Cali, bravura al alza

Una de las vacas de Hermanos Cali embistiendo hasta el final. /FRANKY
Una de las vacas de Hermanos Cali embistiendo hasta el final. / FRANKY

El origen de la ganadería son treinta vacas de Benavent y dos toros de La Paloma, Espoleto y Moro | Los hermanos Raúl y Carlos Belda apostaron en 2009 por la mejor simiente para su sueño

JOSÉ IGNACIO GALCERÁ

En el año 2005, Raúl y Carlos Belda iniciaron su sueño ganadero bajo la denominación de Hermanos Cali. El punto de partida no era sencillo, había que empezar de cero, así que arrancaron con la adquisición de los primeros terrenos en Moixent, la localidad natal de ambos. Allí, donde creció su pasión por el toro, quisieron volver para emprender un viaje que más de una década después está viendo sus frutos traducidos en los primeros éxitos. A apenas seis kilómetros de esta localidad del sur de la provincia de Valencia se sitúa la finca La Soñada, una extensión de terreno de 800 hectáreas que tiene todo lo que debe de tener una finca de bravo. Un lujo para la crianza de los animales. Muy cerca de allí aparece el embalse El Bosquet, un precioso lago artificial creado en 1770 para retener las aguas fluviales y de manantial para regar las huertas y hacer trabajar los molinos de la villa y cuyo entorno natural fue declarado en 1997 Bien de Interés Cultural. Divida en quince cercados, la finca posee una coqueta plaza de tientas, amplios corrales, almacenes para la comida y las herramientas para la labranza y el trabajo diario, un pozo y dos viviendas, una de ellas habitada por Carlos, que vive durante todo el año, y la otra para Raúl, que pasa aquí varios meses al año. La finca es de regadío, tiene monte y superficie forestal y lindando a ella hay pasto para las 170 cabezas de ganado que a día de hoy conforman la ganadería.

Los primeros animales llegaron a La Soñada a finales de 2009 y comienzos de 2010. Hasta ese momento, los hermanos Belda quisieron adecuar y acondicionar la finca, un trabajo que les llevó algo más de cuatro años. Sin dar un paso en falso y con las ideas claras, adquirieron un lote de treinta vacas a Benavent, de las cuales un porcentaje muy alto procedía de Nadal Mas, y dos toros de la ganadería de La Paloma. A ello añadieron una pequeña punta de vacas de Benito Mora. Así pues, los mimbres no pueden ser mejores. Buscaron en el origen, en el ganado autóctono valenciano y apostaron por dos ganaderías instaladas en la cima desde hace muchos años. El tiempo les está dando la razón.

«Las dos ganaderías han sido siempre de nuestro gusto, son una referencia y fuimos a buscarlas porque creemos ciegamente en que eran lo mejor para iniciar este camino», reconoce Raúl Belda. En esa compra inicial han tenido especial relevancia en el devenir de la ganadería los dos toros de La Paloma que entraron en el trato: Espoleto y Moro, siendo muy significativa la descendencia que ha dejado este último. «Con estos dos toros cruzamos todas las vacas de Benavent y acertamos de pleno», confiesa el ganadero antes de continuar: «Moro es un toro del año 2008, ha estado cuatro años seguidos como semental y la mayoría de animales destacados vienen de él». Se refiere Raúl a vacas como Podadora, Bayoneta, Ballestera, Amapola, Sargenta y Lancera; o toros como Tabaquero, Fallero, Capricho, Bordador o Clavellino, todos ellos excelentes animales que están ayudando a aumentar el prestigio de la ganadería. Tampoco cabe olvidar en este punto vacas como Jardinera o Clavellina, descendientes de Espoleto, ni a Chula o Reinosa; o astados como Escritor y Bailarín. De entre todos ellos, se detiene el ganadero en Mohicano, un toro en el que la ganadería ha fundamentado muchos de sus triunfos. «Este toro lo tenemos en casa desde becerro y viene de La Paloma. Nos ha dado mucho nombre y ha tenido grandes actuaciones. Si Moro es bravura y se emplea a fondo, lo de Mohicano es todo cabeza, es muy listo. Ambos son grandes toros pero también muy diferentes», señala.

