Carpesa se reinventa y apuesta por el toro cerril

Un joven, ante un astado en Carpesa. /David Sánchez
Un joven, ante un astado en Carpesa. / David Sánchez

La Peña El Carpesano celebra su 40 aniversario | Tras vivir tiempos difíciles con el veto al bou embolat, la fiesta vuelve a latir en la pedanía con dos astados de Javier Gallego

JORGE CASALSVALENCIA.

La fiesta de bous al carrer ha vuelto a latir con fuerza en Carpesa. Esta pedanía de Valencia, que ha vivido estos últimos años desalentada por el veto del bou embolat, se ha visto reavivada este pasado fin de semana con la exhibición de dos toros cerriles que conmemoraban el 40 aniversario de la Peña Taurina El Carpesano y que han supuesto todo un revulsivo. Y es que este municipio, de tanta adoración a las ganaderías autóctonas y sobre todo al bou embolat, ha tenido que reinventarse para estimular a unos aficionados que se sentían desilusionados y desmotivados por la déspota medida del Ayuntamiento de Valencia de prohibir, en la capital y sus pedanías, lo que ha sido siempre el espectáculo insigne de Carpesa: el bou embolat. De ahí, la apuesta por los toros cerriles, por esa vertiente que ha calado de tal manera, que la fiesta taurina ha vuelto a rebrotar con mayor fuerza si cabe y los aficionados se han rearmado de ilusión y esperanza para que perviva la llama taurina y seguir en la incesante lucha para que vuelvan a correr por sus calles los toros embolados.

El motivo tenía aires de celebración. La Peña Taurina El Carpesano celebraba sus 40 años de existencia, por lo que la programación tuvo como atractivo principal la suelta de dos toros cerriles de la ganadería de Javier Gallego, algo insólito hasta la fecha en este municipio. Solo el viaje para adquirir los astados supuso un gran aliciente para los peñistas. La expectación, por las nubes. Y por fin llegó el día, en la segunda y última jornada de las fiestas, el pasado sábado 20 de julio. La suelta de los dos toros de Javier Gallego arrastró toda una serie de detalles que le dieron categoría e importancia al festejo. Toda una puesta en escena de lujo. La arena, no de playa, bien tirada y pisada por toda la calle Cristóbal León, conocida como 'l'entrà de Carpesa', en su justa medida para que toros y recortadores se puedan lucir. No faltó la entrada de los cajones tirados por los rocines de la huerta, acompañada por el tabalet y la dolçaina, que le pusieron música a las 'albaes' de temática taurina. Bonito y emotivo maridaje de las costumbres valencianas más populares.

Abrió la tarde 'Soñador', un astado que tuvo movilidad y ofreció un juego entretenido. Y cerró el turno 'Polainas', que tras una salida fría, tuvo un comportamiento a más, con el detalle de buscar, siempre de manera descarada e inusual, a los valientes subidos a las clásicas rejas de las casas. El broche lo puso Fernando Machancoses con cuatro vacas y un toro. Y es que esta conocida ganadería no podía faltar a esta cita después del enorme vínculo que siempre ha mantenido con esta localidad, en la que fue santo y seña de muchas de sus fiestas, y en las que nunca se privó de ofrecer la flor y nata de su vacada.

El bou embolat

La relación de Machancoses con Carpesa viene dada por Toni 'El Sereno' y Ramón 'El Embolaor', miembros de la Peña El Carpesano y en su momento emboladores muy vinculados a la ganadería, tal es así que conocían el ganado tanto como sus propietarios. Toni y Ramón alentaron la afición de embolar toros. A su jubilación fueron los propios miembros de la peña los que, en diferentes turnos, hacían todas las labores de emboladores, aunque las bolas eran facilitadas por Fernando 'El Rallat', de Puçol. Los vecinos esperaban siempre la embolada, que era el momento mágico del día. El bou embolat ha sido en Carpesa una de sus señas de identidad. Hasta que en 2016, el alcalde de Valencia lo prohibió. Aquellas fiestas de julio todavía se embolaron toros en Carpesa, los últimos. Y hasta entonces. La reivindicación ha sido constante. Muchos balcones se visten con una pancarta reivindicativa: 'Carpesa es taurina, sí al bou embolat'. «Nos mataron con esta sentencia», asegura Jorge Andrés 'El Forner', presidente de la peña El Carpesano. «No hay otro espectáculo en Carpesa que lleve tanta gente como el toro embolado. No entendemos cómo en poblaciones cercanas como Foios, por ejemplo, donde también gobierna Compromís, se respeten estas tradiciones y en las pedanías de València no. No sé si volverá el bou embolat, pero seguiremos luchando, queremos llegar hasta el final aunque sea por vías legales. Iremos a por todas», asegura en tono reivindicativo El Forner.

Mientras siguen las lanzas en alto, los toros cerriles y la calidad del ganado autóctono han revitalizado la esperanza en Carpesa, que sigue siendo taurina a pesar del 'apagón'.

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