Un reinado que cambia la vida

Laura Caballero (FMV 2011), sus padres, Maribel y Julián, 
su hermana María y la corte. / lp
Laura Caballero (FMV 2011), sus padres, Maribel y Julián, su hermana María y la corte. / lp

Las familias adaptaron sus casas para tener vestidores y llevaron hasta nueve trajes en sus coches para ir a las hogueras de Alicante Los padres de seis falleras mayores de Valencia relatan sus experiencias, anécdotas y dedicación a sus hijas para cumplir con la agenda de actos

LOLA SORIANO

valencia. Marina Civera y Sara Larrazábal han comenzado su sueño como falleras mayores de Valencia de 2019 y ya están llenando sus maletas de vivencias. Será un año repleto de actos y de emociones, una sensación que ya conocen bien las máximas representantes de la fiesta de anteriores ediciones.

Los familiares de seis falleras mayores de Valencia relatan cómo cambia la vida en el seno del hogar de una fallera mayor de Valencia. Así, por ejemplo, Chelo Montesinos, madre de Estefanía López (FMV 2015) explica que «somos falleros de toda la vida, pero el año de reinado conoces la fiesta desde otra perspectiva. Conoces personalidades, indumentaristas y a muchos falleros». Chelo aparcó su afición por los pinceles y la pintura para dedicarse por completo a Estefanía. «Como fue corte infantil, puedo decir que hicimos dos familias, ya que nos llevamos muy bien con los padres de las cortes de 2003 y de 2015».

Como anécdota, indica la logística que tienen que llevar las falleras mayores en citas como las hogueras de Alicante. «Estefanía tenía que estar cinco días en Alicante y tuvimos que meter en el coche nueve trajes de valenciana, más los correspondientes zapatos y los trajes particulares. Recuerdo una imagen de Estefanía dentro del coche y rodeada de trajes». Se llevó a los profesionales que cuidaban su imagen, en este caso el peluquero Carles Ruiz y la maquilladora Diana Rodrigo.

Varias madres pidieron excedencia en el trabajo o ayuda para acompañar a sus hijas

El amor de Chelo por las Fallas es tal, que ahora coordina eventos de desfiles de indumentaria y exposiciones junto con Giorgio Guillot.

Maribel Molina, madre de Laura Caballero (FMV 2011), recuerda que como no vivían en Valencia, tuvieron que adaptar el piso que tenían en Valencia «para que fuera el vestidor de Laura». Durante el reinado contó con un ajuar de 17 faldas y 34 jubones. Tras el año de fallera mayor guardó los trajes, salvo los espolines de la exaltación y la Crida.

Todas las noches preparaban la indumentaria de la mañana siguiente y «venía todos los días la peluquera, Teresa Caballer». Para atender a Laura, su madre optó por pedir una excedencia desde febrero hasta abril.

«Cuando iba a fiestas hermanas de otros pueblos le seguíamos. Nos ha quedado una gran amistad con la corte y con la familia Monzonís-Valero», indica Maribel. Como anécdota, explica que tienen «muchos álbumes de fotos y discos con fotos. Tendremos 3.000 imágenes».

Con la elección de Carla González Hortelano (FMIV 2013) la familia tuvo que trasladar su vivienda de Silla a Valencia. Su madre, Amparo Hortelano, es fotógrafa de profesión, y «después de que Carla recibiera la llamada de la alcaldesa, en un mes y medio no pude acudir a mi estudio y se hizo cargo mi hermana Yolanda».

Los padres, Amparo y David, recuerdan con cariño las jornadas maratonianas «con hasta seis presentaciones en una tarde y junto con los padres de la corte íbamos de un sitio para otro. Parecía un rally».

Tanto su hermana, como su madre, sus amigas Mónica y Belén y las amigas de Silla se volcaron ayudándoles. Su amiga Mónica «llevaba la agenda de Carla. Y me hacía un listado del traje que le tocaba ponerse cada día para no repetirlo en un mismo sector», indica.

Alberto y María José, padres de Ariadna Galán (FMIV 2010) también vivieron un sueño. La madre pidió un año de excedencia en el trabajo para dedicarse en cuerpo y alma a Ariadna «y también le ayudó mucho Maribel, la chica que cuidaba a Ariadna». Y es que fue fallera mayor infantil de Valencia con sólo 8 años, «pero era muy adulta y tenía muy claro su cargo», explica Alberto Galán. Hasta el año de reinado, la familia acudía los fines de semana a la playa de Gandia, pero hubo que hacer un alto en el camino.

Alberto indica que a Ariadna le encanta que le sigan llamando para acudir a actos «porque es una forma de agradecer a los falleros lo bien que la recibieron en su reinado». Ariadna tuvo una agenda llena de actos. «Hay veces que venía a las 3 de la mañana de una fiesta de un pueblo y a las 7 ya la estaban peinando y a veces estaba medio dormida», indica su padre. Además, recuerda con cariño que la casa olía todo el año a flores. También tuvo un gran número de trajes, dieciséis, y «el pasillo se reconvirtió en un vestidor».

En casa de Alicia Moreno (FMV 2016) la primera anécdota se produjo el día de la llamada, ya que su padre siguió el acto vía internet desde Bogotá. «Su padre se puso a llorar y a mi hija Lara le fallaron las piernas de la emoción y cayó al suelo», comenta Nati Morales. Otra curiosidad es que Nati y Julián, padres de Alicia, tenían que ir a la indumentarista para recoger el jubón para la Ofrenda, «cogimos el coche, fuimos al centro, y las calles ya estaban cortadas por la mascletà. Tuvimos que enseñar el DNI y explicar que éramos los padres de la fallera mayor de Valencia para acceder y llevarnos el corpiño que tenía que llevar horas después», comenta.

Alicia también acabó el reinado con muchos trajes, diecinueve, y crearon una gran armariada y vestidor para guardarlos. Además, tienen un bajo lleno de obsequios que tienen pendiente de clasificar.

En la casa de María Donderis (FMIV 2015) también hubo cambios. Se trasladaron de Torrente a Valencia a un piso de 214 metros cuadrados. Como explica su padre, José Donderis, «hacíamos mucha vida en la zona de la cocina y el comedor-salón se reestructuró para hacerlo un gran vestidor con espejos y zona de peluquería».

El padre de María detalla que su mujer, M.ª Ángeles, «se dedicó por completo a la agenda de María para acompañarla a las pruebas de trajes o a la peluquería de Merche Añó».

El padre argumenta que en viajes a fiestas hermanas como Alicante, «nos aconsejaron que lleváramos trajes tanto para la mañana, como para la tarde. Cogimos nueve y alquilamos una furgoneta para llevarlos y la peluquera nos ayudó con su coche para llevar aderezos, maletas y los zapatos de cada traje».

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