Vicente Martínez Ybor, el Philip Morris valenciano

Vicente Martínez Ybor, el Philip Morris valenciano

Condenado por la historia al ostracismo, fue el más importante fabricante de tabaco del siglo XIX | En 1885 fundó en Florida la Ybor City, una ciudad de inmigrantes hispanos e italianos dedicada a la elaboración de puros

ÓSCAR CALVÉ VALENCIA.

A diferencia de todos y cada uno de los hombres y mujeres presentados en ocasiones precedentes, hoy les narraré la historia de un valenciano poco notorio en nuestro territorio. De hecho, la bibliografía en castellano sobre su figura es inversamente proporcional a la trascendencia histórica que tuvo. A riesgo de errar, me atrevo a vislumbrar las causas: su empatía hacia el movimiento independentista cubano y el desarrollo íntegro de su carrera empresarial entre Cuba y Estados Unidos quizá trabaron su recuerdo en su país natal.

Sin embargo, cuando uno lee en un antiguo diario de Tampa la noticia de su muerte todas las alarmas se disparan: ahí hay un historión. El 'Tampa Morning Tribunal' del 17 de diciembre de 1896 incluía la siguiente necrológica (originalmente en inglés) sobre nuestro protagonista: «Fue el fundador de la gran prosperidad que la ciudad de Tampa ha disfrutado durante los últimos diez años y cuyo final no ha llegado (...) Se precisará la destreza de generación aún no nacida para hacer una estimación adecuada de su valor para el país. Tiene erigido justamente un monumento por el cual su memoria se perpetuará durante siglos. Cuando el historiador en un futuro lejano escriba sobre una ciudad diez veces más grande que la actual Tampa, el nombre de V. Martínez Ybor será el centro alrededor del cual la gloria de sus triunfos se aferrará».

Misterio desvelado. Vicente Martínez Ibor (la I natal del segundo apellido se convirtió en Y por razones políticas en 1868) fue toda una institución en La Habana, Cayo Hueso y Tampa. Lo fue en todos los jóvenes pero potentes Estados Unidos.

'El Príncipe de Gales', su marca, obtuvo los más altos reconocimientos internacionales

Así lo evidencia que las oficinas centrales de su imparable emporio tabaquero se ubicasen en Nueva York. Que en las inmediaciones de la mencionada Tampa fundara en 1885 una ciudad con su apellido también resulta sintomático respecto a su poder. Ybor City fue una particular y próspera ciudad dedicada a la fabricación de puros, poblada en su mayoría por trabajadores españoles, cubanos (cuando su isla de procedencia agotaba sus días vinculados a España) e italianos. Antes de entrar en materia, una puntualización. Los datos objetivos del reportaje han sido extraídos de los estudios del doctor Loy Glenn Westfall, especialista en esta figura. En castellano, es reseñable el esfuerzo de Juan Alberto Berni. En todo caso, la falta de documentación sobre la primera etapa vital de Vicente Martínez es notable. Por si se animan.

Vicente Martínez Ibor nació en Valencia en septiembre de 1818. No sabemos nada de su infancia salvo que pertenecía a una familia de renombre. Según los estudios consultados, fue enviado a Cuba en 1832 para evitar el servicio militar. O la familia no estaba boyante (la redención en metálico era todavía una realidad) o el envío de Vicente a la aún colonia española respondía al deseo de alejarlo del conflictivo estado del Estado, entonces en los prolegómenos de la Primera Guerra Carlista.

A su llegada le esperaba un trabajo ingrato en un almacén, cargo desempeñado durante algo más de un trienio. Con 17 años Vicente se introducía en el mundo del tabaco: compraba cigarros a pequeños fabricantes, cambiaba el 'packaging' y los relanzaba al mercado con su propio sello. Pronto se convirtió en un prestigioso corredor de tabaco cubano, justo cuando la fama de este producto empezaba a conquistar el mundo. Éxito a la vista como bróker. También como fabricante de su propia marca. Entre otras cosas, porque llegó a un acuerdo con las autoridades carcelarias de la isla para disponer de presidiarios como mano de obra.

Método artesanal

Estos hacían los cigarros más artesanales que pudiera imaginarse, a la antigua usanza, frente a la entonces creciente fabricación con maquinaria moderna. De este modo, Vicente abrió una pequeña tienda en La Habana donde vendía un producto exclusivo. Los premios internacionales no tardarían. En 1848 sus cigarros son reconocidos con una medalla internacional de calidad. Ese mismo año se casa con Palmia Learas, con quien tuvo cuatro hijos. Su fortuna despegaba y la pequeña tienda se transformaba en una factoría de su marca: 'El príncipe de Gales' obtenía en 1857 la primera distinción en la más importante muestra de tabaco celebrada en París.

