Leyendas de la calle

Modesto, de Villamalur, una saga centenaria de emboladores

Modesto Gómez padre, embolando un toro en Onda el año 1948./LP
Modesto Gómez padre, embolando un toro en Onda el año 1948. / LP

Sus hijos Modesto y Benjamín, pusieron en valor el arte de embolar los toros

JORGE CASALS

Aunque hay constancia de que el arte de embolar los toros es una tradición centenaria, muy poco se conoce sobre quiénes fueron aquellas primeras personas que se dedicaron a tal menester, y que, generación tras generación, supieron transmitir sus secretos y habilidades. Uno de los emboladores más antiguos que se conoce fue Modesto Gómez, nacido en Villamalur el año 1900. Aprendió de su padre a embolar y acabó convirtiéndose en uno de los emboladores más importantes de la época, dando valor a una faena que muy pocos como él llevaban a cabo con tanta destreza y eficacia.

Su oficio, como el del resto de emboladores de principios de siglo, era el de herrero. Trabaja el hierro y él mismo fabricó sus propios herrajes, de ahí la destreza con este material. A ello hay que añadir el contacto que tenía con los animales, ya que era el encargado de herrar los caballos de trabajo de los vecinos y de los militares. Ello le llevó a adquirir conocimientos de veterinaria.

Modesto se convirtió en un embolador muy popular y prácticamente todos los pueblos de Castellón y Valencia solicitaban sus servicios. Cargaba en el macho las alforjas con los herrajes y la soga, y acudía a los pueblos colindantes a pie, incluso a la localidad valenciana de Puçol, donde era muy solicitado por su buen hacer y donde acudía siempre con mucha ilusión, a pesar de la dureza del camino.

Benjamín Gómez, en una de sus emboladas.
Benjamín Gómez, en una de sus emboladas. / LP

Su afición la heredaron sus hijos Modesto y Benjamín Gómez, que se convirtieron en dos grandes, toda una referencia del toro embolado. Nombres ilustres cuando se habla de este oficio, al que dedicaron mucha pasión y por el que pusieron sus vidas en juego tantas y tantas veces. Aprendieron todo de su padre: la técnica, las buenas costumbres, la fórmula secreta para la elaboración de las bolas, las artimañas para los toros marrajos… En un principio ambos embolaban juntos en la misma cuadrilla, pero los distintos caminos personales que eligieron en sus vidas acabaron separándoles, formando cada uno su propia cuadrilla. Modesto se marchó a vivir a Torrent y Benjamín a L´Alcora, pero nunca se despegaron de sus raíces, ni se llegaron a distanciar entre ellos, ya que se ayudaban el uno al otro cuando se requería.

Con ellos acabó, de momento, esta saga de emboladores. Benjamín falleció de manera repentina en 2016 a los 69 años de edad y se llevó a la tumba con él el secreto de cómo elaborar las bolas y que no desveló a nadie jamás. Y es que ambos hermanos heredaron de su padre una fórmula secreta con la que conseguían que las bolas duraran una hora, de vivaz llama y sin goteo, algo que agradecían mucho los ganaderos. Lorena, la hija de Benjamín, todavía conserva en casa los últimos dos pares de bolas que elaboró su padre y que guarda como un gran tesoro. Ahora, la cuadrilla de emboladores de Villamalur lleva su nombre. Modesto Gómez, el hermano mayor, falleció en junio de este año a los 83 años y con él se pone punto y final a una de las sagas de emboladores más emblemáticas de la Comunidad Valenciana.

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