El mercadillo de Lady Di

La princesa de Gales, con el recatado vestido de seda de color marfil que llevó a Bahréin en su gira por el Golfo Pérsico en 1986. / R.C.
La princesa de Gales, con el recatado vestido de seda de color marfil que llevó a Bahréin en su gira por el Golfo Pérsico en 1986. / R.C.

Una mujer que compró un vestido de la princesa por 225 euros en una tienda de segunda mano lo saca a subasta al verlo en un documental. Podría alcanzar los 120.000 euros

ICÍAR OCHOA DE OLANO

El fondo de armario de la princesa Diana de Gales sigue proporcionando alegrías y suculentos ingresos a los cazadores de reliquias, dos décadas y quince meses después de su trágico fallecimiento en un accidente de coche en París. Tanto es así que un vestido de gala que lució en 1986, durante una visita real al archipiélago soberano de Bahréin, podría venderse ahora en una subasta por la friolera de 120.000 euros, veinte largos años después de que fuera donado a una tienda de ropa de segunda mano y adquirido por una mujer anónima que pagó por él apenas 250 euros.

El periplo de este diseño exclusivo, realizado en seda de color mafil y rematado con pedrería en el cuerpo, comenzó hace 32 años en el atelier del matrimonio formado por Elisabeth y David Emanuel. El televisivo modisto, uno de los diseñadores de cabecera de Lady Di desde que concibió aquel armatoste abullonado de tafetán con volantes y mangas farol con el que dio el 'sí' a Carlos de Inglaterra antes 700 millones de espectadores, recibió el encargo de concebir buena parte del ropero de la esposa del heredero a la Corona británica para la inminente gira oficial de los dos por el Golfo Pérsico.

Con el tiempo, y cumplido su efímero papel, el modelo fue donado a una tienda de segunda mano por el ama de llaves de Caroline Twiston-Davies, una buena amiga de Diana a la que, es de suponer, se lo regaló al igual que hizo durante su vida con otras amistades. Un día de 1994, una mujer accedió a aquel comercio, situado en el condado de Herefordshire, y lo adquirió por escasos 250 euros. Pensó que enfundada en él daría el campanazo en la fiesta anual del club local de caza montada de zorros.

«Por suerte, nunca se lo puso. Aunque sí supo desde el principio que aquel vestido había pertenecido a Diana, no se dio cuenta de su importancia y de su valor real hasta algunos años después», cuenta la subastadora de la prenda, Kerry Taylor. «Estaba viendo en la televisión un documental sobre la princesa cuando delante de sus narices apareció llevándolo puesto durante la cena de gala del sultán de Bahréin, en 1986», explica. Aquella revelación ha impulsado ahora a la propietaria a sacarlo a subasta pública -se celebrará el próximo lunes- y así hacer caja. La experta está convencida de que la pieza alcanzará los 120.000 euros.

Recato musulmán

Además de ser exclusivo, el diseño tiene otra peculiaridad: formó parte de un vestuario de cuatro prendas creadas por Elizabeth y su marido, presentador de la versión inglesa de 'Sí quiero ese vestido', expresamente para ser lucidos en países de mayoría musulmana. Según la carta que remitió a la pareja de modistas la dama de compañía de la princesa, el recato «debía ser en todo caso la norma, con mangas hasta el codo, discretos escotes y faldas por debajo de la rodilla o incluso más allá». Particularmente en Arabia Saudí, apostilla la misiva, donde se necesitarían «mangas largas, cuellos altos y faldas cubriendo los tobillos, tanto para el día como para la noche», han certificado los Emanuel.

Además de las consignas que determinaron el diseño de ese vestido de gala, Taylor valora lo «inusual» de su procedencia, una sencilla tienda de moda de segunda mano. «Normalmente, a este tipo de tiendas solo llegaban prendas de día de la princesa», señala la especialista.

El vestido de gala de Bahréin no estará solo en la subasta. Le acompañará un blazer azul que también fue de Lady Di y que la misma mujer compró el mismo día y en la misma boutique. Las pretensiones lucrativas de la chaqueta son, eso sí, mucho más modestas. Además de ser una prenda corriente, la pieza, por la que pagó 25 euros, revela el paso de los años y un idilio intenso con polillas y ratones. Aun así, esperan que se adjudique por al menos 3.000 euros.

 

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