Una década al lado de los desamparados

La fundación impulsada por la Archicofradía de la Virgen se dedica a ayudar a personas con enfermedad mental grave y en riesgo de exclusión | La entidad, que dispone de tres viviendas tuteladas, aspira a contar con un centro nuevo para integrar servicios

ISABEL DOMINGO VALENCIA.

«Promover la sensibilización de la comunidad cristiana, de la sociedad y las administraciones en general para 'conmover' y mostrar [...] que los enfermos mentales pueden vivir en la comunidad si les acompañamos en el camino de su integración y tratamiento». Es uno de los objetivos que marcan el espíritu de la Fundación Mare de Déu del Innocents i Desamparats, conocida popularmente como Maides, y cuyos recursos se centran en la atención a enfermos mentales y en riesgo de exclusión.

«Están perfectamente capacitados para desarrollar cualquier actividad. Son personas que, con una correcta medicación y los controles necesarios, pueden llevar una vida normal», remarca el director de Administración de Maides, Vicente Gallego, una de las personas que componen el equipo de veinte profesionales de la entidad que cumple ahora diez años.

A esa cifra hay que sumar los voluntarios, «personas que siempre hacen falta, especialmente para los acompañamientos», cuenta Gallego al tiempo que invita a los valencianos a realizar el curso de voluntariado para luego poder ayudar a la fundación.

Ese es precisamente uno de los retos de futuro que se marca esta fundación canónica que se constituyó en octubre de 2008 -aunque la actividad no empezaría hasta unos meses más tarde- de la mano de la Archicofradía de Nuestra Señora de los Desamparados, Cáritas y los Seguidores de la Virgen con el objetivo de continuar la labor de estas entidades iniciada, en el caso de la Archicofradía, hace más de 600 años. También forma parte de su patronato la corte de honor de la Virgen.

Desde entonces, han ayudado a un centenar de personas a través de los tres programas de atención que tienen y que se van enlazando. El primero que surgió es 'Las Vilas', que ofrece asistencia durante las 24 horas del día y cuenta con dos viviendas tuteladas: 'Vilablanca' para hombres, en Godella, y 'Vilafarell' para mujeres, en Burjassot, con siete plazas cada una. «Están adaptadas para ser mixtas pero preferimos esa separación por cuestiones prácticas y de comodidad de los participantes», explica el portavoz de la entidad.

En ellas se intenta «consolidar las habilidades que tienen y enseñarles a que puedan ser autónomos en su día a día». Para ello, Maides tiene un equipo de cinco educadores por vivienda, a pesar de que la ratio fijada por la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas está en tres. Tanto esta conselleria como la de Sanidad tienen convenios de ayudas con Maides.

Un máximo de dos años

En cualquiera de estas dos viviendas tuteladas, los usuarios pueden permanecer hasta un máximo de dos años, «tiempo en el que entendemos que ya pueden vivir solos». Si no es así y aún necesitan algún tipo de apoyo, pasan a 'Siquem', que es otra de las viviendas que tiene Maides aunque, en este caso, sólo con dos educadores y con un seguimiento profesional de entre ocho y diez horas. Esta vivienda está situada en Moncada.

De este línea de actuación se pasa al Programa de Acompañamiento Domiciliario (PAD), que incluye las denominadas «unidades de convivencia» para grupos de dos o tres personas, que viven de forma autónoma supervisadas por un educador. Aquí los pisos «se costean con lo que aportan los propios participantes o con las ayudas de la sociedad». Entre las muchas acciones que se hacen, por ejemplo, figura la de hacer un seguimiento semanal del presupuesto del que disponen para los gastos del hogar.

Porque gestionar esos desembolsos, ir al banco, hacer la compra o acudir al cine son actividades «que puedan realizar perfectamente ellos mismos», insiste Vicente Gallego, que desgrana que estos dos programas atendieron el año pasado a 22 y 40 personas, respectivamente.

Y el tercer programa, denominado de Atención y Sensibilización Comunitaria, se puso en marcha gracias a la Archicofradía, que es quien sufraga los gastos. Está pensado para, «en coordinación con otros recursos socio-sanitarios, en este caso de los municipios de Godella y Burjassot, ayudar a aquellos domicilios donde hay personas con enfermedad mental grave», detalla Gallego. Desde un acompañamiento terapéutico hasta talleres.

Retos de futuro

Con este horizonte Maides ha alcanzado los diez años, «siempre intentando ayudar a los más desamparados, ya que deben interrelacionarse con la gente, con la sociedad y llevar una vida normalizada», añade el portavoz de la fundación que lamenta que hoy en día aún siga existiendo el estigma de la enfermedad mental «por el miedo que provocan los síntomas o la imagen irreal que tenemos de estas personas».

Entre los retos de futuro, además de aumentar el número de voluntarios, Maides tiene anotada «una utopía»: contar con un centro nuevo y propio, ya que las viviendas que tienen responden a donaciones. «Un centro de referencia», resalta Vicente Gallego.

Se suman también la consolidación del concierto con la Conselleria de Igualdad para que se reconozcan las dos viviendas de 'Las Vilas' como pisos de 24 horas y, por tanto, puedan optar a más ayudas. También el crecimiento en el programa de acompañamiento domiciliario para que el que necesitan más fuentes de financiación.

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