Dos hombres y un destino, el Plan Sur

Dos hombres y un destino, el Plan Sur

El ingeniero Gómez Perretta trabajó con el arquitecto García Ordóñez en la desviación del río. Ambos reverdecieron las ideas de Berriochoa

F. P. PUCHE

«Es necesario que se reconsidere este proyecto». Con esas siete palabras se puso en marcha la colosal idea de desviar el cauce del río Turia a su paso por Valencia. Las pronunció Francisco Franco, en Capitanía General, diez días después de que la riada del 14 de octubre de 1957 causara docenas de víctimas y unos 10.000 millones de pesetas de daños. En ese momento, unos 3.000 soldados y otros tantos voluntarios estaban librando en las calles de Valencia la «Batalla del Barro», una operación destinada a retirar algo más de un millón de toneladas de lodo y desperdicios.

Doce años después, en diciembre de 1969, el río Turia desembocó en Pinedo a través de un cauce nuevo, presupuestado en unos 6.000 millones. La frase del jefe del Estado se hizo realidad, hasta convertirse en el proyecto más trascendental de cuantos ha tenido la ciudad desde el derribo de las históricas murallas.

Dos jóvenes técnicos, el arquitecto Fernando Martínez García-Ordóñez y el ingeniero de caminos Claudio Gómez Perretta, fallecido esta semana, tuvieron la suerte de trabajar en los orígenes del proyecto, que no solo desvió el cauce del Turia (Solución Sur) sino que, a través del Plan Sur, cambió el urbanismo, la red de alcantarillado, los accesos por carretera y ferroviarios y permitió la ampliación del puerto hasta el cauce nuevo. Como afortunada secuela, la ciudad, desde 1976, tuvo la propiedad del viejo río y convirtió su cauce en un parque lineal de 110 hectáreas; un proyecto incompleto todavía, como el propio Parque Central. O como la conexión integral de la ciudad con el mar.

Eustaquio Berriochoa

El principal problema de diseño de la ciudad de Valencia era, después de la Guerra Civil, el anillo de más de 200 pasos a nivel que la estrangulaban. LAS PROVINCIAS, en los años cincuenta, hablaba de un «dogal de hierro» que impedía el crecimiento. Para mitigarlo, un ingeniero de caminos vasco, Eustaquio Berriochoa Elgaresta, ideó en 1946, por encargo de sus superiores, un extravagante proyecto: desviar el Turia por el sur y, al mismo tiempo, desviar todas las líneas férreas, que habrían de tener un trazado en paralelo al cauce nuevo, despejando así el territorio. Su superior, Javier Marquina, acogió el plan de Berriochoa con un comentario irónico: «Hombre, Eustaquio, menos mal que no se le ha ocurrido suprimir la ciudad».

Cuando llegó la riada de 1957, el proyecto de 1946 estaba siendo reestudiado, como una simulación teórica, en el destartalado gabinete de Gómez Perretta y García-Ordóñez. Pero fue, además, uno de los muchos papeles que el valenciano Vicente Mortes, director general de la Vivienda, incluyó en la exposición que se improvisó en Capitanía General, el 24 de octubre, para que Franco pudiera ver que la ciudad herida de muerte tenía salidas viables.

Cuando Franco vino a Valencia, la guerra de Ifni estaba causando ya muchas bajas en el Ejército español. Pero nada impidió que el 25 de octubre, tras visitar la huerta inundada y llorar junto a un agricultor damnificado, repitiera plato de la paella cocinada por el restaurante Álvaro. «Me gusta mucho el socarrat», se le oyó decir en Capitanía con buen humor. La noche anterior, también se le había oído decir su 'frase histórica': «es necesario que se reconsidere este proyecto», referida al desestimado proyecto Berriochoa.

Franco le habló a Florentino Briones, director general de Obras Hidráulicas; pero además de cinco ministros estaba escuchando Vicente Mortes, que la incluyó en «Mis recuerdos de la riada» unos apuntes redactados años después. Con todo, el 3 de noviembre de 1957, Martín Domínguez, director de LAS PROVINCIAS, en su serie de artículos «En Caliente», destinada a activar soluciones para la ciudad, escribió de la idea de Berriochoa de desviar el Turia. Ideas que ya habían sido expuestas en el periódico en diciembre de 1947.

Las tres alternativas

La cadena de decisiones empezó a moverse y Gómez Perretta y García-Ordóñez siguieron trabajando en el proyecto, aunque ahora en serio. El 20 de enero de 1958, en el Salón de la Chimenea que hoy es despacho oficial de Joan Ribó, los técnicos expusieron el proyecto detallado de desviación del Turia, con sus tres alternativas, y los ejes básicos del desarrollo futuro de una ciudad y un área metropolitana que cambiaría la trayectoria de sus ferrocarriles y su río. Alterar el curso de la historia costaría unos 5.000 millones, pero había posibilidades de recuperar las inversiones.

José Luis Arrese, ministro de Vivienda, quedó convencido: por primera vez, un ministro del Gobierno habló formalmente de la posibilidad de desviar el Turia. El 24 de enero se creó la Comisión Técnica Especial que puso a trabajar a los dos técnicos bajo el paraguas del Estado. Pasaron intensas semanas de trabajo; hasta que Gómez Perretta y García-Ordóñez tuvieron que alquilar un chaqué para la solemne presentación, en el palacio del Pardo, de los anteproyectos de desviación del Turia.

Franco aceptó la solución más recomendada, la Sur, pero pidió que además se añadiera al proyecto el pantano de Villamarchante, alternativa a usar solo si se adaptaba la Solución Centro, que no desviaba el Turia. Es ahí donde Salvador Aznar Calabuig, padre del hasta hace poco director del Puerto, le oyó decir, esta vez en confidencia a Manuel Cánovas: «Cuidado, que aprobar un proyecto no significa construirlo enseguida».