Lula, amor entre rejas

1. Rosángela Da Silva visita periódicamente en la cárcel de Curitiba a Lula, a quien conoció a los 16 años militando en el PT.
2. El día de su matrimonio con María Lurdes, que murió de hepatitis junto con el bebé que gestaba en su séptimo mes de embarazo.
3. La enfermera Miriam Cordeiro le dio su primera hija, Lurian, y luego le acusó de haberle pedido abortar. 4. Marisa Leticia aportó a su casamiento un hijo que Lula adoptó. En sus 43 años de vida en común criaron a otros tres. Murió hace dos años. ::/ FOTOS:  R. C.
1. Rosángela Da Silva visita periódicamente en la cárcel de Curitiba a Lula, a quien conoció a los 16 años militando en el PT. 2. El día de su matrimonio con María Lurdes, que murió de hepatitis junto con el bebé que gestaba en su séptimo mes de embarazo. 3. La enfermera Miriam Cordeiro le dio su primera hija, Lurian, y luego le acusó de haberle pedido abortar. 4. Marisa Leticia aportó a su casamiento un hijo que Lula adoptó. En sus 43 años de vida en común criaron a otros tres. Murió hace dos años. :: / FOTOS: R. C.

El expresidente brasileño, encarcelado por corrupción, recibe cinco cartas femeninas por semana pidiéndole una cita. Una socióloga a la que saca 30 años parece llamada a ser la cuarta mujer de su vida

MARCELA VALENTE

En una muestra más de su resiliencia, el expresidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, que está preso desde hace más de un año a los 73, tiene proyectado casarse por tercera vez cuando salga en libertad. La noticia fue una sorpresa para muchos, pero no para sus allegados, que conocían el romance desde antes del oportuno arresto del líder del Partido de los Trabajadores (PT) cuando aparecía como favorito para conquistar la presidencia por tercera vez.

La elegida es Rosángela da Silva, una socióloga treinta años menor que él, nacida en Sao Paulo pero residente en Curitiba, la ciudad en la que Lula permanece cautivo. El exmandatario, cuyo Gobierno sacó de la pobreza a cuarenta millones de brasileños, fue condenado por corrupción y lavado de dinero en un juicio polémico en el que faltaron pruebas. Lo acusan de recibir un apartamento triplex que no es suyo y en el que nunca vivió.

En abril, un tribunal de apelación le rebajó la condena de doce a ocho años, lo que le permitiría acogerse a una pena más flexible. Si eso ocurre en los próximos meses, Lula podría casarse con Rosángela, que lo visita periódicamente en Curitiba. La mujer trabaja en la represa argentino-paraguaya de Itaipú y lo conoce por su militancia en el PT desde que ella tenía 16.

La revelación fue hecha por el economista Carlos Bresser Pereira, exministro de Fernando Henrique Cardoso. El dirigente visitó a Lula en Curitiba y contó que lo vio «en óptimo estado físico y psíquico» y «enamorado». «Su primer proyecto al salir de prisión es casarse», agregó. Allegados de Lula desaprobaron la indiscreción, que, de todos modos, causó alegría y hasta alivio entre sus simpatizantes.

Y es que Lula lo tiene todo para estar deprimido. No sólo perdió la libertad y el prestigio por una condena que considera injusta. En 2016 enviudó y hace dos meses su nieto Arthur, de 7 años, su preferido, falleció por una infección. Fue la única vez que la Justicia le autorizó a salir de prisión. El dolor por la pérdida del pequeño le quiebra a menudo, pero se sobrepone. En el funeral prometió al niño que probará su inocencia antes de reunirse de nuevo con él.

Digna de una película, la biografía de Lula es una historia de superación. Nacido en una familia muy humilde del paupérrimo nordeste brasileño, con un padre violento, alcohólico y ausente, migró con su madre y sus hermanos a Sao Paulo en un viaje que duró trece días. No terminó la primaria, pero se formó como sindicalista. Trabajaba como tornero mecánico cuando se aplastó el dedo meñique. Tenía apenas 17 años. «¿Para qué necesita diez dedos un peoncito?», le preguntó retórico el médico que lo asistió, antes de amputárselo.

Una tragedia familiar

A los 24 años se casó por primera vez. Su esposa, María Lurdes, tenía 20 años y era operaria textil. Ella y su familia también habían huido de la pobreza del nordeste. La muchacha quedó encinta, pero a los siete meses de embarazo cogió una hepatitis y murieron ella y el bebé que gestaba. «Su hijo nació muerto», le dijo el médico a Lula. «Sí, doctor, lo sabía, me lo han explicado», recuerda él. «Sí, pero usted tiene que ser más fuerte aún porque su mujer también murió», le disparó el doctor. «Nadie me quita de la cabeza que fue por negligencia de la red hospitalaria», explicaría luego el sindicalista. No pocos consideran que esa tragedia decidió a Lula a lanzarse a la política.

Poco tiempo después de enviudar se relacionó con una enfermera, Miriam Cordeiro, que le dio su primera hija, Lurian. Cordeiro fue utilizada contra Lula a finales de los ochenta. Salió a escena pública para decir que el entonces candidato a la presidencia le pidió que abortara. El tema le perjudicó políticamente, pero Lurian mantiene una excelente relación con su padre.

Más recuperado, en 1974, Lula se casó con Marisa Leticia, otro corazón herido en su juventud. Marisa se había casado con un taxista a los 19, pero el muchacho fue asesinado cuando ella estaba embarazada de cuatro meses. Los dos jóvenes, viudos, estuvieron unos meses de novios y se casaron. Inscribieron al niño de Marisa -que no conoció al padre biológico- como hijo adoptivo de Lula. Es uno de los cuatro que la pareja crió durante 43 años de matrimonio.

Marisa lo acompañó durante su militancia, sus postulaciones fallidas a la presidencia y sus dos períodos exitosos como mandatario de Brasil. También lo cuidó durante el tratamiento para superar el cáncer de laringe que padeció. Pero a los 66 años, hace apenas dos, la mujer sufrió un derrame cerebral que la dejó en coma y poco después falleció. Lula cree que su esposa se enfermó por no poder tolerar los procesos por corrupción que se habían iniciado en su contra. Desde que el expresidente enviudó, el Instituto Lula recibe cartas de mujeres que le piden una cita. Al menos cinco por semana, cuentan sus colaboradores. Lula estaba en forma, hacía ejercicio y se ofrecía para volver a gobernar Brasil. Y entonces llegó el arresto que le condujo a prisión. Desde el fondo de ese pozo, se prepara para renacer. «Voy a vivir más de 100 años», advierte.