Fervor por las 'corregudes de joies'

Un jinete y una amazona en pleno galope, ayer en la playa de Pinedo. / j. j. monzó
Un jinete y una amazona en pleno galope, ayer en la playa de Pinedo. / j. j. monzó

Pistoletazo de salida a los tres días de competición sobre la playa de Pinedo | Doce aspirantes se baten con caballos españoles para preservar una tradición valenciana de 180 años de historia

M. GUADALAJARAVALENCIA.

Desde el Perellonet, Albal, Malvarrosa y hasta de Catarroja, llegan los participantes poco después de las seis de la tarde. Empiezan a bajar los caballos bajo la atenta mirada de veraneantes, turistas y vecinos que pasan en dirección al paseo marítimo de la playa de Pinedo. Los ejemplares son esbeltos y fibrosos. Desfilan españoles, ingleses y alguno mixto. Hasta doce caballos de los doce aspirantes que se batirán minutos más tarde en la arena a pie de playa.

De la huerta a la playa y de los caballos de labranza a veloces ejemplares entrenados para correr. Más de 180 años han dado para transformar una competición valenciana que lucha por perdurar. «Queremos darla a conocer, por eso hace seis años creamos la asociación, para no tener que depender de las fiestas del pueblo y poder garantizar su vigencia y celebración», comenta el presidente y organizador, Paco Sáez. Así, aunque de fondo ya no estén los campos sino los bañistas y el sonido de las olas del mar, las corregudes de la joia, año tras año, no han dejado de perder su espíritu.

El pistoletazo de salida a tres jornadas de competición, se dio ayer pasadas las siete de la tarde. Mientras los organizadores, junto a la colaboración de la Policía Local, disponían todo lo necesario para las carreras, los curiosos y algunos seguidores empezaban a llegar abarrotando la zona junto a la Creu de Conca. Expectantes, preguntaban la hora de inicio, mientras los más veteranos cargaban con sillas para poder verlo con toda comodidad.

El pañuelo de seda es el premio que antes se regalaba a la amada, ahora son ellas las que ganan

«No hay premio, ni recompensa porque nunca lo ha habido, los antiguos lo hacían para exhibir los caballos; hoy en día se realiza igual», explica Sáez. El objetivo es ser el más rápido y quien conseguía serlo, se ganaba la 'joia': un pañuelo de seda del color que escogía el ganador. Según algunos historiadores, los jinetes ofrecían el pañuelo a la mujer amada. Ahora son ellas las que cabalgan, incluso algunas de ellas, con tan sólo 14 años y a lomos de un caballo sin ensillar, son las participantes más jóvenes.

Esta centenaria tradición está muy arraigada a la agricultura y muchos de los participantes así lo sienten, como el propio Paco Sáez, que relata la historia de su propia familia: «Hubo una época en la que de Valencia salieron los mejores jinetes del país, mi tío fue uno de los famosos competidores». Ayer, las seis carreras, sirvieron para «testar a los caballos, conocer su forma física y asignar las parejas para que todos puedan correr con una pareja en igualdad de condiciones», señalaba el presidente de la asociación. Por el momento, consiguen los puntos que acumularán hasta el final de la competición, y no será hasta el día 14 cuando se conozca al vencedor.