¿Pelirrojo como el padre o mulato como la madre?

¿Pelirrojo como el padre o mulato como la madre?

El anuncio del embarazo de Meghan Markle dispara las conjeturas sobre los rasgos de su futuro bebé. Mendel tiene las respuestas

INÉS GALLASTEGUI

El príncipe Enrique y la exactriz Meghan Markle esperan un bebé para la primavera de 2019. Casi cinco meses después de su boda de ensueño, el palacio de Kensington, su residencia oficial, y la casa real anunciaron ayer por la mañana la próxima llegada al mundo del primogénito de los duques de Sussex, octavo bisnieto de la reina Isabel II y séptimo heredero en la línea de sucesión al trono británico. El comunicado oficial pone fin a meses de rumores. La elección de un vestido holgado en un acto público a primeros de septiembre hizo saltar las alarmas de un presunto embarazo y varios medios británicos y norteamericanos han publicado varias veces la 'exclusiva' de su inminente maternidad. El viernes pasado, en el enlace entre Eugenia de York y Jack Brooksbank, el runrún se convirtió en clamor: el estiloso abrigo azul marino que vestía la duquesa, a juego con un vestido de Givenchy, iba abrochado solo por arriba y adoptaba una sospechosa forma abultada a la altura del abdomen. La noticia, en todo caso, no hará sino intensificar las especulaciones sobre la hasta ahora hipotética criatura a las que se entregaron los tabloides desde que se supo que el noviazgo entre el segundo hijo de Carlos y Diana y la joven norteamericana iba en serio. ¿Tendrá los ojos azules de su padre o los castaños de su madre? ¿Será negro, como su abuela materna? ¿O lucirá el pelo pelirrojo de su bisabuelo paterno? Es una buena ocasión para darles un repaso a las leyes de Mendel. «Depende de qué características consideremos, el determinismo genético es importante, intermedio o irrelevante», señala la genetista Gemma Marfany, investigadora de la Universidad de Barcelona. «La genética es una ecuación compleja», apostilla su colega Miguel Pita, que da clases en la Autónoma de Madrid.

Gregor Johann Mendel realizó una extraordinaria contribución a la humanidad cuando, en 1865, presentó sus experimentos sobre hibridación de plantas en la Sociedad de Historia Natural de Brno (entonces Austria-Hungría, hoy República Checa). En realidad, la humanidad no se enteró hasta 30 años después, pero aquel monje agustino había puesto las bases de una nueva área de estudio de la biología: la genética.

Mendel se dedicó a cruzar guisantes y descubrió que existía 'algo' que se transmitía de una generación a la siguiente. Ese 'algo' eran los genes -aunque la palabra no se creó hasta 1909- y con sus famosas tres leyes el botánico respondía a preguntas que la ciencia se hacía desde siempre, no solo por sana curiosidad, sino también como método para obtener mejores variedades de plantas o animales. En el caso de los seres humanos, esos principios aclaran por qué un niño tiene unos rasgos del padre y otros de la madre, o cómo algunos parecidos 'saltan' una y hasta dos generaciones.

El ADN humano tiene 25.000 genes y muchos rasgos dependen de varios de ellos

Nosotros nos somos guisantes verdes ni amarillos, lisos ni rugosos, pero en cierto modo nos comportamos como ellos. El ADN humano tiene unos 25.000 genes que codifican las características de una persona, desde los rasgos físicos hasta el carácter o las enfermedades a las que es susceptible. Cada individuo hereda dos copias (alelos) de cada gen, una de su padre y una de su madre. El alelo dominante es aquel que logra imponerse en el nuevo individuo a un alelo distinto, mientras que el recesivo precisa dos copias -de ambos progenitores- para llegar a manifestarse. Por eso hay atributos que se transmiten casi sin variaciones de abuelos a padres, hijos y nietos, mientras otros aparecen 'salpicados' en individuos de distintas ramas familiares.

Por ejemplo, son rasgos dominantes el color más oscuro de la piel, el cabello rizado, los ojos marrones, los grupos sanguíneos A y B y el lóbulo de la oreja separado. Recesivos son el pelo rubio y rojo, el cabello liso, los ojos de color azul, el grupo sanguíneo 0 y los lóbulos de la oreja unidos.

