzó un aviso a través de Twitter preguntando cómo podía ella cruzar el Atlántico en plan 'cero emisiones'. Una especie de mensaje en una botella que recogió el curtido navegante e hijo de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi.

Pierre le hizo una oferta a Greta que, por coherencia, no podía rechazar (aunque quizás le hubiera gustado). Dos semanas a bordo de un velero de 18 metros de eslora, sin baño, ni ducha, ni cocina, ni camas... Es decir, una especie de 'Supervivientes' extremo pero por una buena causa. Y Thunberg dijo que sí. «Será agotador -comentó-, pero lo importante es llegar». Ni Colón, cuando zarpó del Puerto de Palos, lo habría resumido mejor...

El 'Malizia II' partió el miércoles de Plymouth (Gran Bretaña) y ayer navegaba por el Golfo de Vizcaya siguiendo los vientos que lo llevarán hasta América. A bordo viajan el príncipe monegasco Pierre, de 31 años, y Greta, la reina del ecologismo global, de solo 16. Les acompañan el padre de la activista, Svante Thunberg, así como el regatista Boris Herrmann, con quien Casiraghi se alternará al timón. También va con ellos un documentalista encargado de grabar toda la travesía, de la que luego tendremos libro, película y puede que camisetas y todo ese 'merchandising' capaz de dejar tanta huella de carbono como la que ellos pretenden ahorrarnos.

El príncipe monegasco, hijo de Carolina, es adicto a los deportes extremos

Simpático, cercano y natural, al hijo menor de Carolina lo recuerdan con cariño hasta los paparazzi de Palma, donde ha participado un par de veces en la Copa del Rey de vela con su espectacular catamarán volador 'Malizia', un 'juguete' de 300.000 euros. Nació entre algodones, pero se quedó huérfano a los dos años. Y casi tiene sentido que solo navegue a vela porque Stéfano, su padre, se estrelló pilotando una lancha ultrarrápida con dos motores de 800 caballos.

Contagiado por el virus del activismo, Pierre pertenece a esa estirpe de ricos y famosos que han pasado de ser simplemente pijos a convertirse en pijos con causa. A él la ecología le interesa desde niño. Quizás desde aquel exilio provenzal, elegido por su madre al enviudar, que le obligo a pasar la infancia en el bucólico pueblecito de Saint-Rémy. Su mujer, la italiana Beatrice Borromeo, también es otra concienciada aristócrata, célebre por sus dardos contra Berlusconi y su documental sobre la mafia, aunque desde que fue abducida por la vida monegasca ya apenas ejerce como periodista. «Pierre tiene una vida absurda», ha llegado a afirmar Beatrice en referencia a su hiperactividad.

Ahora el imparable Pierre cruza el Atlántico junto a la no menos arrolladora Thunberg en un velero sin camarotes y con un humilde hornillo de camping como cocina... Lo que resulte de tan extrema aventura decidirá el mensaje que Greta lance ante la ONU en septiembre... O que regrese directamente a Suecia en un vuelo regular.