La Ciudad Fallera, en peligro de extinción

Cierres. Solar en venta a espaldas de las naves de la Ciudad Fallera y taller de Paco Barea que está en negociaciones para traspasar. / Damián Torres
Cierres. Solar en venta a espaldas de las naves de la Ciudad Fallera y taller de Paco Barea que está en negociaciones para traspasar. / Damián Torres

En año y medio se han vendido cinco talleres y en la actualidad hay cuatro recintos a la espera de un nuevo dueño y otro a punto de enajenarse | La nave de Miguel Ballester se convertirá en un estudio de pintura y otras ya son almacenes agrícolas, de electricidad, de flores y de marionetas

LOLA SORIANO

El barrio artesano de la Ciudad Fallera se está llenado de carteles de 'Se Vende' o 'Se Alquila', muestra clara de la progresiva despoblación de este centro creativo único en el mundo. Los artistas llevan tiempo dando la señal de alarma del peligro, pero ahora son varios los artistas que han colgado el cartel de espacio disponible.

En estos momentos son cuatro los talleres que están a la espera de un comprador; otro cambiará de propietario en julio; y un sexto se ha alquilado con la opción de compra. Y, como explica un artista veterano como José Barea «en año y medio se han vendido otros cinco o seis». Algunos se han transformado en almacenes agrícolas, otros son de decoración floral, de marionetas o para almacén de material eléctrico.

Desde el gremio de artistas son varias las ocasiones en que han solicitado al Ayuntamiento y a la Generalitat que protejan el uso de las naves y a los artistas para que no se produzca una extinción, pero la 'desertificación' va avanzando.

El gremio de artistas lleva años reclamando un plan de usos del polígono para que siga siendo artístico

Uno de los artistas que ha colgado el cartel de 'Se Vende' es Paco Barea. «Yo hace quince años que me jubilé. Mi hijo pequeño estuvo unos años continuando, pero hace cinco lo dejó porque no le veía futuro y se recolocó en una empresa automovilística», explica Barea. Ahora está en negociación para venderlo.

Barea comenta apenado que tiene «piezas de cartón para hacer hasta cuatro fallas y nadie se ha interesado por adquirirlas y se perderá».

El maestro mayor del gremio, José Ramón Espuig, también ha puesto a la venta uno de sus dos talleres de la calle del Foc. «El colectivo está arruinado. Yo no voy a tener más remedio que vender uno de mis talleres, el último que compré».

Espuig reconoce que «el artista que no cierra es porque no tiene otra cosa. A mí en 2017 no me salieron a cuenta las fallas y preciso vender una nave para pasar los cuatro años que me quedan para jubilarme».

Los hermanos Ferrer también venden su taller de la calle de la Marquesa de Paterna. «Ya llevo quince años jubilado. Uno de nuestros operarios estuvo un tiempo continuando la labor del taller, pero al final la tenemos ya tiempo en venta», indica Antonio Ferrer. Añade que les gustaría «seguir la tradición y que viniera otro artesano».

En la calle Vicente Canet, en el antiguo taller de Carretero, también se puede leer el cartel de 'Se Vende'. En la actualidad lo tiene alquilado como segunda nave a Azpeitia, pero el anuncio ya busca futuros inquilinos. «Casi todos los que tenemos hijos en el sector les decimos que se busquen la vida por otro lado», según José Ángel Azpeitia. Y añade que «pagan muy poco tanto por las fallas, como por las carroza. A mi me quedan tres años para jubilarme».

Un caso diferente es el de Miguel Ballester. Este artista cerró el taller hace un año y ahora venderá el próximo mes la nave como estudio para unos pintores. «Me costó mucho tomar la decisión porque aprendí el oficio de mi padre, José Ballester». Recuerda que su predecesor colaboró con maestros como Puche o Regino Mas y que lo fichó una multinacional, Ripley's, para hacer personajes en museos de cera de EE.UU.; Canadá; México o Reino Unido.

Las últimas fallas de Miguel Ballester fueron en Santa María Micaela; Serranos; Corretgería y Avenida del Oeste. Ahora Ballester trabaja en el mantenimiento de un club de tenis y espera hacer colaboraciones con un artista. Estos días está recogiendo fotografías antiguas, «también tengo 300 moldes de personajes que hicimos mi padre y yo del mundo del cine, de la política y del espectáculos y herramientas de gruñir y dibujos que hizo mi abuelo, que era escultor imaginero, y creó vírgenes y cristos tras la guerra para Dolores o San Fulgencio».

Otro ejemplo es el antiguo taller de Mario Lleonart, donde se instaló en diciembre la firma Silu, con un fallero de pro como José Vicente Llopis, de Na Jordana. Llopis se dedicó muchos años al sector del mueble y ha creado una empresa de trabajos de madera y decoraciones. «Estamos haciendo mucha decoración y carteles para artistas falleros, por eso decidimos instalarnos en la Ciudad Fallera y así estamos en el kilómetro cero. Además, también estamos haciendo muchas cajas para que las falleras guarden sus ganchos, moños y peinetas personalizadas con su nombre y hasta la tela de valenciana. Y tenemos demanda para manualidades y estamos creando las típicas cucharas de madera para los restaurantes para que los clientes coman paella de forma tradicional».

Mientras la transformación de la Ciudad Fallera avanza, los artistas han mostrado su preocupación por el futuro del polígono. «Se ha pedido en varias ocasiones que Generalitat y Ayuntamiento estudiaran la posibilidad de adquirir los terrenos que hay a espaldas de las naves para crear más naves y alquilarlas para artistas y ya hay un cartel para venderlo», indica Espuig.

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