«He aprendido a ceder ante mi pareja»

«He aprendido a ceder ante mi pareja»

Samanta Villar publica 'La carga femenina'.«La etiqueta de 'superwoman' es el timo de la estampita», asegura la periodista

ARANTZA FURUNDARENA

Un hombre que cuando se acaba el papel higiénico no va al súper a por más no habría sido mi novio», sentencia Samanta Villar. La periodista acaba de publicar, junto a la escritora Sara Brun, 'La carga femenina', un libro destinado a demostrar que en general las mujeres tendemos a hacernos cargo de «todas aquellas tareas relacionadas con el hogar y con los cuidados de hijos, padres, suegros...». Lo cual, sumado a la carga del trabajo fuera del hogar, «hace que llevemos sobre nuestros hombros muchísimo más peso que ellos».

No es el caso de Villar, que dice haber practicado la corresponsabilidad con su pareja «mucho antes de conocer ese término». A sus 43 años, la polémica periodista catalana parece haber superado el trauma que le supuso ser madre de mellizos; una faceta sobre la que también reflexionó, escribió y escandalizó en abundancia... «Han pasado ya tres años -explica- y la crianza ahora es más llevadera, aunque tiene nuevos retos porque educar es poner límites y ahí surge el conflicto. También hay una parte de inseguridad. No sabes si lo estarás haciendo bien. Pero al mismo tiempo es fascinante. Está lleno de ilusión y de amor. Cuando los niños me dicen 'Mamá, te quiero, qué guapa estás', yo es que lo flipo».

Que tenga bien repartidas las tareas domésticas no significa que todo en casa de Samanta vaya sobre ruedas... «Trabajo e hijos son dos titanes -observa- y cada uno intenta conquistar el espacio del otro». Pero el punto débil de la resuelta y temperamental Villar radica en que «me cuesta mucho delegar». La cosa empeoró al llegar sus hijos. «Tener a dos personas en casa muy independientes y con un fuerte criterio, opinando sobre la misma materia, genera fricción. Tú dices: 'El niño tiene frío'. Y él dice: 'No, tiene calor'. Entonces piensas que si cedes estás siendo mala madre, no estás protegiendo a tu hijo de ese señor que casualmente es su padre pero que no tendría que decir nada al respecto», ironiza entre risas la periodista.

El problema se solucionó a base de mucha reflexión y ejercicio... «Ha sido una lección de vida brutal. He tenido que aprender a respirar hondo, a confiar en el criterio del otro y entender que es tan competente como yo, que les quiere tanto como yo y que va a procurar su bien todo el rato».

Atrás ha quedado también aquella etapa «tan hormonal» en la que Samanta sentía «una angustia al marcharme de casa y dejar a los niños que no tiene otra explicación que la de ser una mamífera cuyo cuerpo te está diciendo: 'Vuelve, vuelve y protégelos'».

Educada en un hogar tradicional, donde las tareas domésticas recaían en la esposa, Villar al menos destaca como positivo que a ella y a su hermano los educaron en «total igualdad». Hoy observa cómo muchas mujeres, por jóvenes y modernas que sean, siguen reproduciendo en casa los viejos esquemas de sus madres y abuelas. «Estamos tan acostumbradas a hacerlo (a llevar listas pendientes de todo, la compra, las vacunas...), que lo llevamos casi en silencio. El problema es cuando esto nos afecta y nos hace ir desbordadas».

Un chollo de marido

La prueba del algodón, según Villar, es cómo llega una al final del día... «Si resulta que estás agotada y que no tienes ganas ni de sexo, ja, ja, ja... Pues no sé, a lo mejor es que llevas demasiado encima. Y no estaría mal plantearte que tu pareja pueda asumir otras tareas, aunque las haga de una manera diferente a la tuya. ¿Peor? Bueno, es que para planchar bien tienes que hacerlo varias veces. Si nunca le permites a alguien que lo haga nunca va a aprender».

Despistada y olvidadiza, Samanta sin embargo asegura que ya de pequeña «era muy independiente y hablaba muy claro». Ahora se ha propuesto desmontar para siempre el ya cuestionado concepto de la 'superwoman'. «Esa etiqueta es una trampa, es el timo de la estampita. Es darle glamour al hecho de ir desbordada», recalca. «¿Por qué no se cuelgan ellos el cartel de superman y descansamos nosotras un poco?».

Su planteamiento va incluso más allá. «Me revientan esos comentarios que dicen: 'Tengo mucha suerte porque mi marido ayuda en casa' o 'Tengo un chollo porque mi marido cocina'. Lo divertido es ponerlo en femenino: 'Tengo mucha suerte porque mi mujer ayuda en casa, hace la compra, cocina...'. ¿A que suena raro? Pues ahí está la diferencia. Y tenemos que luchar para eliminarla».