Ratonero, la historia de un toro convertido en mito

Saltando al tendido en la plaza de toros de Vila-Real. / lp
Saltando al tendido en la plaza de toros de Vila-Real. / lp

Propiedad de Lucas, de Vilafamés, su leyenda se agiganta de generación en generación

JOSÉ I. GALCERÁVALENCIA.

Su recuerdo permanece imborrable en la memoria de los aficionados. Y su leyenda se agiganta de generación en generación. No son pocas las historias que viajan de boca en boca sobre su fama. Pocos son los toros que han conseguido la categoría de mito y han entrado a formar parte del ideario colectivo. Ratonero lo consiguió. Si se bucea en sus orígenes, hay que decir que nació un 2 de mayo de 1975 en el Mas de Miguel Vilar, o lo que es lo mismo, en la ganadería popularmente conocida como Lucas, de Vilafamés. Hijo de una vaca Lucera, que provenía de la ganadería de Bernardino Jiménez -encaste Villamarta- y de un toro Ratonero que Miguel adquirió a Vicente Peris, fue rechazado por la madre, criándose a biberón durante los primeros días hasta que fue acogido por una vaca de nombre Violeta. El padre, que llegó con pocas esperanzas de vida a la finca de Lucas, acabó por recuperarse y dando muy buena descendencia, entre ellos, a Ratonero.

Comenzó a destacar siendo apenas un novillo, especialmente en los pueblos de alrededor, caso de La Montalba, donde las dos veces que se sacó, se escapó; o en La Barona, donde su fama alcanzó grandes cotas al romper dos cabirons nada más salir. También en Vall d'Alba o en el barrio Texas de Vall d'Uixó, donde realizó una destacada actuación en el asfalto. Tal fue el interés que despertaba Ratonero, que sus exhibiciones se multiplicaban. En una de ellas, en Vila-Real, llegó incluso a saltar al tendido a por un hombre que lo citó con una caña, llegando a alcanzar a un señor de Almassora el cual, cuenta la leyenda popular, dijo sentirse «orgulloso de que le cogiera el Ratonero». Su única embolada fue en Borriol y sucedió por insistencia de los aficionados y porque el ganadero, según narra, no tenía ningún otro toro para embolar en ese momento. Tal era el miedo que sembraba, que fue el propio Miguel Vilar el encargado de cortarle la cuerda.

Alrededor suyo crecieron otras leyendas, como fueron las de Coconero y Espejo, seguramente los que mejor entendieron a Ratonero. Grandes especialistas en el banco, sabían exprimir la bravura y la codicia del toro en dicho obstáculo. El primero de ellos se retiró la misma tarde de la última exhibición de Ratonero, que tuvo lugar en la plaza de Torreblanca.

Era un toro pegador y que rompía los barrotes con una facilidad asombrosa

Cárdeno caribello, abierto de cara, sobrepasaba los quinientos kilos, Ratonero era fundamentalmente muy bravo. Era, lo que se conoce como un toro pegador, rompía los barrotes con una facilidad asombrosa, arrancándose de punta a punta de la plaza y sembrando el pánico al llevarse los hierros por delante.

Ratonero fue también un excelente reproductor y pese a que ninguno de sus descendientes ha alcanzado su fama, dio vacas de categoría. Su exitosa vida acabó un 21 de agosto de 1986 debido a una enfermedad provocada por las caparras. Pero su leyenda sigue muy presente. Larga vida a la bravura.

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