La 'calle del miedo' de Petrés, un escenario para valientes

Expectación. Una imagen que define de pleno la idiosincrasia de la 'calle del Miedo'. / chesco
Expectación. Una imagen que define de pleno la idiosincrasia de la 'calle del Miedo'. / chesco

El antiguo 'carrer Cavallers' tiene tan solo 50 metros de largo, una distancia en la que se cruzan con emoción toro y recortadores | Arcadio Albarrán y Adolfo Martín, los hierros que podrán verse en el emblemático recinto

JORGE CASALS

valencia. Petrés vuelve a estar de moda. El atractivo cartel que ha dado a conocer la 'Comissió de Bous' para sus fiestas ha vuelto a poner en boca de todos los aficionados a este pequeño municipio del Camp de Morvedre. Se ha anunciado para la primera semana de agosto un toro de Adolfo Martín y otro de Arcadio Albarrán, dos ganaderías que gozan del respeto y la admiración de los aficionados, además de otros festejos y atractivos con ganaderías autóctonas como protagonistas. Un cartel de auténtico lujo. Categoría máxima con dos hierros de primer orden y tan esperados entre la afición. Y es que Petrés ha sido en las últimas dos décadas escenario de grandes acontecimientos revestidos de lujo. Pero no solo. A la categoría, la cantidad, calidad e imaginación en los carteles confeccionados, hay que sumar un gran aliciente innato: su recinto, considerado como uno de los emblemáticos de las fiestas de bous al carrer. No en vano, la calle principal, que es de donde salen los toros, se conoce popularmente como la 'calle del miedo'. Un apelativo ganado a ley por sus características, que hacen que sea un lugar reservado solo para los más valientes, impregnado de verdad, autenticidad y pureza donde nada se puede dejar en manos del azar.

Hablamos de la calle Sant Jaume, antiguamente denominada 'carrer Cavallers'. Tan solo 50 metros de largo y los justos, yo diría menos de lo necesario, para que se crucen en ella toro y recortador no sin un suspense inescrutable donde la suerte juega un papel trascendental, vital. Un marco repleto de sensaciones y emociones a flor de piel, donde el ritual de burlar al toro se convierte en una angustiosa espera de inquietud y escalofrío, donde los desenlaces siempre están al filo de la tragedia. La vida o la muerte, a centímetros. Sobreponerse a todo ello, superar ese trance que intimida y encoge el corazón, sólo está al alcance de muy pocos valientes que saben dialogar con el miedo. Incluso pisar la calle Sant Jaume como mero espectador, es un acto de atrevimiento. Te atenaza su extrema estrechez, sus sombras, sus balcones repletos de curiosos, sus antiguas rejas valencianas de hierro forjado cuyos dibujos permiten subirse en ellas con facilidad no sin la ayuda de palets, abarrotadas de los que quieren ser espectadores de primera de todo cuanto se cuece en la 'calle del miedo' y a los que poco les importa la inseguridad de agarrarse al cable eléctrico. Cada año, los mismos rostros de fieles espectadores que, sin norma escrita, tienen guardado su sitio. Todo vale la pena solo por ser uno de los pocos testigos que tienen el privilegio de presenciar un momento tan esperado como desafiante.

El verdadero mérito lo tienen los rodadores. Uno de ellos, Camarelles, es toda una institución en este pueblo. Su presencia ya forma parte del decorado de esta 'calle del miedo'. Desde principios de 2000, desde el salto cualitativo de estas fiestas, todos los años, todos, ha parado al menos un toro de salida. Es todo un espectáculo verle aguantar impávido hasta el último suspiro, con su entrega desnuda. Pura autenticidad. Protagonista de momentos que han arrancado ovaciones cerradas con todo tipo de toros. Sin ayuda de ninguna chaqueta -nunca fue su compañera en este viaje-, confiado plenamente en sus facultades y su veteranía, consciente de no tener espacio para rectificar. Hasta de espaldas se atrevió a quebrar en una ocasión. Se le respeta. Tiene el privilegio, ganado a pulso por antigüedad y méritos, de elegir cada año el toro que quiere parar. Este 2018 lo hará frente al de Adolfo Martín, ya que los hierros complicados siempre le despertaron mayor interés. El popular rodador de Faura asegura que pese a todo, es uno de los sitios donde más a gusto se siente: «Siempre estoy muy tranquilo porque no hay nadie que te moleste a tu alrededor. Estamos solos el toro y yo, y eso me encanta y lo disfruto. He vivido grandes momentos en esa calle y mi ilusión sería algún año, parar uno de Cuadri. El día que lo consiga, me cortaré la coleta».