La vida será una tómbola, pero no sólo de luz y de color. Su esposa Palmia fallece en 1862. Vicente se volvería a casar en 1866 con Mercedes Ravilla, acaudalada mujer que le entregaría como dote una cantidad con ceros suficientes como para quitar el sentido. Un valor ínfimo si lo comparamos con los seis hijos que tuvo el nuevo matrimonio.

El ambiente en Cuba estaba calentito, pero no por su clima o su son. Las revueltas independentistas eran constantes y amenazaban -como sucedería pocas décadas después- con una revolución definitiva. Simultáneamente crecían las huelgas de la clase obrera. Su empleo precario peligraba por la modernización del sector.

Para colmo de males coyunturales, el gobierno español, con sus apremiantes necesidades económicas, endurecía los impuestos a los productores de tabaco en Cuba. Vicente Martínez, sus socios, pero también sus competidores españoles, vivían en una sociedad convulsa donde había que posicionarse. Una opción era prestar obediencia a su gobierno, el español. Esta no sólo implicaba reducir drásticamente beneficios. También generaba recelo entre los trabajadores, muchos de ellos comprometidos con la causa independentista. Otra posibilidad era rehuir la normativa española y declararse abiertamente favorable a la revolución, en sintonía con su mano de obra. Ser un traidor a la patria. La tercera posibilidad era tomar las de Villadiego y verlas venir... Vicente Martínez optó por la tercera forzosamente.

La particularidad de su próspera empresa ya no tenía relación con su antigua y desaparecida plantilla de presidiarios. Al revés. Martínez fue uno de los pocos patronos que ofrecía salarios y horarios dignos, por lo que era muy apreciado entre la población nativa... Quizá esa sintonía, quizá la acusación de un alcahuete competidor, provocó que en 1866 fuera acusado de revolucionario y, consecuentemente, huyese a Cayo Hueso, en la Florida estadounidense. Allí empezaba una nueva aventura, no sin antes americanizar su segundo apellido con el citado intercambio de letras. Pese al poco capital inicial, Vicente logra establecer una nueva fábrica cuya producción se orientaba exclusivamente a los Estados Unidos.

Mientras, en Cuba, su futuro yerno lograba restablecer el control de las empresas de Martínez Ybor en la isla. El hijo de Vicente, Eduardo, y el asesor del progenitor se convertían en socios. Los tres daban el salto a Nueva York. Allí abren una oficina y una ambiciosa fábrica, El Coloso. Seguían triunfando con 'El príncipe de Gales', pero a su vez comercializaban más de 20 marcas que asociaban -dato poco verosímil- a su propia producción.

Ybor City

La irrupción violenta de los sindicatos (parece que innecesaria en El Coloso) y la escama de los productores norteamericanos impulsaron el regreso de Martínez Ybor y de sus empresas a Cayo Hueso. Allí un terrible incendio en 1886 acabaría con sus propiedades, pero las dependencias cubanas seguían generando ingresos altos. Además, más sabe el diablo por viejo. Martínez Ybor y otros socios llevaban años negociando la compra de un enorme terreno junto a la ciudad de Tampa. Fue el germen de Ybor City, una urbe concebida como colonia de trabajadores, con una calidad vital infinitamente superior a la de los tradicionales guetos de inmigrantes.

La ciudad se inauguró en 1885. Junto a las gigantescas fábricas de tabaco, hispanos e italianos disponían de sus propios restaurantes, clubes sociales, centros de salud, etc. En palabras del doctor Loy Glenn Westfall, Martínez Ybor «era considerado un anciano bondadoso con quien los inmigrantes estaban profundamente endeudados».

Vicente Martínez estuvo activo hasta casi un año antes de morir (14-12-1896). Y sí, los rumores sobre su empatía con el independentismo cubano eran fundados. En 1893, en la fábrica de 'El príncipe de Gales' de Ybor City, el líder José Martí lanzó una de las arengas más famosas para su causa. Existe una canción llamada Ybor City que habla de un lugar «that smells of cigars and sweet perfume». Ese olor a cigarro tiene un origen valenciano. Y no, no era aroma a caliqueño.

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