Adobero, de Miura, emoción y riesgo en Sant Xotxim

Adobero,  en las calles de Sant Xotxim, escenario de primera categoría. /  J.J. DIAGO
Adobero, en las calles de Sant Xotxim, escenario de primera categoría. / J.J. DIAGO

Fue precisamente en este municipio en el año 1956 donde se corrió el primer ejemplar de esta ganadería por las calles La Vilavella se emociona con un toro para el recuerdo de esta divisa

JORGE CASALS

valencia. La ganadería de Miura está en racha. Con buen bajío, que dirían los propios ganaderos. En la calle y en la plaza. Y es que la semana pasada, con apenas unas horas de diferencia, la mítica divisa sevillana triunfó en dos grandes escenarios de primera: La Vilavella y Bilbao. Dos referencias en lo suyo del mes de agosto, donde sale el toro toro. Un puerto de primera, en ambos casos, en el que marcan diferencias los mejores toreros. Y los toros bravos, como fue el caso de Adobero, que ya ha pasado a engrosar la amplia lista de astados para el recuerdo exhibidos en el clásico barrio Sant Xotxim de este municipio castellonense.

El de Miura abrió las fiestas 'xotximeras' casi una semana después de concluir las del barrio Sant Roc, su eterno rival. Y lo hicieron con una de las grandes apuestas de esta edición, Miura, el plato fuerte de la semana, buscado a conciencia tras ver muy apenados cómo se frustraba una de sus señas de identidad: anunciar un toro de Samuel Flores. Problemas sanitarios han impedido que los toros de esta divisa albaceteña, tan ligada a la historia de esta asociación, corran por las amplias calles de este barrio. Así que la mejor manera de amainar tal desconsuelo era hacerlo con una ganadería de postín, por lo que no hay otra con más solera y leyenda que Miura.

Y cumplió con las expectativas. Adobero, un cinqueño cárdeno muy en el tipo de la casa, huesudo, más amplio de los cuartos delanteros que de los traseros, ofreció un espectáculo de bravura. «Fue muy bueno, según me han informado. Enseguida me llamaron y me contaron todo lo que hizo», asegura su criador, Antonio Miura, que muestra su felicidad por la buena temporada que está protagonizando. «Están saliendo las cosas bien. Se han lidiado buenas corridas en plazas tan importantes como Sevilla, Pamplona y Bilbao, que como son de primera, los triunfos tienen una repercusión especial. En las calles ha habido toros que han gustado mucho», confiesa el menor de los hermanos Miura, en relación a los exhibidos recientemente en Albuixech, Quartell o la Vall d'Uixó.

Adobero se arrancó a todo y con todo, con esa seriedad que imponen los miuras Problemas sanitarios impideron que se pudiera lidiar un ejemplar de Samuel Flores

Adobero fue un dechado de bravura y nobleza a la vez. Se arrancó a todo y con todo, con esa seriedad que imponen los miuras. Se hizo grande en una calle nada fácil. Y se ganó además el respeto de los rodadores. Lejos de lo que se puede pensar, una de sus mejores virtudes fue la franqueza, siendo un toro ideal para los quiebros y rodadas a la larga distancia, a las que se arrancaba con un galope alegre y mejor tranco.

Se da la circunstancia de que La Vilavella fue el primer pueblo donde se corrió un toro de Miura en las calles. Fue en el año 1956. Eduardo Miura, padre de los actuales ganaderos, vendió para los entonces miembros de la comisión Sant Roc el toro Chocero, herrado con el número 25 y que arrojó un peso en canal de 347 kilos. Fue todo un acontecimiento. Todavía se conservan imágenes del embarque del animal en Zahariche, la finca donde pastan en el término de Lora del Río, con algunos miembros de la comisión. La llegada al pueblo del cajón con el toro fue todo un acontecimiento. Después vendrían otros toros más y el debut en Sant Xotxim, rompiendo así con la costumbre de que cada barrio, siempre en competencia por anunciar los mejores toros, tenía sus hierros predilectos y los que acartelaba uno, no lo hacía el otro. Un año, incluso llegaron a coincidir y soltar un toro de Miura en cada barrio. «La competencia es tremenda. Parecen como el Sevilla y el Betis. A nosotros nos han comprado tanto de un barrio como de otro, intentamos estar al margen», matiza Antonio Miura.

Desde Chocero hasta Adobero han transcurrido 63 años en los que la leyenda de Miura sigue escribiendo páginas de oro en la calle y avivando, en la medida de lo posible, la competencia y rivalidad entre los barrios de Sant Roc y Sant Xotxim, separados por apenas unos metros, unidos por la pasión al toro.