El ritual de burlar al toro se convierte en una angustiosa espera de inquietud y escalofrío Incluso pisar la calle Sant Jaume como mero espectador, es un acto de atrevimiento

El Espejo, Carlos Alonso, Kike de Faura o Ramón Bellver 'El Blanco' han sido otros de los habituales en esta calle. Especialmente emocionante fue ver a El Blanco en su época de esplendor, no sin algún que otro susto que no llegó a tener consecuencias graves. Aún en la retina está un 'quiebrazo' a un victorino. Así define el de Massamagrell a este emblemático recinto: «Se viven sentimientos especiales. Es un rincón de arte, de miedo y de respeto, donde los grandes rodadores han medido su valía, donde la oportunidad es única, donde no hay momento para la duda. Se estrecha tanto el cerco, que allí, solo hay cabida para el valor y la verdad. Por eso, la hora del toro en Petrés, es la hora de la verdad para todos aquellos que deciden entrar en la 'calle del miedo'».

La calle San Jaime desemboca en la plaza de la Iglesia de San Jaime, coronada por cadafales a su alrededor y en el centro, lo que la convierten en el lugar ideal de todo el recinto para poder presenciar el festejo. También allí se complica la actividad para los recortadores en un recinto donde casi toda la defensa la tiene el toro. En la plaza el ambiente es más relajado y festivo, lo que invita a degustar también la gastronomía típica, Y es que una buena tarde de toros siempre va acompañada de una merienda, en esta ocasión, en la 'Sociedad recreativa unión petresana', donde se disfruta de ambas aficiones.

Recuerdos

A finales de los año 90 y principios de este siglo, Petrés dio un impulso a sus fiestas apostando por los toros cerriles, gracias a una comisión de grandes aficionados a la cabeza en la cual se encontraba Vicente Sanchis, que estuvo durante quince años de presidente y que, con la siempre incondicional ayuda de Javier Villanueva 'Villa', ahora conocido veedor de toros para las calles -allí demostró su capacidad para ejercer la que ahora es su profesión-, lograron darle fama y reconocimiento a esta localidad situada a la vera de Sagunt. Un revulsivo. En el recuerdo, tardes importantes como la de los seis toros de seis divisas distintas en 2002, con un destacado toro de Félix Hernández, o el gran juego que protagonizó un encastado coquilla de la ahora ya desaparecida ganadería de Jesús Pérez Escudero, conocido popularmente en el ambiente taurino como Chuchi el Coriano, un toro de Guardiola, Victorino... Y quien nadie olvida es la expectación que hubo el año 2012 al acartelar a un toro de encaste Santa Coloma de la ganadería de Adolfo Rodríguez Montesinos, que llenó Petrés hasta la bandera tanto por la tarde como por la noche. Un toro de 640 kilos de nombre Corbatero. Días antes, el propio ganadero estuvo presente en la localidad como conferenciante, ya que los actos culturales -charlas exposiciones...- eran otras de las actividades que no faltaban en la semana taurina.

Ahora, de la mano de la presidenta Merche Roca y los 18 componentes de esta comisión, Petrés vuelve a resurgir del 7 al 11 de agosto con sus tradicionales entradas de vacas, ganado autóctono, emboladas y como novedad, un encierro con seis toros. Y todo, con el aliciente de la 'calle del miedo'. Solo para valientes y atrevidos. Conocerla, vivirla y sentir su respeto, es tradición obligada para los aficionados.

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