El peso de las cadenas

Un grupo escultórico recuerda la esclavitud en el Legacy Museum de Alabama. / bob miller
Un grupo escultórico recuerda la esclavitud en el Legacy Museum de Alabama. / bob miller

El Congreso de Estados Unidos estudia compensar a los descendientes de los esclavos por su exclusión del estado de bienestar

CAROLINE CONEJERO

En enero de 1989, el congresista afroamericano John Conyers presentó una ponencia en el Congreso de Estados Unidos, la H.R. 40, pidiendo la aprobación de una Ley para el Estudio de Propuestas de Reparación a los Afroamericanos descendientes de esclavos. Cada año, durante casi tres décadas y hasta su retiro, Conyers introdujo sin éxito la H.R. 40 en la Cámara legislativa.

Este año, por fin, cuando se cumplen 400 años de la llegada de los primeros barcos de esclavos a Norteamérica, el Comité Judicial del Congreso celebró por fin la primera audiencia de la H.R. 40. Eligió para hacerlo una fecha de alto valor simbólico: el 19 de junio, coincidiendo con la conmemoración del Junetheenth, día del anuncio de la liberación de los esclavos en el Sur.

La legislación emplaza al Gobierno federal a realizar un estudio sobre el impacto de la esclavitud y sus secuelas en el ámbito social, económico y político del país. Se estima que unos 4 millones de esclavos fueron liberados con la abolición en 1865. Terminaban así casi dos siglos y medio de una práctica cruel pero intrínsecamente vinculada a un desarrollo económico sin precedentes que permitiría al incipiente Estado convertirse en la nación más próspera del mundo.

El pecado original de América es, así, más antiguo que la propia nación, y tan profundamente inseparable de su capitalismo a ultranza que, para el escritor afroamericano Ta-Nehisi Coates, es imposible imaginar América sin la herencia de la esclavitud y sus secuelas.

Las secuelas

Esclavitud encubierta
A la Proclamación de la Abolición por el presidente Lincoln el 1 de enero de 1863 y la aprobación por el Congreso de la Decimotercera Enmienda en 1865 siguió un siglo de esclavitud por otros medios.
90 años
de segregación, apropiación económica y terrorismo supremacista bajo las leyes de Jim Crow prolongaron la discriminación. Y a este periodo le siguieron 60 años de 'separados pero iguales' bajo el racismo estructural de la política financiera, la vivienda, educación y salud. Todo atado por un sistema penal que, hasta hoy, continúa encarcelando afroamericanos desproporcionadamente.
El Junetheenth
El 19 de junio, el Junetheenth, conmemora el día en que las tropas de la Unión entraron en Galveston (Texas) en 1865 anunciando el fin de la guerra civil y que los esclavos eran libres.

En un conocido artículo publicado en 2014, 'El caso para las reparaciones', Coates describe un sistema económico que históricamente implica al Estado y a todo el tejido social en una trama deliberada para desposeer a los descendientes de los esclavos de los bienes que en justicia les corresponderían y excluirlos de las posibilidades del avance económico.

En su testimonio en el Congreso sobre la H.R. 40, Coates señaló que las reparaciones no suponen sólo una cuestión moral, sino que deben incluir también reformas en el sistema penal, de vivienda, salud, educación y financiero, que permitan realizar el tránsito de los descendientes de aquellos esclavos a una ciudadanía completa. Reformas esenciales que ayuden a revertir las desventajas sociales y económicas que sufren los afroamericanos del presente heredadas de las condiciones del pasado. «Una nación que se pregunta cuánto debe a los ciudadanos más vulnerables -declaró Coates en su testimonio ante el Comité del Congreso de la H.R. 40- es una nación mejorada y humana».

El privilegio blanco

El gran aniversario ha alentado de nuevo el debate y propiciado nuevas investigaciones y múltiples posiciones en un tema sobre el que el ciudadano norteamericano medio no está lo suficientemente formado. Un tema delicado y difícil en los tiempos de las políticas de identidad y del 'privilegio blanco' que incomoda y avergüenza a gran parte de la sociedad 'wasp' tradicional.

Aún así, el debate se ha infiltrado en la conversación social de América a través de exposiciones, activismo, investigaciones, medios y redes sociales, y, como no podía ser de otra manera, ha irrumpido en la carrera presidencial de 2020. Un tema que en el pasado candidatos presidenciales como Barak Obama y Hillary Clinton habían rehuido y que este año se ha convertido en uno de los más discutidos. Así, candidatos demócratas como Kamala Harris, Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Kirsten Gillibrand, Tulsi Gabbard o Beto O'Rourke han hecho público su apoyo a las reparaciones en forma de inversiones en la comunidad afroamericana. Pero la candidata presidencial que más ha sorprendido por su elocuencia franca y poco convencional, así como por el hecho de haber desarrollado su propio plan específico de compensaciones económicas, ha sido la escritora y activista Marianne Williamson. La candidata demócrata, que en 1997 escribió un libro sobre el tema, llamó la atención de todo el país en uno de los debates asegurando que las reparaciones son una «deuda que se debe» a los afroamericanos por el legado de la esclavitud y la discriminación posterior. Williamson, una mujer blanca y educada, respetada gurú espiritual con 17 libros a sus espaldas y asesora de celebridades como Oprah Winfrey, parece estar en posesión de un discurso que, sin polarizar al partido o al país, brinda una vía de diálogo incluso en estados de mayoría blanca como Iowa y New Hampshire.