«Queremos animales que no se frenen, que tiren para adelante; buscamos la entrega hasta el final»

El otro pilar en el que se sustenta parte del éxito de la ganadería es en un criterio de selección muy definido y un concepto de bravura muy claro. «A veces soy demasiado exigente en la selección», apunta de primeras Raúl, que en este sentido añade: «Menos mal que está mi hermano también y él me frena en muchas ocasiones. Esto cuesta mucho de mantener, hay muchos gastos y mucho sacrificio. Yo reduciría en animales, pero él me dice que los deje porque en uno o dos años puede cambiar la opinión que se tiene en un momento determinado. Y a decir verdad acierta en bastantes ocasiones, sobre todo en las vacas. Las probamos en casa y yo por ejemplo algunas las quitaría, pero él por reata es partidario de aguantarlas. El tiempo le ha dado la razón porque cuando han estado para participar en algún lado han funcionado y ha sido hasta muy buena». Al hilo de esto, le preguntamos si existen muchas diferencias de criterios entre ambos hermanos. «No tenemos muchas, buscamos lo mismo. Creemos que si el concepto de bravura que tenemos nos gusta a nosotros, estamos convencidos de que gustará a los aficionados. Por encima de todo queremos que los animales que toquen obstáculos lo hagan de forma continuada, que suban, bajen y vayan hasta el final. No queremos a un animal que suba a un obstáculo y se quede plantado como si lo hubiese hecho toda la vida. Queremos animales que no se frenen, que tiren para adelante; buscamos la entrega hasta el final», afirma.

La búsqueda de la bravura es, según el ganadero, una cadena, ya que influye desde la selección, la alimentación, el terreno en el que se crían los animales... En la finca de los hermanos Cali es clásica la estampa de las vacas y los toros pasturando por el monte. La dureza del terreno forja el carácter. «Tengo la impresión, aunque puedo estar equivocado, que los animales de aquí mantienen esa bravura cerril porque están muy libres. Aquí las vacas y los toros no están encerrados en cercados en los que mantienen un contacto muy directo con las personas. Todas las vacas crían por el monte y si paren se da el caso que hasta diez o doce días después no ves ni a la vaca ni al becerro. Nosotros subimos hasta el monte, las repasamos pero ellas no bajan». Esta circunstancia tiene su parte positiva, pero también negativa. «El animal es casi un atleta, las pezuñas están más preparadas, el pelo más reluciente, más astifinos los pitones, las puntas muy marcadas, el fondo que adquiere el animal es enorme... La parte negativa es que una vaca con 500 kilos aquí lo pasa mal. La naturaleza es tan inteligente que el animal se adapta a las condiciones donde vive».

De la calle al campo

La historia de Raúl Belda es conocida por todos los aficionados al bou al carrer. Fue recortador en una época dorada del festejo popular, coetáneo de otros grandes como Ramón Bellver 'El Blanco', César Palacios o Javi Campos. «A mi hermano y a mí nos ha gustado este mundo desde siempre. De hecho, él estuvo un tiempo en la Escuela de Tauromaquia de Valencia pero todo quedó en un intento. Yo le seguía allá donde iba y a raíz de esa época empecé a salir a algunos becerros con diez años. Fui yendo a los pueblos hasta que me dijeron de presentarme a los concursos; hice tres o cuatro y quedé de los primeros y me llamaron para las Fallas. Ahí conocí a Javi Campos y a El Blanco y estuve unos años actuando los concursos». Ahora, aquella pasión, aquel veneno que le inculcaron en casa desde bien pequeño lo ha trasladado al campo. «Cada año que pasa estamos más contentos porque ves que el trabajo va dando sus frutos, ves a algunos animales que te llenan de satisfacción. Este es un proyecto joven. La primera camada que sacamos a las calles con nuestro hierro fue en 2011 pero poco a poco vamos haciéndonos un nombre». El sueño de los hermanos Cali no ha hecho más que comenzar.