Los devotos del Cabanyal acercan los cristos al mar

Devoción. El Cristo del Salvador y del Amparo en su traslado a la playa, donde se oró por los difuntos en la mar. :: JUAN J. MONZÓ/
Devoción. El Cristo del Salvador y del Amparo en su traslado a la playa, donde se oró por los difuntos en la mar. :: JUAN J. MONZÓ

Las hermandades de la Semana Santa Marinera viven su jornada más singular con el popular encuentro de crucificados y el Santo Entierro

CARLOS GARSÁN

La de ayer no fue una jornada al uso en el número 209 de la calle de la Reina. Con los primeros rayos de sol rebotando con fuerza sobre las casas del Cabanyal, decenas de vecinos se reunieron a las puertas del domicilio que este año acoge la talla del Cristo del Salvador. El Viernes Santo comenzaba con uno de los actos más característicos de la Semana Santa Marinera: el encuentro de esta imagen con la del Cristo del Salvador y del Amparo.

Cuando apenas faltaban tres minutos para las 8 de la mañana, los cofrades llegaron con la talla a la puerta principal de la vivienda al son de los aplausos del público y del himno de España, interpretado por la banda que acompañó a los devotos durante todo el paso. Tras una locución, algo más breve que otros años, a cargo de los párrocos de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y del Cristo Redentor, comenzó una emotiva procesión que acabaría con el Cristo del Salvador a orillas del mar Mediterráneo.

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En su paso por la calle Doctor Lluch, incluso los tranvías fueron al ritmo que marcaban los tambores, momento en el que se despidió la talla del Salvador y el Amparo. Prácticamente una hora después de comenzar el recorrido -a las 8:50- y ya pasado el encuentro, el Cristo del Salvador llegaba a la playa. El párroco Jesús Cervera, por su parte, tuvo unas sentidas palabras «por todos los navegantes y pescadores que han perdido su vida en el desempeño de sus labores y, también, aquellos que la han perdido buscando una vida mejor cruzando nuestra frontera sur», relató. Del mismo modo, recordó en su locución a todos los cristianos «perseguidos en el mundo» e, incluso, nombró a países como Siria o Nigeria.

Entre los muchos devotos que acompañaron a la imagen en su camino hacia la playa, estaba Adela Marín, vecina del Cabanyal. Miembro de la Hermandad del Santísimo Cristo del Salvador, con ésta ya lleva tres décadas participando en el encuentro. Para este 2015, como muchos otros, ha pedido salud para todos y, en especial, trabajo para su hija y su yerno. «Lo que se siente por el Santísimo Cristo del Salvador es algo muy especial. Hay muchísima gente que viene solo para ver este acto. Sevilla tiene su Semana Santa, que es preciosa, pero para nosotros esta es la más grande», explicó entre lágrimas de emoción.

Adela es una de los muchos devotos que vigilan la talla en la calle Reina. Apenas pudo dormir cuatro horas la noche previa al encuentro pues, confiesa, estuvo hasta ya pasadas las tres de la madrugada en el domicilio que acoge la talla, obra de José Estellés (1940). Es la casa de José Carabal Bau la que este año custodia la imagen del Cristo del Salvador, que cumple su 75 aniversario. Él es todo un experto en la materia, pues en los últimos seis años ha cobijado en su casa cinco imágenes.

Como curiosidad, este Viernes Santo llegaba con un cambio de carácter tecnológico. No fueron pocos los devotos que sacaron a relucir sus palos para hacer 'selfies' que, entre la multitud, les ayudaban a sacar la mejor instantánea del momento. Otra de la estampas curiosas, aunque ya clásica, fue la retahíla de sillas vacías -unidas entre sí con cuerdas- que desde primera hora de la mañana guardaban el sitio de los muchos vecinos que no querían renunciar al 'front-row' para las procesiones de la tarde.

A los actos de primera hora de la mañana acudieron, entre otros, el concejal de Fiestas, Francisco Lledó; la concejala de Sanidad, Lourdes Bernal; la concejala de Bienestar Social, Ana Albert; el Defensor del Mayor, José Pelegrí, y Carlos Mundina, quien hace apenas unos días tomaba posesión de su cargo como concejal por el Partido Popular.

Una vez finalizado el posterior Vía Crucis, más allá del mediodía, llegó el turno del Cristo del Salvador y del Amparo de ser llevado a la orilla del mar. Este traslado dejó otra de las estampas curiosas del día, pues no eran pocos los bañistas que se veían sorprendidos ante la llegada de los cofrades mientras tomaban el sol aprovechando el día de fiesta.

Santo Entierro

Como no podía ser de otra manera, el Viernes Santo culminó con uno de los actos más importantes, el segundo colectivo, de la Semana Santa Marinera: el Santo Entierro. Miles de personas participaron en una procesión que reunió a las treinta hermandades, cofradías y corporaciones que integran la fiesta, así como al presidente de la Junta Mayor, Francisco Carles, y al arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares. Tampoco quisieron perderse el acto la fallera mayor de Valencia 2015, Estefanía López, o los concejales del grupo socialista municipal Isabel Dolz, Pilar Calabuig y Pedro Sánchez. También, entre otros, estuvieron presentes el teniente general de la OTAN, Rafael Comas; la presidenta de la Asociación de Familiares de enfermos de Alzhéimer de Valencia (AFAV), Juana García; el músico Bernardo Adam Ferrero o la concejala de Comercio, María Jesús Puchalt.

La procesión, que duró aproximadamente cinco horas, es un solemne cortejo que recorre las calles de los Poblados Marítimos como una representación plástica y artística de la Pasión de Cristo: Última cena, flagelación, juicio, sentencia, camino al calvario y muerte. En el Santo Entierro predomina el silencio y el recogimiento, así como las tonalidades oscuras en los trajes de los cofrades, una procesión que recorre las cuatro parroquias que conforman la Semana Santa Marinera.

Más allá de los grandes actos colectivos, la jornada de ayer también estuvo protagonizada por un Vía Crucis muy especial, el de 'Todos los pueblos'. El acto, organizado por el Programa Diocesano de Pastoral con Inmigrantes, suma a devotos de varias nacionalidades -como Ecuador, México o Rumanía- en un recorrido que comenzó en el puente de Ademuz y que, a través del cauce del río, llegó al puente de Serranos. Tras esto, los fieles asistieron a la adoración de la cruz en la parroquia del Salvador y Santa Mónica.