La madre de Ronaldo toma la delantera

La madre de Ronaldo toma la delantera

Dolores Aveiro, una estrella mediática en Portugal,lo mismo dobla una película o anuncia plátanos de Madeira que publica recetas. Ahora lanza su propia marca de vino

ICÍAR OCHOA DE OLANO

En un hipotético club de madres de jugadores de fútbol que más negocios han explorado gracias a los méritos de sus hijos, Dolores Aveiro sería la presidenta del consejo de administración. Iluminada con haces de oro por su benjamín, el omnipotente astro portugués ahora al servicio de la Juventus, la matriarca de la sempiterna sonrisa saca réditos a su filiación en el sector literario, el publicitario, el hostelero, el cinematográfico y, ahora también, en el vinícola. La progenitora del cinco veces Balón de Oro acaba de anunciar que lanza su propia marca de vinos. Tintos, rosados y blancos elaborados en las tierras alentejanas que se comercializarán en exclusiva en los centros de El Corte Inglés de España y Portugal. Si tienen curiosidad por conocer su 'bouquet', no busquen la etiqueta 'Cristiano Ronaldo'. Tampoco las iniciales CR entrelazadas. Los caldos llevan el nombre y apellido de la madre que le parió. A sus 64 años, Dolores Aveiro ha tomado la delantera y vuela sola.

Domiciliada en su casa de (casi) siempre, en Funchal, Madeira, solo tiene que esperar a que la inviten a un plató, le propongan una entrevista o le tienten con una lucrativa oferta para que la 'Factoría Aveiro' siga facturando. La antaño cocinera es hoy una rutilante estrella mediática en su país. Ningún otro residente en la nación vecina cuenta con más seguidores en las redes sociales que ella. Incluso el carismático presidente de la república, Marcelo Rebelo de Sousa, le va a la zaga. Hasta 1,7 millones de personas están pendientes de sus movimientos en Instagram, cuya cuenta personal usa para colgar fotos a menudo intrascendentes de sí misma con ropa informal y la cara lavada, que acompaña con mensajes repetitivos del tipo «Feliz domingo a todos», «Bom apetite», «Força Sporting» (el club luso en el que debutó CR y al que apoya) o «Voy a dar un 'voltinha'»... en su 'porsche' blanco. «Beijinhos (besos)», remata siempre. También se asoma periódicamente a Facebook y Twitter, en donde deja caer, de vez en cuando, alguna imagen suya con sus nietos, o bien retuitea alguna instantánea de los niños tomada por su «no nuera», Georgina. «Al menos, todavía», no se cansa de recalcar a la prensa.

Entretanto, promociona en la televisión los plátanos de su isla, pastillas concentradas para caldos o un nuevo servicio telefónico del mismísimo Ministerio portugués de Salud; abre un resturante en Brasil con la ración de 'bacalao CR7' a 45 euros; publica las recetas de «minha queria mae»; participa en el doblaje de la película de animación 'Snow, la reina del espejo'; o firma un suculento contrato para que su nombre circule en las etiqutas de miles de botellas de vino. «Este proyecto lo llevaba dentro desde que era muy joven y estoy muy feliz de poderlo cumplir», ha dicho a través de un comunicado.

Hambre, orfandad y cáncer

¿Que cómo se explica tanta fascinación en torno a su persona? «En medio de tanta excentricidad y de tanta ostentación, es una mujer sencilla, genuina», resume para este periódico desde Oporto el director adjunto del 'Jornal de Noticias, Pedro Ivo Carvalho. «Cristiano nunca ocultó el estrechísimo vínculo que tiene con su madre. De hecho, siempre la llevó a los grandes eventos, siempre compartió con ella sus alegrías», agrega el periodista. «Así empezó la presencia de Dolores en el mundo de las redes sociales», donde alguna vez se inmortaliza a bordo del jet privado de su hijo, pero la mayor parte de las veces lo hace tomando un simple café con sus amigas del barrio o en chándal, a punto de dar cuenta de una comida 'estilo rancho', donde lo más sofisticado es la camiseta que lleva puesta, y en la que se lee la palabra 'Saudade'.

Aveiro no trata de aparentar lo que no es. Puso todas sus cartas boca arriba en 2014, cuando publicó 'Madre coraje', el libro en el que Paulo Sousa Costa recoge la crudeza de una vida coja de esperanzas desde que a los cinco años perdió a su madre y la confinaron en un orfanato. En la sordidez de aquel lugar aprendería que su futuro pivotaría sobre dos únicas certezas, el hambre y el trabajo. Presentada por el autor como un mujer aguerrida, se empleó a destajo para sacar adelante a sus hijos y a un marido, jardinero municipal, entregado al alcohol. Y, aun así, no sería suficiente. Ver a sus hijos mayores abandonar la escuela para trabajar es uno de sus recuerdos más tristes. En aquella tesitura, su cuarto embarazo llegó como una desdicha que, según reveló, fantaseó con malograr. No podía saber que había concebido a un fenómeno del balompié que le reportaría un bienestar jamás soñado, un trampolín para hacer caja y un nieto, Cristiano junior, por el que siente devoción. No en vano, ella en persona fue a recogerlo en una clínica de Florida mientras el padre de la criatura disputaba el Mundial de Sudáfrica, en 2010.

Aveiro, que en su día superó un cáncer de mamá, disfruta ahora de los días de vino y rosas sin necesidad de cambiar de tierra a sus raíces. «Es la imagen de la madre sufrida que ganó todas las batallas para criar al mejor futbolista de todos los tiempos. De ahí su potencial comercial y el fervor que genera», concluye Calvalho.