Fray Antonio de Heredia, un fraile requenense al servicio de Santa Teresa de Jesús

Retrato de Fray Antonio de Jesús. :: jaime lamo de espinosa/
Retrato de Fray Antonio de Jesús. :: jaime lamo de espinosa

El religioso jugó un papel clave en la difusión de la orden de los Carmelitas Descalzos en España aunque su figura ha quedado ensombrecida frente a la santa

DANIEL MUÑOZ

valencia. Este año se conmemora el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, considerada una de las grandes maestras espirituales en la historia de la Iglesia Católica del siglo XVI; y aunque la santa nunca pisó tierras valencianas, su influencia también se dejó sentir en esta región.

Pocos saben que uno de sus más estrechos colaboradores (junto a San Juan de la Cruz) era originario de la villa de Requena, la otrora población castellana, actualmente dentro de la provincia de Valencia. El personaje que hoy nos ocupa es Fray Antonio de Heredia (más tarde conocido como Fray Antonio de Jesús). Nacido en 1510, este fraile tuvo el honor de ser el primer carmelita descalzo, nombrado como tal por Santa Teresa, y primer prior en la fundación del convento de Duruelo (Ávila), el primer cenobio de esta orden. Antes de ello, ya contaba Fray Antonio con una brillante trayectoria como religioso. A los 10 años ingresó en el monasterio de El Carmen de Requena, a los 16 pasó a Salamanca, donde cursó Artes y Teología, y a los 22 se ordenó como sacerdote. Tras esta formación inicial, fue lector en el convento de San Andrés y prior en los de San Pablo de la Moraleja, Requena, Toledo y Medina del Campo.

Su primer contacto con Teresa de Jesús tuvo lugar en 1567, siendo prior del convento de Ávila, cuando la santa fue en su busca para hablar de los pormenores de su reforma y Fray Antonio le prometió ser el primer descalzo. Sólo un año más tarde, Santa Teresa ya había convencido a su segundo seguidor, San Juan de la Cruz. Según recogen algunos relatos de la época, tras esta última conversación corrió la santa a decir a sus compañeras: «Sepan, mis hijas, que ya tengo fraile y medio para mi reforma». Esta frase se ha relacionado con la diferencia notable entre la corpulencia del fraile requenense y la menor talla del santo abulense, aunque algunos dudan de si Santa Teresa se refería con esta irónica frase al tamaño físico o espiritual, en el que San Juan superaba a Fray Antonio.

Sea como fuere, estos dos primeros descalzos fueron enviados a la fundación inaugural de esta orden en Duruelo. Allí se avinieron perfectamente en cuanto a los preceptos reformadores, aunque no tanto en lo referente al camino que debía seguir dicha reforma. Mientras que Fray Antonio era un hombre más predispuesto a la acción, al gobierno y al trabajo, siguiendo el lema del «ora et labora», San Juan era todo espíritu místico y contemplativo, bajo su lema «al todo por la nada». Estas dos versiones se expusieron en el Capítulo de Almodóvar de 1577, en el que se debía discernir el carácter a imprimir en la Reforma. Mientras que Fray Antonio propugnaba la preponderancia de la vida activa, San Juan sostenía enérgicamente el carácter contemplativo de la Orden. No obstante, seguía su compañerismo, como bien demuestra su trayectoria. En el segundo convento de la orden, el de Mancera, Fray Antonio fue prior y San Juan subprior.

Debemos tener presente que en esta época las luchas entre «calzados y descalzos» se agudizaron y Fray Antonio, pese a haber sido prior en Requena y ser ésta su ciudad natal, no consiguió ser profeta en su tierra y el convento de dicha localidad nunca acogió la reforma carmelitana. De hecho, debido a esta pugna, el religioso fue prendido en 1578 por los Calzados en Toledo y tuvo que mediar Santa Teresa de Jesús, a través de una misiva al mismísimo Felipe II, para que el fraile fuese puesto en libertad.

Tras el cautiverio, su salud se vio fuertemente mermada, a tal punto que la santa le escribiría en una de sus cartas: «me alegraré de verle resucitado». Pero este robusto fraile lleno de determinación tenía otros planes. No sólo prosiguió con sus tareas de visitador y definidor de la orden sino que además, sobrevivió a sus dos místicos amigos, estando presente en el lecho de muerte de ambos y administrando los últimos sacramentos a Santa Teresa de Jesús en el momento de su fallecimiento en 1582. Tras una longeva vida, dedicada en su mayor parte a la reforma de la orden del Carmelo, Fray Antonio de Jesús falleció en Vélez-Málaga en 1607, a los 97 años de edad.

El ensalzamiento de las figuras de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz ha ensombrecido la de Fray Antonio de Heredia, personaje clave en la reforma carmelitana y la difusión de la nueva regla por toda España. En este año de conmemoración teresiana, precisamente un ilustre paisano suyo, don Jaime Lamo de Espinosa, se ha encargado de reivindicar la importancia histórica de este fraile requenense, a través de un libro sobre su figura, que será la primera biografía escrita sobre fray Antonio en cinco siglos.

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