La idea de restitución económica en reconocimiento de un daño y de la voluntad de compensar no es extemporánea y se pueden encontrar antecedentes recientes. En 1988 Ronald Reagan firmó la Ley de Libertades Civiles Americanas, que permitió una compensación de entre 20.000 y 22.000 dólares a cada sobreviviente de los campos de internamiento de japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

El precedente judío

Aunque diferente en muchos aspectos, para Ta-Nehisi Coates el proceso de las reparaciones por el Holocausto constituye una hoja de ruta para el caso de la esclavitud y sus secuelas. En 1952 el Gobierno alemán pagó un total de 89.000 millones de dólares a través de instituciones judías por la persecución y el genocidio perpetrados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. No fue un proceso fácil para ninguna de las partes -las dos delegaciones entraron por diferentes puertas y la ceremonia se llevó a cabo en silencio-, y la resistencia fue brutal y violenta. En Alemania Occidental, donde todavía era un tabú hablar del nazismo, muchos se oponían sin remordimiento y tan sólo un 29% de los ciudadanos apoyaba alguna forma de compensación. En medio de un clima de exaltación patriótica, el canciller Konrad Adenauer, en minoría en su partido, logró aprobar por fin el acuerdo de las reparaciones con el voto de la oposición socialdemócrata.

Entre los judíos de Israel existía una fuerte oposición de los sobrevivientes del Holocausto a permitir que Alemania pudiera blanquear el nazismo o comprar el honor de las víctimas. Menachem Begin, futuro primer ministro, dirigió una violenta revuelta que terminó en los disturbios y cierre del Parlamento, un enfrentamiento con el primer ministro Ben-Gurión, cientos de heridos y detenidos y una virulenta oleada de bombas y atentados que incluyeron al propio canciller Adenauer.

Los fondos de las reparaciones fueron invertidos en la economía del naciente Estado de Israel, donde el crecimiento se triplicó durante los 12 años de acuerdo y creó cientos de miles de empleos. Las reparaciones tuvieron además un importante efecto psicológico y político.

Los negacionistas se oponen

En EE UU la oposición a las reparaciones proviene del negacionismo del sector republicano liderada por el senador Mitch McConnell, que sostiene que el Estado no tiene responsabilidad en acontecimientos relativos a individuos ya fallecidos. Una posición fácil de refutar, ya que los descendientes de veteranos de la guerra civil de 1862-64 siguen cobrando todavía hoy pensiones por parte del Gobierno federal.

En su testimonio ante el comité del Congreso sobre la H.R. 40, el joven universitario y comentarista político Coleman Hughes, descendiente de esclavos y miembro de una familia privilegiada, sorprendió con su alegato en contra de las reparaciones, porque, argumentó, pondrían un precio a un sufrimiento incalculable e irreparable.

Por su parte la organización ADOS, Americanos Descendientes de Esclavos, defiende que las reparaciones deben ir únicamente a los descendientes de esclavos, no a otros africanos, posición que les ha granjeado ser acusados de anti-inmigrantes.

Todo apunta a que el proceso de las reparaciones será largo y arduo. Un proceso que, en palabras del veterano actor y activista descendiente de esclavos Danny Glover, «es un imperativo moral, democrático y económico».

La implicación del norte en el comercio de esclavos La cruzada personal de la descendiente de una familia negrera

Katrina Brown, que declaró en la sesión sobre las reparaciones ante el Comité del Congreso, es la autora del documental 'Traces of Trade' (Los Rastros del Comercio), que ilustra su investigación sobre la historia enterrada de su familia en Rhode Island y su participación en el comercio de esclavos.

Brown se lanzó a una investigación personal e histórica tras descubrir ser descendiente de la familia DeWolf, el clan más importante del comercio de esclavos del país, que durante generaciones se enriqueció con el tráfico de más de 10.000 africanos entre 1769 y 1820.

El documental desmonta la mitología de la inocencia del Norte y revela su profunda y masiva implicación en la esclavitud con un relato que contradice la extendida historia oficial de que fue sólo un pecado del Sur. El documental expone el triángulo de comercio de la esclavitud entre Rhode Island, Ghana y Cuba, un proceso por el que se traían esclavos a trabajar a las plantaciones de DeWolf en el Caribe, donde se producía azúcar, ron y algodón, que a su vez eran llevados a Rhode Island. Un ciclo comercial en el que el Norte proveía de esclavos y equipo a los estados del Sur, que a su vez abastecían de grano al Norte, donde las olas de inmigrantes europeos trabajaban en la naciente industria mientras que el centro del país y California producían alimentos para el Sur. Un proceso en el que estaba implicado todo Estados Unidos.