Juego sucio en Nigeria

Juego sucio en Nigeria

Empiezan a proliferar en el país bandas dedicadas al secuestro de familiares de futbolistas que triunfan en Europa. La última víctima ha sido la madre de Samuel Kalu, delantero del Girondins

FERNANDO MIÑANA

John Obi Mikel, que jugó más de 400 partidos en el Chelsea, se forjó en un arrabal, en partidos callejeros en Nigeria. Con solo 18 años salió del país para intentar hacerse un nombre en el fútbol. Primero se fue a Noruega para fichar por el Lyn. Y después se mudó a Inglaterra, donde pasó diez temporadas en el Chelsea. Allí se convirtió en el tercer jugador nigeriano -tras Kanu y Finidi, campeones con el Ajax, en 1995- en ganar la Champions League.

A pesar de llevar a su selección hasta la final del Mundial sub 20, que les arrebató Argentina con dos goles de penalti de Messi, no era un jugador querido en Nigeria, un país de gente extrovertida que no empatizaba con este hombre comedido y retraído. Pero no se impacientó y, partido a partido, en 2012 ya era el futbolista más admirado y el capitán de los 'Súper Águilas'. En 2016 se jugó no renovar en el Chelsea porque se empeñó en acudir a los Juegos de Río con su selección. No le importó tampoco aflojar 35.000 euros para mejorar la logística del equipo y, encima, se colgó la medalla de bronce.

Pero nada impresionó más a la afición que ser capaz de enfrentarse a Argentina, durante el Mundial de Rusia, el pasado verano, sin contarle a nadie que su padre había sido secuestrado, como le comunicó un familiar durante una llamada por teléfono cuando iba ya en el autobús camino del estadio en San Petersburgo. Se guardó la noticia y salió a jugar. «No podía dejar tirados a 180 millones de nigerianos», aclaró después.

Los futbolistas nigerianos se han revalorizado en los últimos años

Unas horas antes, su padre, Pa Michael Obi, conducía su coche tranquilamente por la autopista cuando seis hombres armados lo abordaron y le hicieron bajar del vehículo. A punta de pistola le obligaron a caminar cinco kilómetros bajo la lluvia hasta su escondite. Los captores pidieron 10 millones de nairas (unos 24.300 euros) y amenazaron con matarlo si lo denunciaban a la Policía. El padre del jugador del Middlesbrough, que tiene una fundación para ayudar a los niños de su país, fue liberado al cabo de una semana; se sospecha que el futbolista aflojó la cantidad que le pedían.

La historia se repite

Casi el mismo tiempo ha estado retenida Ozuruonye Juliet Kalu, la madre de Samuel Kalu, el extremo del Girondins de Burdeos, antes de ser liberada el pasado martes. El jugador, de 21 años, imploró ayuda ante los medios de comunicación: «Por favor, ayúdenme a rogarles que liberen a mi madre, porque mi ambición es hacer todo lo que esté a mi alcance para ayudar a los 'Súper Águilas' a ganar la próxima Copa de África este año».

La mujer también fue atrapada, el 27 de febrero, cuando se dirigía a casa en su coche. Al principio reclamaron un rescate por tres millones de nairas (uno 7.300 euros) y el joven futbolista se apresuró a pagarlos. Pero alguien les engañó. «Esperamos toda la noche pero no la vimos. A la mañana siguiente volvieron a llamar diciendo que querían más dinero, que el rescate se había entregado a otra persona». Y elevaron la cifra a 15 millones de nairas (unos 36.600 euros). Al sexto día, la madre de Kalu fue liberada.

No es algo extraordinario el secuestro del familiar de un futbolista en Nigeria, un país que era una rareza balompédica hasta finales del siglo pasado. Los 'Súper Águilas' no debutaron en un Mundial hasta 1994, pero desde entonces solo han faltado a la edición celebrada en Alemania en 2006.

Durante todo ese tiempo, un cuarto de siglo, el futbolista nigeriano se ha revalorizado. Su potencia física se paga al alza y eso ha permitido que decenas de jugadores salgan del país muy jóvenes, tras la etapa de formación, a buscarse la vida en el extranjero.

Desde los tiempos de Stephen Keshi, el primero en jugar una final de un gran torneo de la UEFA -ganó la Recopa de 1990 con la Sampdoria-, y Taribo West, el primero en imponerse en la Copa de la UEFA, la actual Europa League -ganó con el Inter en 1998-, son innumerables los nigerianos que se labran un futuro en Europa y, más recientemente, en otros continentes. Hasta el punto de que, en el último Mundial, solo uno de los 23 jugadores de la selección, el portero Ikechukwu Ezenwa, militaba en un club nigeriano. Actualmente hay 2.664 jugadores por el mundo. Solo en España son 24, muchos menos que en Portugal (106) e Inglaterra (179).