Pero no todas las cualidades se heredan igual. «Hay características escritas en nuestro genotipo que vamos a expresar tal cual, irremediablemente, como el grupo sanguíneo o el color de los ojos y del pelo», explica Miguel Pita, autor del libro 'El ADN dictador' (ed. Ariel).

Entre los atributos hereditarios hay más de 6.000 dolencias causadas por la mutación de un único gen. La enfermedad de Huntington y el síndrome de Marfan solo necesitan que uno de los progenitores las padezcan para ser transmitidas al 50% de la descendencia. Las recesivas -como la anemia falciforme, la fibrosis quística o la fenilcetonuria- precisan que ambos padres sean portadores de la mutación para que un 25% de su progenie manifieste la patología.

Rasgos poligénicos

Otras características humanas, en cambio, resultan de las variantes de más de un gen y además dependen en cierta medida del ambiente. Es el caso del color de la piel, que es una suma de las variaciones de una veintena de genes. De un padre de tez rosada y una madre morena es difícil que nazca un niño más oscuro que ambos. Pero además, el resultado final será distinto si nace en Londres o en Almería, donde la exposición solar es mucho mayor.

Una prueba de este curioso mecanismo es que los hijos gemelos idénticos de parejas interraciales pueden presentar tonalidades de piel muy distintas -uno tirando a blanco y otro, a negro-, como resultado de un proceso aleatorio que determina la cantidad de melanina en su epidermis.

Entre los ejemplos de enfermedades poligénicas hay dolencias tan comunes como la hipertensión, el alzhéimer, la esquizofrenia, el asma, la diabetes, la obesidad y varios tipos de cáncer.

En este grupo de rasgos también se engloban, en gran medida, los psicológicos. «Muchos de ellos tienen una base genética, pero modulada por el ambiente -explica el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid-. Hay personas que nacen con más capacidades cognitivas que otras, pero eso no quiere decir que las vayan a desarrollar». Una gran inteligencia innata puede quedar desperdiciada si un niño nace en un entorno desfavorable, sufre repetidas infecciones, está desnutrido y no va a la escuela. «La genética predispone; no determina», subraya Pita.

La investigadora de la Universidad de Barcelona lo corrobora con el ejemplo de la estatura. «Es una herencia cuantitativa, porque depende de decenas de genes que se añaden entre ellos, pero también influye el ambiente», recuerda Gemma Marfany. En el último siglo los españoles hemos 'crecido' una media de 13 centímetros -14 los varones, 12 las mujeres- porque, aunque nuestros genes son los mismos, las nuevas generaciones sufren menos infecciones y tienen mejores alimentos a su disposición. La falta de ejercicio físico también puede hacer que un adolescente potencialmente alto crezca menos de lo que le estaba destinado por pertenencia a su familia. En contrapartida, resalta la bióloga, la tribu masái de África tiene una elevada estatura media a pesar de su magra dieta.

Procedencia irlandesa

Pero, volviendo a los duques de Sussex, ¿cómo creen los expertos que serán sus futuros retoños? Es difícil hacer una predicción: influye el ADN, pero también el azar, recuerda Marfany. El marrón oscuro de los ojos de Meghan es un rasgo dominante, mientras que el azul que Enrique hereda de Carlos y Diana es recesivo. Pero el padre de ella tiene ojos claros, así que es probable que la futura mamá sea portadora de un alelo que determine el color azul.

Respecto al tono de la piel, ambos apuestan a que será igual o más claro que el de Meghan, que a su vez es una mezcla de su madre afroamericana -posiblemente mulata, resultado de la unión de ancestros africanos y europeos- y de su padre de origen irlandés y holandés. Este dato es interesante: el 10% de los irlandeses son pelirrojos, pero más del 40% portan la variante del gen MC1R -receptor de melanocortina 1- asociada al pelo color zanahoria y la piel pecosa. «Si el abuelo materno fuera pelirrojo, las posibilidades de que el nieto también lo fuera serían de un 25%», aventura Miguel Pita. Es difícil de apreciar porque el hombre ya tiene canas, pero la cabellera dorada de su hijo, el hermanastro de Meghan, da una pista. ¿El resultado final? Mendel dirá.

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